(Especial para NA, por Marisa Alvarez)
Todo el mundo está de semivacaciones. El Gobernador pasa unos días de descanso, cuidándose de no cruzar las fronteras de la Provincia. Eduardo Duhalde volvió a Uruguay, domicilio alternativo que motivó que varios intendentes y legisladores de su sector hayan elegido Punta del Este como destino turístico. El resto de los coroneles del duhaldismo se reparte entre Cariló, Pinamar y Villa Gesell, donde también velan armas dirigentes felipistas.
Unos y otros combinan playa y familia con informales reuniones políticas. La dispersión, las distancias, han contribuido a cierta caída de la máxima tensión desatada a finales del 2004 en el oficialismo bonaerense. Pero sólo relativamente.
En su despacho o en el campo -repartió la semana entre ambos lugares-, a Felipe Solá lo desvela qué hacer con el Presupuesto 2005 de la Provincia que la Legislatura, por imperio de la mayoría duhaldista, sancionó recortándole facultades para disponer el destino de los recursos y, entre otras cosas, agregando cláusulas que lo obligan a compartir con ese Poder la definición de las obras públicas.
DILEMA POLITICO Y TECNICO
El dilema no es menor para el Gobernador. ¨Me ataron las manos¨, afirmó cuando la ley fue aprobada. Sabe que sólo un veto total de la norma constituiría una respuesta reactiva de contundencia política luego de esa aseveración; el único modo de defender la afirmación felipista de que, con el Presupuesto que le impuso el duhaldismo, ¨no se puede administrar¨.
Pero quedarse sin nuevo Presupuesto tiene técnicamente algunas ventajas pero también riesgos, de los que la Gobernación pasaría a ser responsable y que podrían tornar la administración, dentro de unos meses, aún más difícil que con el Presupuesto aprobado para 2005.
Con el cálculo de 2004 prorrogado, Solá podría administrar la Provincia sin sobresaltos quizás hasta setiembre. Se libraría así de las duras trabas que le impone el nuevo Presupuesto para usar los fondos. Pero la Legislatura le aprobó los números de este año por el monto total que él pidió, más de 17 mil millones de pesos -unos 2 mil millones más que el ejecutado el año pasado- incluida una cláusula para tomar prestados de la Nación 1.500 millones, único modo de llegar a ese nivel de gasto. Por lo tanto, sin el nuevo Presupuesto le faltarían más de 2.000 millones (y la autorización a tomar financiamiento nacional) para afrontar todo el esquema de gastos e inversiones que previó.
Habría también otros complejos problemas técnicos sin el nuevo Presupuesto. Se analiza, por caso, si en esa situación se podría usar el desembolso previsto para este año (unos 400 millones de pesos) del crédito otorgado por el Banco Mundial para obras públicas. Ese endeudamiento fue autorizado (por un total de 350 millones de dólares en tres años) por una ley aparte, pero el uso de ese dinero está previsto en el Presupuesto de este año.
Lo cierto es que un veto total al Presupuesto sería, fundamentalmente, una decisión política tomada en el marco de la confrontación con el duhaldismo, al costo de riesgos en el plano concreto de la administración de la Provincia.
Pero un veto parcial debilitaría al Gobernador en la discusión política y en el planteo técnico del Ejecutivo de que no se puede administrar con las cuentas nuevas. Solá está, por ahora, más cerca del veto total, dicen en su entorno. Pero todavía no pudo salir del dilema para tomar una decisión.
SEÑALES DUHALDISTAS PARA EMPEZAR EL AÑO
La guerra mientras tanto siguió su curso. El duhaldismo arrancó el año con una movida a la que sus voceros le dieron más importancia de la que tuvo. La reunión del lunes a la mañana en la casa de Duhalde fue más una pasada de los dirigentes de su mayor confianza, para verlo antes de su partida a Uruguay, que un cónclave organizado para tomar decisiones trascendentes.
Con todo, la reunión alcanzó para reconfirmar la decisión previa de hacer un acto en la primera quincena de febrero para nominar una mesa de conducción de la flamante línea interna Lealtad, y para dejar abierta la opción de hacerlo en La Plata, en lo que sería una doble señal bélica a la Gobernación y al felipista intendente Julio Alak.
Pero la movida, aunque módica, alcanzó para reinstalar una inquietud. En versión confusa, los voceros de la reunión señalaron que el duhaldismo decidió volver a la carga con la reforma de la ley de internas abiertas, obligatorias y simultáneas que rige en la Provincia. Conviene ir por partes. Esa norma tendría que ser reformada.
En su debut, en el 2003, mostró serias falencias, y en corregirla coincidían hace un par de meses duhaldistas, felipistas y fuerzas de la oposición. Pero a fines de diciembre el duhaldismo amenazó con modificarla como mero instrumento de la guerra del PJ, con el objetivo de que sean los partidos los que vuelvan a manejar a su antojo esos procesos.
