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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 16/jun/2023 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Si tu organización funciona aún sin ti, ¡eureka! eres un buen líder
Por Fernando Andrioli




Días pasados el club Plaza Italia fue escenario del lanzamiento de Sebastián Abella en nuestra ciudad para lo que serán las próximas elecciones 2023, como cabeza indiscutible de Juntos por el Cambio en Campana. De esta manera, todo haría prever que el actual intendente va en busca de su tercer mandato, luego de su período 2015 – 2019 y su reelección de 2019 que vence ahora en diciembre de 2023.

Como sabemos, la Ley 14.836 dictada durante el gobierno de María Eugenia Vidal y propuesta por el Frente Renovador, impide a los intendentes acumular más de dos mandatos consecutivos; y aunque parecía estar más que claro que su aplicación (como toda Ley) es a partir de su promulgación, para mayor seguridad el 29 de diciembre de 2021 la Legislatura Bonaerense aprobó la Ley 15.315, que en el artículo 4 determina: “Los mandatos de Intendentes, Concejales, Consejeros Escolares, Diputados y Senadores que se hayan iniciado como resultado de las elecciones del año 2017 y 2019 serán considerados como primer período a los efectos de la aplicación de la presente Ley (la 14.836). En el caso de los mandatos que se hubieren iniciado como resultado de las elecciones del 2021, se computará como primer período sólo en el caso que no haya ejercido un mandato inmediato anterior".

Aún así, a finales de mayo el Partido PAIS, cuyo presidente es Oscar Alva, con el patrocinio del constitucionalista Andrés Gil Domínguez, solicitaron a la Corte Suprema de la Nación que declare la inconstitucionalidad de dicho artículo y haga lugar a una cautelar para suspender las PASO (elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) en la provincia de Buenos Aires, lo que dio lugar a dudas sobre la posibilidad de reelección de 91 de los 135 intendentes bonaerenses, que el Procurador de la Nación Eduardo Casal se encargó de aclarar hace unos días; considerando que la Corte Suprema de Justicia no tiene que intervenir. “Corresponde a la justicia de la provincia de Buenos Aires expedirse al respecto, ya que el respeto del sistema federal y de las autonomías provinciales, exige que sean los magistrados locales los que intervengan en las causas en que se ventilen asuntos de esa naturaleza..." explicó el Jefe de los fiscales; quien además sostuvo que “en todo caso el reclamo debería realizarse en la justicia de la provincia de Buenos Aires y eventualmente la causa podría llegar a la Corte Suprema ante las apelaciones que se puedan dar en el expediente".



Volviendo entonces a Sebastián Abella y despejadas las dudas legales, me surge a mi otra gran duda relacionada al liderazgo. Porque más allá que las encuestas son determinantes y le dan una intención de voto al actual intendente muy por sobre otros potenciales candidatos locales, quizás sea este el momento adecuado para delegar el puesto, sin relegar el rumbo.

Pensando libremente esta idea, que me surgió cuando veía las imágenes del lanzamiento de Abella en Plaza Italia, no pude dejar de ligar esta realidad con algunas situaciones del pasado que me han tocado vivir y que nada tienen que ver con procesos electorales pero si de cómo funcionan las organizaciones, hasta las más mínimas.

A mí el Club Plaza Italia me remonta a los tiempos de fútbol infantil, de los torneos escolares que por suerte me tocó vivir y que aún hoy siguen disfrutándose en ese rincón de Campana, hoy tan mejorado en lo que a infraestructura se refiere y con la amplitud de género que con buen tino actualmente concede esta competencia.

Volviendo a mis épocas, corría el año 1977 si mal no recuerdo, cuando me tocó defender la camiseta de la Escuela Nro. 22 de Ariel del Plata. Ese año teníamos un equipo muy competitivo, ya que había un mix de pichones de jugadores que fuimos avanzando partido tras partido. Algunos se destacaban por su tenacidad, otros por su habilidad y otros (como yo) hacíamos lo que podíamos pero empujábamos para el mismo lado. Estábamos realmente muy entusiasmados y las noches de los partidos eran para nosotros mágicas: Nos reuníamos en la casa del entrenador (Tito Coinasky) y desde allí partíamos plenamente motivados todos juntos en la caja del camión que conducía Titi Rodríguez, luego de la charla técnica y anímica en el garaje de la última casa del barrio, frente a la cancha de Ariel.

Éramos un gran equipo: El “Lorito" Enrique que tenía coraje y habilidad, el “Pesca" Gregorio que inteligentemente veía siempre los huecos por donde pasar la pelota, el arquero Leandro Atala que tenía unos reflejos enormes para sacar los tiros más increíbles a corta distancia. Atrás “Tabi" García, el “Cachu" Godoy, Walter Queipo, Elbio Silva, “Pecas" Guete y yo nos turnábamos para complementar el equipo de 5 jugadores y arriba Marcelo Esmoris que era el goleador, pero además el alma del equipo, porque no solo la rompía como delantero, sino que nos ordenaba y también le ponía la chispa de alegría al grupo dentro y fuera de la cancha.

