Cultura de la Violación, en palabras sencillas
Hablar de cultura de la violación es un hecho que invita a la incomodidad de un tema del que pocos quieren participar. Un discurso "poco feliz", en medio de tantos problemas, un tema delicado del que mejor, no hablar. La realidad es que cada día las víctimas de violaciones sexuales aumentan exponencialmente, niñeces, sobre todo, mujeres, adolescentes, hombres (que elijen callar). El desconocimiento, por efecto o defecto, hace que no interese oír sobre el tema, no obstante, es hora de que hablemos al respecto. Se utiliza la expresión "cultura de la violación" para dar cuenta de un grave problema social en el que la violación sexual es aceptada, trivializada, normalizada, promovida, festejada, aprobada, convertida en broma, meme, chiste, desestimada, descreída, debido a actitudes sociales que refuerzan estas conductas y, también a una justicia que "adeuda la materia perspectiva de género" y que absuelve y libera a violadores, invisibilizando y borrando, así, a las víctimas.
La cultura de la violación admite que una publicidad cosifique sexualmente a una mujer a la hora de vender una gaseosa, porque lo único valioso es mostrar ese cuerpo para ser usado. Se descree de la víctima "ante todo y ante todos: si se trata de ninxs, lxs niñxs, fabulan, imaginan, mienten; si se trata de adolescentes, lxs adolescentes se emborrachan y se pierden, si se trata de una mujer, seguramente provocaba con el escote y con la pollera corta. En la cultura de la violación se niega el hecho porque, si no se ajusta a los estereotipos de violación violenta (con uso de armas y lesiones graves), entonces hubo consentimiento. La cultura de la violación castiga a la víctima "que no se defendió hasta arrancar los pedazos del victimario". Las violaciones de guerra (actual Rusia contra el pueblo ucraniano), son utilizadas por los soldados como crímenes de guerra y naturalizados de modo tal que violar sea tan licito como cualquier otra estrategia de guerra. Se muestra dominación en la violación de niñxs y mujeres en la zona de conflicto armado. La cultura de la violación es una problemática que desde los años 70, los debates feministas venían postulando, al tiempo que, contemporáneamente (1977) Michel Foucault pugnaba por hacer circular una petición de su autoría para legalizar el "sexo con niñxs de 13 años".
La expresión legalizar el sexo, enmascara la idea de legalizar la violación. Rita Segato usa la palabra minoritización para dar cuenta de que llevamos la vida tratando de minimizar el delito. Hacerlo más pequeño, desaparecerlo, naturalizarlo hasta convertirlo en el "No delito". Cultura de la violación es hablar de ella como una de las tantas fantasías sexuales masculinas. Hacer cultura de la violación es leer, sin cuestionamientos, a un Neruda que en un relato naturalizado y de legado patriarcal, confiesa haber violado a la muchacha que limpiaba su cuarto"Confieso que he vivido" (1974). Tres años antes La Academia Sueca le había otorgado el Premio Nobel. La literatura está plagada de violaciones encubiertas o convertidas en castigos merecidos o, raptos románticos. El mito de Perséfone, El Matadero de Echeverría. También escuchar a los Decadentes invitar a Raquel a venir con los muchachos (todos la encaraban en banda)"…te vas a divertir", Babasónicos : la canción "Putita" , expresa: "Hacerte muy putita, tenés que ser de todos".
Esto es fomento de la violación grupal como divertimento posible y lícito. Desobedecer la cultura de la violación es desaprobar comentarios como el de Marcos Caminos (Los Palmeras), quien riendo expresaba: "Colón es como los violadores, cada tanto nos rompen el …" Hacer cultura de violación es NO poner un freno a estas lecturas del delito y seguir naturalizando. No es natural que estas bromas estén siendo festejadas. No debemos normalizar y reírnos de este delito, porque después de la violación llega el femicidio que la última de las formas de violencia en la escala delictiva. Resulta urgente desobedecer lo aprendido, lo naturalizado y, dar otro enfoque, se trata de un epistemicidio, porque como dice Hannah Arendt "ninguna cultura se suicida". Entonces, no trivialicemos. No es No. Fomentar la cultura de la violación es admitir que nos sigan violando. Un cuerpo violado es un NO LUGAR despojado de todo y deja de ser nuestro primer territorio con derechos. "Creo que decir ´violé a una mujer´ es tal cual como decir ´yo torturé personas´; es lo mismo, quiebras y anulas a ese cuerpo, eso no se borra, sólo se aprende a vivir ´a pesar de´. Me encantaría que los delitos de abuso sexual y violaciones sean imprescriptibles, que tengan categoría de crímenes de lesa humanidad. (Ivonne Coñuecar). No es hora de tener miedo, no es época de callar, una intervención epocal requiere levantar el grito y expresar" No queremos ser violadas nunca más". No hagamos fomento de una cultura tan dañina, no quiero un cuerpo diaspórico, quiero uno respetado verdaderamente, UNO que no abandone su tierra ni su lucha solo por NO PODER GRITAR!
Lic. María Lorena Barrera - Magister en Educación. Maestranda en Estudios de las Mujeres y Género



