Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- George Bush no sólo obtuvo la reelección sino que incrementó las mayorías en el Senado y en la Cámara de Representantes, y en las próximas semanas se le presentará el caso de tener que nominar a cuatro de los nueve miembros de la Corte Suprema de Justicia.
Uno de los jueces está sumamente enfermo y es probable que se retire en estos días. Los otros tres cumplen 80 años y, según la Constitución norteamericana, deben renunciar al llegar a esa edad.
La misma constitución establece que es el Presidente quien designa a los máximos magistrados del país.
Este resumen apunta a mostrar el enorme poder político que acaba de adquirir el presidente Bush.
Y sirve también para ilustrar el escenario con que los diplomáticos argentinos se encontrarán a partir de ahora.
Pero no sólo eso. Según el análisis de un profundo conocedor de la realidad gubernamental norteamericana, Bush, en realidad, tuvo que ganarle no sólo a los demócratas sino también, a raíz de la globalización, a Francia y Alemania, y sólo contó en Europa con un aliado, aparte del Reino Unido, Vladimir Putin.
Los analistas de la cancillería de Bielsa hace rato que preveían que se iba a producir el triunfo de Bush.
Pero una cosa es tener el conocimiento de lo que iba a ocurrir y otra cosa es el sentimiento popular de amplias franjas de la clase media argentina que creyó que la película de Michael Moore, Farenheit 9/11 iba a pulverizar las posibilidades de Bush.
En Estados Unidos el documental de Moore, premiado en Cannes, tuvo el efecto contrario al buscado.
La cancillería argentina y la diplomacia discreta que sondea la opinión de los norteamericanos desde distintos ángulos comenzó a comunicarle al Gobierno que el triunfador iba a ser Bush.
Uno de los elementos que tomaron en cuenta fue lo que se conoce como ¨el aporte de los ratoncitos¨.
En Estados Unidos, tanto las empresas como los ciudadanos pueden hacer aportes de dinero a cada campaña.
Las grandes empresas, es lógico, aportan a ambos candidatos. Pero los ciudadanos simples, entre los que se cuentan maestros, jubilados, mecánicos, plomeros, etc., Que van a contribuir con un billete de 100 dólares o poco más, van dando una pauta de como será la votación final.
Con este solo dato, el Gobierno argentino ya sabía que Bush tenía grandes posibilidades de ganar.
A partir de ahora la relación entre Argentina y Estados Unidos tendrá puntos inalterables. En cuanto a los conflictos internacionales, Argentina reclamará el multilateralismo, es decir responderá al mandato de Naciones Unidas y estará en contra de las decisiones tomadas al margen del Consejo de Seguridad, como fue el caso de la guerra de Irak.
En el caso Cuba, Argentina se abstendrá en cuanto a la violación de derechos humanos y condenará el bloqueo comercial.
Continuará colaborando con fuerzas armadas como lo está haciendo actualmente en Haití, siempre y cuando haya un pedido expreso de Naciones Unidas y exista una autorización del Congreso para empeñarlas en una tarea de seguridad.
Lo más destacado de la relación que se avecina es la coincidencia central entre el Gobierno de Néstor Kirchner y el del nuevo Bush en lo referente a la lucha contra el terrorismo.
En este aspecto la Argentina ha soportado dos terribles atentados, la AMIA y la embajada de Israel, en tanto que Estados Unidos cuenta en su haber con el conmocionante ataque a las torres gemelas.
Esta coincidencia implicará colaboración permanente de los servicios secretos para detectar cualquier indicio de preparativos o alistamientos que puedan tener como objetivo algún blanco institucional de cualquier país del mundo.
En materia económica, la Argentina está reclamando cambios profundos en los organismos multinacionales de crédito, como el FMI, el Banco Mundial y otros entes.
El actual secretario de Estado norteamericano Colin Powell podría ser designado en el Banco Mundial, cuando en los próximos días deje su cargo, lo que significará un nuevo interlocutor para Roberto Lavagna.
Y si a la nueva administración Bush le conviene a sus intereses realizar modificaciones en las metas y objetivos del FMI, siendo uno de los principales aportantes, lo hará sin dudar.
Parece no haber demasiado entusiasmo en la administración republicana en sumar nuevos adherentes, entre ellos el Mercosur, al sistema de la Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA).
El punto central que frena estas negociaciones es la cuestión de los subsidios agrícolas que mantiene Estados Unidos con sus productores.
Lo que se sabe por voceros de la administración Bush es que la Casa Blanca está ¨abierta¨ a los pedidos que pueda formular el gobierno de Néstor Kirchner.
A nadie escapa que esta ¨magnanimidad¨ proveniente de Washington persigue fines políticos, fundamentalmente mantener un cierto equilibrio en la zona sur.
Dicho de otro modo, evitar el superliderazgo de Brasil. Apoyando a la Argentina, Bush logra una región equilibrada y tranquila para poder dedicarse a resolver la crisis de Medio Oriente y Afganistán.
Por eso, la participación Argentina en Haití constituyó un problema menos para los Estados Unidos y para Francia.
Quedan algunos detalles por conocer: por ejemplo si se confirma que el actual embajador norteamericano ante la ONU John Donforth será el nuevo secretario de Estado y quien reemplazará a la dura consejera de Seguridad, Condolezza Rice, quien ya anunció que se va a dedicar a la actividad privada.
Esos dos funcionarios marcarán el rumbo, al menos en sus primeros tramos, de esta gestión naciente.