Así, pasito a pasito, llegamos a la final, contra un equipo (la Escuela Nro. 5 del querido Gorgues) al cuál antes le habíamos ganado, no sin dificultad; pero que marcaba un precedente a primera vista favorable. De alguna manera nos sentíamos casi campeones, esperando ese último partido entrenando como nunca, para ese miércoles en donde todo se definía.

Pero ese miércoles llovió, y la ansiada final se trasladó para el viernes siguiente. Y lo que parecería una postergación indiferente que hasta nos daba unos días más para entrenar, nos complicó enormemente, ya que esa noche nuestro jugador estrella y goleador no estaría ya que tenía su viaje de egresados a la Ciudad de los Niños, en La Plata, y por ende no jugaría la final. Para todo el equipo fue un baldazo de agua fría, más que cuándo nos enteramos faltaban apenas unas horas para salir a la cancha. Recuerdo que nuestro técnico, Tito, no nos había dicho nada ya que tenía esperanzas que llegara unos minutos antes del encuentro. Más allá de la ventaja deportiva que otorgábamos al rival, ya que Marcelo era uno de esos jugadores distintos que daba gusto verlo jugar, el verdadero problema era que nunca habíamos pensado ese escenario y su ausencia nos generaba inseguridad. Años más tarde entendería que no fue solo un tema futbolístico, sino algo más profundo relacionado al grupo, que basaba su fortaleza en un líder y no en un estilo de juego, deportivamente hablando.



Salvando las distancias y luego de esta anécdota tan lejana, lo que quiero reflejar es que la importancia en los procesos de las organizaciones, y cuánto más grandes son más se nota, dependen más de un rumbo bien definido que de sus ejecutores. De la motivación y también de los procesos. De la astucia, pero mucho más de la eficacia.

Imaginemos al municipio como organización gubernamental y analicemos entonces la importancia del liderazgo dentro de la misma: Un líder efectivo, a mi manera de ver, debe ser capaz de tomar decisiones estratégicas, motivar a los miembros del equipo y asegurarse de que se cumplan los objetivos organizativos. Sin embargo, la capacidad del líder para ceder y delegar el gerenciamiento a otros miembros también es esencial en la dinámica de cualquier organización social, aplicable en este caso en un municipio.

La capacidad de ceder y delegar implica confiar en los miembros del equipo, en este caso el Municipal, y reconocer sus habilidades y conocimientos. Al permitir que otros asuman responsabilidades y tomen decisiones, el líder fomenta un ambiente de empoderamiento y desarrollo.

Además, la delegación eficaz puede liberar al líder de tareas operativas y permitirle concentrarse en la visión estratégica y la dirección o rumbo. Cuando un líder cede o delega el gerenciamiento, en este caso la intendencia, su función principal debería ser la de facilitador y mentor. En lugar de ser el único responsable de la toma de decisiones, el líder puede brindar apoyo y orientación a los miembros del equipo. Esto implica establecer metas claras, proporcionar recursos y asegurarse de que haya una comunicación abierta y fluida en todo el equipo, actuando como un catalizador para el crecimiento y el éxito de sus miembros, fomentando un ambiente de confianza y respeto mutuo, promoviendo la autonomía y la responsabilidad en la toma de decisiones y, al mismo tiempo, manteniéndose informado y consciente de las actividades y los avances, brindando la dirección y el apoyo cuando sea necesario.

Por esto y más allá que la Ley habilite a Sebastián Abella a un tercer mandato y que, no me cabe duda obtendría los votos necesarios para lograrlo; ¿No será el momento adecuado para dejar a cargo de la intendencia de Campana a alguien de su equipo, y así delegar funciones del día a día para aprovechar la experiencia que ha adquirido en todos estos años de gestión de otra manera?

¿Quién más que él, luego de dos mandatos exitosos; con logros que pueden palparse en la ciudad, puede instruir y acompañar a otra persona que ya sea parte de la estructura actual a continuar en esta senda?

Quizás, cuando aún no está definidas las listas definitivas y sus candidatos, sería un gesto de enorme grandeza y superación de parte de Sebastián Abella ceder ese rol protagónico, para acompañar una gestión de otro intendente que represente su mismo empeño y empuje en transformar la ciudad como lo ha hecho él en estos ocho años, confiando en el equipo que ha sabido armar y sin atarse a las normativas de la Ley electoral que habilite o no su candidatura.

Sería un gran paso y un buen síntoma que la organización municipal y la política en Campana gozan de buena salud.


 
P U B L I C I D A D






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