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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 23/mar/2003 de La Auténtica Defensa.

ARMAS BIOLÓGICAS: 
¿CUÁNDO FUE QUE LA HUMANIDAD SE PERDIO A SÍ MISMA?  
NANCY GONZALEZ




<ARMAS BIOLÓGICAS>

¿CUÁNDO FUE QUE LA HUMANIDAD SE PERDIO A SÍ MISMA?

La guerra, avalada por el perverso interés de unos pocos, se instaló entre nosotros, mientras la desesperación, impotencia y desazón nos colma y nos excede. Porque quisiéramos poder explicar coherentemente, este proceso de involución espiritual y humana, a la que el hombre no puede ni quiere escapar, manifestándose periódicamente con un enfrentamiento armado. Y como si el horror de una guerra no fuera suficiente, en ésta oportunidad debemos sumarle el miedo a las armas biológicas. Una de las creaciones más vergonzantes y crueles que el hombre en su inmensa estupidez, ha intentado justificar en nombre del poder.

Este género de guerra no es nuevo, y de hecho se ha usado en múltiples ocasiones desde la antigüedad. Los romanos, arrojaban animales muertos en los suministros de agua de sus enemigos con el fin de contaminarlos. Los tártaros, en el siglo XIV, lanzaron con catapultas cadáveres infectados con peste, sobre las murallas de la ciudad de Kaffa, esperando así contagiar a sus habitantes. Durante la llamada guerra franco-india (ocurrida de 1754 a 1763 y en la que se enfrentaron Francia y Gran Bretaña por el dominio de territorios de parte de lo que hoy es Canadá y los Estados Unidos), el ejército británico obsequió a los indios americanos, aliados de los franceses, cobijas que habían sido usadas por personas enfermas de viruela, iniciando así una epidemia que diezmó a muchas tribus. Durante la década de los treinta, en la guerra chino-japonesa, éstos últimos utilizaron la peste como arma, afortunadamente sin mucho éxito. En la primera Guerra Mundial, Alemania usó el ántrax contra el ganado caballar y vacuno que aportaban a las fuerzas aliadas España, Noruega, Argentina, Rumania y -hasta antes de que se involucraran en la guerra, en 1917- los Estados Unidos. En la segunda Guerra Mundial, los japoneses hicieron uso de armamento biológico contra los chinos (otra vez sin mucho éxito) y además, experimentaron con éste en prisioneros de guerra estadounidenses. Al terminar la guerra, el gobierno de los Estados Unidos pactó con los japoneses, no someter a sus científicos a juicio por crímenes de guerra, ¡¡a cambio de compartir los resultados de tales experimentos!!. Los datos así obtenidos, enriquecieron el programa de armas biológicas del gobierno estadounidense iniciado en 1942. En países como Canadá, la Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos, los programas de armamento biológico, se expandieron al finalizar la guerra y cobraron auge durante la guerra fría. Este crecimiento se detuvo, al menos oficialmente, con la firma del tratado surgido durante la Convención de Armas Tóxicas y Biológicas de 1972, en la cual se prohíbe el uso y desarrollo de armas biológicas. Una de las debilidades del documento es que no se establece ningún mecanismo de verificación.

Ahora bien: ¿Qué es en nuestros días un arma biológica? Es el uso de enfermedades producidas por microorganismos o agentes bioactivos (toxinas) con el fin de dañar o aniquilar a las fuerzas militares del enemigo, sus poblaciones civiles o contaminar sus fuentes de agua o alimentación. Para fabricar un arma biológica, teóricamente, se puede utilizar cualquier microorganismo patogénico. Por ejemplo, en 1984 en Dallas (Oregon), la secta religiosa Rajneeshi contaminó con la bacteria Salmonella las barras de ensalada de una cadena de restaurantes. Como resultado, 751 personas tuvieron que ser hospitalizadas por malestares gastrointestinales más o menos severos; afortunadamente en esa ocasión nadie falleció. Pero desde el punto de vista práctico, sólo un pequeño número de microorganismos tienen la potencialidad de utilizarse efectivamente como armas biológicas. Hay que tomar en cuenta que el microorganismo elegido, tiene que poder cultivarse en grandes cantidades y poder dispersarse con facilidad; debe ser muy infeccioso y de preferencia que pueda contagiarse de persona a persona. Otro requisito, es que con bajas dosis del organismo elegido se pueda iniciar la enfermedad, ya que muchas veces no basta para ese propósito que un solo virus o una bacteria infecte a una persona. Los microorganismos con potencialidad de ser utilizados como armas deben ser estables en el ambiente, para así asegurar su permanencia como agentes patogénicos y, por último, hay que tomar en cuenta la existencia o no, de medidas preventivas o terapéuticas. (Fuente: Revista científica biomédica)

¿Cuál es el límite del hombre? ¿Cuándo aprenderá la humanidad a reconocer que las consecuencias no son cuantificables cuando el terror se apodera de la acción? ¿Será que nunca sucederá y extintos ya, nos daremos cuenta que el término HUMANIDAD nos quedó grande?

NANCY GONZALEZ
nanalmendra@hotmail.com


 
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