Al final, esa reforma no se hizo en la última sesión del 2004 porque la frenó Duhalde, conciente de las duras y justas críticas que la movida iba a generar y, según evaluó, porque ¨le iba a dar a Solá la excusa para no competir en la interna¨.
Ahora volvieron las señales de que el duhaldismo impulsaría cambios en esa norma. Según algunas fuentes, se trataría sólo de retocar el tema de la fecha de convocatoria a las internas por los cargos provinciales.
La intención, dicen, sería que esos comicios coincidan con los que eventualmente se tengan que realizar -por una presión en ese sentido de Menem y Rodríguez Saá- en el PJ a nivel nacional. Habrá que ver. Reformar la ley provincial de internas no sería necesariamente un mal paso; podría ser positivo, dados sus defectos. Pero que los cambios implicaran un retroceso en la búsqueda de transparencia en la selección de candidatos que conllevó la norma, sería un daño institucional.
UNA PROMESA, UN REGRESO
Solá, mientras tanto, volvió a obtener esta semana el compromiso del Presidente de que no permitirá que la interna del PJ ¨afecte la gobernabilidad en la Provincia¨. No es poco, convencido como está Solá de que hay sectores gurkas del duhaldismo que apuntan directamente a sacarlo de la Gobernación, y de que ¨Duhalde los deja hacer¨. Pero la contracara de la promesa reitera también la decisión de Kirchner de que ¨la gobernabilidad¨ es el límite de su intervención en el asunto.
Pero el dato fuerte de la semana en la guerra del PJ bonaerense pasó, sin duda, por la incorporación del duhaldista Juan José Alvarez en el gabinete del -¿transversal kirchnerista?- Aníbal Ibarra, en el medio de la descomunal crisis abierta en la administración porteña a partir de las 191 vidas que hasta ahora se cobró el incendio de Cromañón.
Alvarez fue tres meses ministro de Seguridad de la Provincia en 2003. Asumió con cuatro secuestros en desarrollo -entre ellos el de Belluscio, a quien ya le habían cortado un dedo- y recibió desde el primer día desde la Casa Rosada la más dura y sistemática embestida política que se recuerde en años contra un funcionario.
Al final renunció, porque los ataques también impactaban de lleno sobre el propio gobernador Solá. Esta vez Alvarez quiso curarse en salud. El primer llamado que recibió ofreciéndole el cargo fue del vicejefe de Gobierno porteño, Jorge Telermann, un peronista kirchnerista de antigua y buena relación personal con Duhalde.
¨Primero tengo que resolver el problema del gobierno nacional¨, atajó Alvarez. ¨Ya está hablado¨, dijo Telermann. ¨Me gustaría que me lo diga el Presidente¨, se quiso asegurar el otro. Minutos después fue Ibarra quien lo llamó, avisándole que lo iba a llamar el jefe de Gabinete de la Nación, Alberto Fernández, con quien Alvarez se había reunido dos semanas antes para un demorado intento de saldar las viejas broncas políticas con la Rosada.
Así fue como el diputado duhaldista terminó en esa Casa, reunido largamente con Fernández y un rato con Kirchner. ¨Tenés todo mi apoyo¨, le dijo el Presidente. Recién entonces Alvarez se reunió con Ibarra.
DUHALDE DETRAS DE LA ESCENA
Todo el capítulo de la designación de Alvarez dejó señales políticas fuertes. Aunque ya obvia, refleja la dependencia absoluta de Ibarra con el gobierno nacional. Y refuerza por otro lado el posicionamiento y el trabajo político personal de Alvarez, elegido en este caso desde un reconocimiento a sus roles anteriores, que lo mostraron como un funcionario activo, decidido y capaz en situaciones de crisis.
Revela también el nivel de pragmatismo del Presidente, que no dudó en recurrir a un hombre de Duhalde -y adversario íntimo, si se revisa la historia del 2003- cuando la situación lo exigió. Y pone en la superficie la sintonía entre Kirchner y Duhalde para reaccionar en consonancia cuando se huele algún peligro sobre el gobierno nacional, como el que sobrevoló a la Rosada a partir de la tragedia del recital.
En las horas más calientes, hubo contactos entre la Rosada y el ex Presidente sobre cómo rescatar a Ibarra en la medida de lo posible, cómo correr al gobierno nacional de la crisis y para la designación de Alvarez, en busca de que su perfil aportara alivio a la situación. En ese marco, Duhalde contactó incluso a Mauricio Macri -con quien tiene muy buena relación Alvarez-, para que no saliera ¨a matar¨ a Ibarra.
Desde la óptica bonaerense, en suma, Duhalde tuvo un rol destacado en la crisis porteña, aportándole a Ibarra un sostén en el momento clave y jugando en tandem con el Presidente en medio de una crisis. ¿Tendrá este capítulo efectos sobre la guerra del peronismo bonaerense?



