Sube hasta el segundo piso como empujado por el diablo. En el descanso saluda a medio mundo; gorra de cuero, cabeza de artista: chiflado.
Grita desde las escaleras lo que nunca terminó de contarte en la cara. ¡Tomamos un café en Tobago!. ¡Andá pidiendo Oscar, andá!.
Recostado en la barra del boliche aquel, con un lápiz en la oreja y un papel. Poeta de la vida, de la calle, de la noche: locura interminable de frases incontables, que vuelca en un reglón, lo que nunca terminó de tragar con el bajón del otro día.
Para que carajo la vida, si se marchó la estación florida. Dejá nomás, andá, que yo te alcanzo; pagá el café de los amigos y vení para el bajo.
Ventanal de vidrio azul, que te han bajao la cortina. Dame un abrazo de vino, de poemas y canciones, regálame otra ilusión, pero no de rosas sin espinas.
Charly Schneider



