Buenos Aires (Especial para NA por Pepe Eliaschev) -- Va en serio. Tal vez la misión de Cristina Kirchner y Alberto Fernández en España jamás sea oficializada. Se dirán marginalidades y se armarán escenarios más o menos piadosos. Pero no van a hacer turismo.
El Presidente odia de manera virulenta lo que llama despectivamente los ¨cócteles protocolares¨, de modo, ¿a qué van a Madrid dos colaboradores tan cercanos?
Responderán, de cuerpo presente, a un ofrecimiento de Juan Carlos I.
A su paso por Rosario para el Congreso de la Lengua, el monarca español le propuso a Néstor Kirchner intermediar para que el número uno del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, acuerde con la Argentina una manera para que nuestro país cancele de modo definitivo la deuda nacional con el organismo. Esto será muy probablemente desmentido, pero todo parece indicar que a eso van ambas personas que comparten un apellido y un gobierno, el jefe de Gabinete y la senadora por Santa Cruz.
Lo cierto es que se aproximan ahora momentos liminares. Mucho infortunio debería ocurrir para que la oferta del canje de la deuda con los privados desemboque en una frustración. Hay mucha gente interesada en que esta iniciativa se concrete exitosamente y los próximos 90 días verán muy asociados a quienes hoy ya no se prodigan lealtad eterna.
La lealtad eterna, claro, es el producto perfumado de una fantasía insostenible, sobre en todo en materia de juegos de poder.
El tema de Kirchner es el poder y en ese escenario primordial, el Presidente y Roberto Lavagna se necesitan y saben que deben marchar todavía juntos.
Pero ¿por cuánto tiempo? Todo parece sugerir que si a mediados de marzo se cierra el ofrecimiento del canje de la deuda con resultados atractivos para la Argentina, los caminos podrían abrirse.
En una hipótesis cordial, si Kirchner (nadie sino él decide todo en el Gobierno) se resuelve por lanzar a Rafael Bielsa como cabeza de lista por el oficialismo en la Capital Federal, un canciller probable podría ser Lavagna.
En una opción más tenebrosa, si las cosas derivan al subterráneo de la sordidez, el actual ministro de Economía podría llegar a tener que irse de manera poco gloriosa del poder.
Quienes así lo barruntan recuerdan los puntapiés que alejaron del centro áulico a Gustavo Béliz y, más ceremoniosamente, a Alfonso Prat Gay. Béliz sigue buscando trabajo. Para todo esto falta una eternidad. Tal vez lo que más le cuesta entender al Presidente es que la Argentina es hoy un país que le hace doler la cabeza demasiada gente importante en demasiados sitios de alto nivel.
Era comprensible, por ejemplo, la aprensión del Dr. Kirchner por no dar el presente en la cumbre sudamericana de Cusco, Perú, una ciudad a mucha altura que provoca sinsabores a quienes se le acercan desde las llanuras.
Pero a la Argentina no le fue bien en ese encuentro, dominado ampliamente por la influyente figura del presidente Lula de Brasil.
El pelotón de reemplazo que envío la Casa Rosada (Daniel Scioli y Bielsa) y el presidente del Mercosur, Eduardo Duhalde, no parecen haber encontrado el mejor clima de parte de quienes fueron.
De parte brasileña, por ejemplo, se percibe una congeladora para la Argentina, un país cuyos gobernantes parecen convencidos de que les sobran amigos en el mundo.
Pero, de hecho, el presidente Kirchner no es amigo de ninguno de sus colegas de función en la región, ni de Lula ni del chileno Ricardo Lagos, que son los que hoy importan.
En el gobierno argentino se advierte hoy una acendrada convicción, una suerte de empecinada predilección por el unilateralismo.
El desprecio por las formas de la gestión del poder lleva a conclusiones asombrosas.
En su agasajo al rey de Marruecos, Mohammed VI, esta semana, el Presidente habría batido todos los récords: se comió entrada, principal, postre y hubo café y saludo protocolar en apenas lo que dura un tiempo de partido de fútbol: el Dr. Kirchner se retiró a los 47 minutos.
El monarca árabe habla perfecto español, estuvo cinco días en la Argentina y se trajo una comitiva a bordo de tres aviones Hércules. Gobierna un país-puente ideal para llegar al Islam, al µfrica, al mundo árabe y a Europa.
En Cusco, Lula brindaba -en cambio- detalles de lo que él considera como su respetable trabajo.
Desde que asumió, en enero de 2003, ya visitó 34 países y recibió a 56 presidentes. Y Brasil no está en default, ni mucho menos.
