La Orquesta de Cámara Juvenil de Buenos Aires, dirigida por Alejandro Beraldi, se presentó, el pasado domingo 31 de octubre en el gimnasio de la Unidad Académica ¨Dante Alighieri¨, con un programa dedicado a la música barroca y con obras de Corelli, Telemann y Vivaldi.
El concierto de Arcangelo Corelli que se escuchó fue un modelo acabado de la perfección estilística que ese compositor dedicara exclusivamente a la literatura instrumental para cuerdas, pleno de meticulosa elaboración e imbuído de esa ¨excelsa y casi celestial armonía de sus creaciones¨.
De uno de los compositores germanos más fecundos de todos los tiempos: Georg Philip Telemann se escuchó el concierto en sol mayor para viola solista, cuerdas y bajo contínuo. La viola de Alejandro Varády lució toda la finura y brillantez al servicio de una obra en estilo ¨concertante¨, típica del barroco, con rasgos contrastantes y en alternancias entre el solista y los grupos instrumentales.
En el programa privaron las obras de Antonio Vivaldi: desde conciertos para cuerdas y bajo continuo; para violín, cuerdas y bajo continuo; y para dos violines, cuerdas y bajo continuo. Algunas de ¨L´estro armónico¨, y otras del ciclo de ¨Las Estaciones¨, del que fue interpretado ¨El Verano¨.
Este repertorio de obras de Vivaldi, tan brillantes y conocidas, como frecuentadas por famosos conjuntos de fama internacional; fue un verdadero desafío para la orquesta de jóvenes músicos que volcaron toda la pasión y languidez en los ¨andantes¨, ¨largos¨, ¨larghettos¨ y ¨adagios¨, así como el ímpetu, energía, entusiamo y virilidad en los ¨allegros¨ y ¨prestos¨.
Toda la orquesta sonó, realmente, como un conjunto de apasionadas voluntades al servicio de cada obra, reflejando un prolijo y cuidado respeto por la traducción más aproximada y fiel a las intenciones de los compositores.
En los recitales y conciertos, lo primordial es ¨el mensaje¨, el transmitir algo al que escucha, o sea poder sentir que la audiencia se conmueve; y esta orquesta lo logró ampliamente porque la respuesta fue la de un público asombrado que aplaudió de pie, no sólo por admiración sino motivado por una auténtica emoción.



