Lamentablemente debemos comunicar a nuestra población el deceso de un gran poeta, un extraordinario poeta diría yo. Nacido en nuestras islas, donde su vida transcurrió entre esforzados isleños que luchaban contra las inundaciones y laboriosos inmigrantes que también dibujaban con pomelos, duraznos y limones la nueva geografía enriquecedora de hábitat isleño. Oscar fue un poeta que impuso su estilo poético sin desearlo, no era hombre de buscar aplausos fáciles y tampoco su prosa era fácil de acceder. Su vida, como la de cualquier isleño-ciudadano fue dura y difícil y junto al reconocimiento de su virtuosismo poético también se tejieron muchas historias, el suyo fue el camino difícil. Nos deja dos hermosas hijas, una cariñosa mujer y abuelos quizá ignotos pero sobre todo la marca de una vida realmente vivida da cuenta de que su paso por la misma no ha sido en vano. Eligió morir de una manera absurda. Su vida estaba muy influida por la situación de nuestro país donde la falta de horizontes pega muy duro sobre los deseos de crecimiento personal y social.
En diálogo muy fructífero con un amigo del alma como Tito Baggio últimamente nos referiamos a la vida trashumante de Oscar y nos sentíamos preocupados ya que veíamos que su sensibilidad estaba herida, perforada por la situación de nuestra sociedad.
Prof. Alberto Pablo Garrido