Quienes hablan de un gobierno ¨adolescente¨ tal vez se equivoquen, y mucho. De pronto, en la conducta de la actual administración lo que se percibe, dicen otras opiniones, son gestos que correspondería llamar de convalecencia. Sería actitud de convalecientes rodearse de amigos íntimos, rehuir las opiniones diferentes y resistirse a lo que perciben como actividades mundanas carentes de sentido.
Sin embargo, en su paradójica visita a La Rioja el jueves 9, el Presidente, que llevó al templo mayor del menemismo anuncios de unos nada desdeñables 307 millones de pesos, alertó contra la intolerancia y admitió que ¨la libertad de pensamiento es lo más grande que nos ha dado Dios¨. Lo decía ante la platea riojana, en una provincia cincelada por más de 30 años de protagonismo de Carlos Menem y su familia, pero -además- lo proclamaba tras expresar gratitud hacia los votos logrados en el Congreso por el Gobierno y emitidos por los adalides del ex presidente.
Esa libertad de pensamiento ensalzada por el Presidente no será, por cierto, un elemento de juicio primordial en los futuros avatares de las relaciones entre los protagonistas principales dentro del Gobierno.
Crece, por ejemplo, la sensación de que, luego de la valiosa experiencia de la ¨novela china¨, Lavagna ha cristalizado agravios irreversibles y en la Casa Rosada se tiende a convivir con el ministro más como si fuera un consultor externo que un firme militante de la causa, uno ¨del palo¨ a secas.
Algo no puede negarse: Lavagna se quedó prácticamente afuera de los fastos chino-argentinos y, siempre según esta lectura, todo lleva a pensar que en el nexo entre ministro y presidente ¨la copa se rompió¨.
Si, luego de febrero, hay todavía Lavagna en el gabinete, ¿sería imaginable verlo a él como canciller en convivencia con Martín Redrado como ministro de Economía?
Conjeturas gaseosas, tal vez, estimuladas por la luminosidad de los seductores días del verano prenavideño, pero que no dejan de ser asuntos gruesos en el análisis de embajadas y líderes empresarios gravitantes.
Al Gobierno lo aguardan momentos agrios con Brasil. Lula mira, analiza, lee, escucha y piensa. Acumula conocimientos. Se va pareciendo a esos estadistas que contemplan la historia desde la perspectiva de quienes la transforman. Sabe todo de la Argentina y, conocedor de la pasión racinguista de Kirchner, incluso mandó preguntar qué le parecía la incorporación del ¨Cholo¨ Simeone a la Academia y se interesó por la posibilidad de que el ¨demonio¨ Lisandro López sea comprado por un equipo brasileño, para que se quede cerca del país.
En un plano ahora menos acuciante, han quedado mortificaciones serias por las secuelas de la expedición china.
En áreas del Gobierno se ha acumulado material informativo sensible, que revela que las cinco empresas chinas que se arroparon en la misión oficial de Hu Jintao son emprendimientos bastante sombríos y sospechosos.
En ciertos casos, se ha relevado que hay indicios fundados de que se trata de macro-lavadoras de dinero mal habido y que, por eso, son muy evidentes sus negocios con regímenes de países no desarrollados, donde es habitual que se concreten transacciones oscuras o directamente ilegales.
La ilegalidad es una tentación recurrente en quienes ejercen el poder en la Argentina.
Ahora que el ex ministro de Defensa de Menem, Oscar Camilión, admitió en la justicia que cobró durante tres años y medio en el cargo 30.000 Pesos-dólares mensuales en sobre cerrado (¨sobresueldos¨, fueron bautizados por la Argentina infinita) y que, además, nunca los declaró ante el fisco, el fantasma de los manejos corruptos recobró vigor, no como tema menor para arqueólogos antojadizos, sino como recordatorio imponente de peligros y hasta factibilidades muy actuales.
El reciente casamiento de la hija de un importante funcionario nacional, celebrado en una provincia, en donde hubo 400 invitados y el padre de la novia exhibía tres pulseras de oro y un reloj obsceno, apuntan a la posibilidad de que ejercer el poder pueda derivar en una manera de eludir a la ley.
Para el final: la Argentina mantiene prácticamente retirado al embajador en La Habana, aunque no se diga eso oficialmente.
Raúl Taleb no regresará a La Habana si Fidel Castro no permite la salida de ese país de la Dra. Hilda Molina, cuyo hijo y nietros viven en la Argentina.
El canciller Bielsa, al que el presidente Kirchner jamás le habló de encabezar su lista porteña, parece estar bastante furioso con el destrato cubano.



