"Quien no comprende ni experimenta su trascendencia, visualiza a la conversión como un manojo inútil de renuncias y penitencias", señala el padre Rufino Giménez Fines.
En este tercer domingo del Tiempo Ordinario, corresponde la lectura del Evangelio de San Mateo, Capítulo 4, versículos del 12 al 23: "Al enterarse Jesús de que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. 13 Pero no fue a Nazaret sino que fijó su residencia en Cafarnaún, junto al lago, en los términos de Zabulón y Neftalí, 14 en cumplimiento de lo dicho por medio del profeta Isaías: 15 ¡Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al oriente del Jordán, Galilea de los paganos! 16 El pueblo sumido en las tinieblas vio una luz resplandeciente; a los que vivían en país de sombra de muerte, una luz los alumbró. 17 A partir de aquel momento, Jesús comenzó a predicar diciendo: — Conviértanse, porque ya está cerca el reino de los cielos. 8 Iba Jesús paseando por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: Simón, también llamado Pedro, y su hermano Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red en el lago. 19 Jesús les dijo: — Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. 20 Ellos dejaron de inmediato punto sus redes y se fueron con él. 21 Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que estaban en la barca con su padre, reparando las redes. Los llamó, 22 y ellos, dejando en seguida la barca y a su padre, lo siguieron. 23 Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas judías. Anunciaba la buena noticia del Reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias de la gente".
"Aquí vemos – señala el padre Rufino Giménez Fines- la presentación del ministerio de Jesús y la llamada a sus primeros discípulos. A orillas de un lago, Cafarnaún era un hervidero de gente y de actividades comerciales. Situada en los límites del reino de los Herodes, era encrucijada de caminos, culturas y por tanto, de religiones. La profecía de Isaías que hablaba de una luz aportada por el mesías es referida por el evangelista a cosas muy concretas: la propagación del reino hecha por Jesús iba acompañada por gestos de liberación y curación de enfermos… Tenemos a Jesús situado entre los aduaneros, soldados y pescadores. El itinerario de Jesús es recorrer, enseñar, proclamar y sanar a todos aquellos que quisiesen escuchar. Ir a Cafarnaún era para Jesús afrontar el cambio, el pluralismo y, también, la inseguridad. Es allí donde se cumple la profecía de Isaías, dado que ‘el pueblo que habitaba en las tinieblas vio una luz resplandeciente".
"El inicio de la evangelización –continúa Rufino- es la llamada a la conversión y que los valores de Dios reinen, fecunden y enriquezcan el corazón de los hombres. Entendamos que la conversión, muchas veces, genera indiferencia, desata el prejuicio, no es algo que todos esperan y están dispuestos a afrontar… en general, quien no comprende ni experimenta su trascendencia, visualiza a la conversión como un manojo inútil de renuncias y penitencias. La conversión es volver el rostro a Dios, quien nos ama, y nos invita a ser cada vez menos criaturas y más seres humanos trascendentes y por tanto felices. Cuando es auténtica, la conversión es el despertar de una alegría profunda y permanente, relativizando el valor de las cosas materiales, y poniendo en el centro de nuestra vida lo verdadero, liberando nuestra libertad que se encuentra reducida y poseída por cuestiones secundarias y así encontrarnos con Dios, que nos hace ser en plenitud. En definitiva, la conversión es descubrir la realidad de lo que esencialmente somos. Más que un imperativo, es una invitación amistosa de aquel quien nos creó, nos ama, busca nuestra paz y realización".
"Jesús comienza su misión convocando a colaboradores: el reino que él comienza es una construcción colectiva. Es tarea de todos y para todos. Por eso llama la atención la convicción con la que comunica estas cuestiones, y la prontitud con la que responden Andrés, Santiago, Pedro y Juan. Y nosotros, ¿Escuchamos el llamado? ¿Respondemos con prontitud? ¿Estamos abiertos en la mente y en el corazón? Por esta razón, se hace necesario una Pastoral de encuentro con el Señor en la que podamos oír y sentir su llamado, y sea posible la experiencia religiosa. Debemos aprehender la mirada de Jesús que nos hace ver lo que tenemos entre las manos: un tesoro que, de tan maravilloso, nos parece el cuento de fabuladores o gente que ha perdido el juicio… Esta mirada me incluye, por tanto, debo estar loco para unos cuantos. Pues bien, para todos ellos mi misericordia y mi ferviente deseo de que también encuentren la luz. Porque, además, nadie se salva solo. Jesús nos dice: ‘los haré pescadores de hombres’. Hablamos de llamado, conversión, y luz. ¿Cómo no querer compartir la dicha que, además, está al alcance de la mano? Jesús es la luz del reino que viene. Nos llama a la conversión para poder recibirlo, mirar hacia nuestro interior para ir hacia Él y su proyecto. Jesús nos llama a seguirlo con lo que somos, cada uno desde su realidad terrenal, pero igualándonos en términos espirituales. El Señor no es que llama sólo a los más capaces, sino que capacita e ilumina a los que llama, dándoles la Gracia para la misión que les toque: cada ladrillo cuenta", finaliza el sacerdote Rogacionista.



