Al Sr. Director:
Me dirijo a Ud. con motivo de los desgraciados sucesos del 30 de diciembre de 2004 en ocasión del recital de Callejeros en Once.
Parece que se ha corrido el velo que ocultaba la realidad: una gran mentira de la cual quizás muchos -con menor o mayor grado de hipocresía- seamos responsables.
Nosotros, los padres, quienes, tal vez por no enfrentar a nuestros hijos adolescentes, permitimos que concurran a boliches en horarios en que no deben sin no cumplieron los 18 años de edad, donde se les vende alcohol, el humo de los cigarrillos invade todos los rincones, etc., etc. Y aún cuando los hubieran cumplido, muchas veces les damos vía libre para todo, con las consecuencias que serían tema para otra oportunidad.
Los propietarios de esos boliches que dicen conocían desde hace tiempo.
Pero sobre todo las distintas autoridades a las cuales les corresponde habilitar, inspeccionar y controlar los comercios, impidiendo el circuito de corrupción e impunidad que generalmente se intenta integrar.
Entonces, no pretendamos que nuestros hijos, quienes buscan divertirse, se cuiden solos. Enseñémosle a cuidarse, por supuesto, así como a ser responsables de sus comportamientos, pero ante todo reclamemos al estado por su ausencia en las áreas donde necesariamente debería estar, además de cobrar los impuestos.
O acaso el progresivo deterioro de los valores de nuestra sociedad nos hará asistir impávidos al genocidio de su juventud?
Agradeciéndole el espacio que me brinda, lo saluda atte.
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