El pibe -tendrá unos 10 años- está aferrado a la mano de su papá y no logra salir del asombro. Todo lo que ocurre a su alrededor lo conmueve, tantas imágenes en una sola lo llevan de paseo por un mundo de fantasía. Según escuchó hace un rato, Colón y Belgrano, Moisés y el rey David eran hinchas de Boca, igual que él. Y supo también que los días parecían transcurrir en blanco y negro, cuando Boca llegó para siempre a la vida de los argentinos, tiempos en que el cine regalaba sus primeras imágenes y los aviones apenas se arriesgaban a remontar vuelo. El pibe, Felipe podría llamarse, se extasió ante tanto azul y amarillo; se puso en puntas de pie para descubrir quién de los jugadores que estaban arriba del escenario era Ángel Clemente Rojas; de tanto que le habló su padre de Rojitas.
Y allí arriba están todos, o casi todos -qué importa eso-. Otro Rojas, Alfredo; Marzolini, Rattín, Meléndez, un peruano que escribió una página de la historia centenaria. Está Antonio Roma, el del penal, Suñé, el del gol a River, Cabañas, Graciani. Cada uno se cuelga una medalla del Xentenario, y se abraza en ese escenario al que no le cabe nada que no sea xeneize. Antes, habían pasado Raúl Lavié, Pedro Aznar, Fabi Cantilo cantando sus cosas, xeneizes todos, dichosos de estar en ese lugar de privilegio.
¿San Martín también? A Felipe se le confunden los tiempos históricos, pero mucho eso no le preocupa. Qué importa, si la música y las imágenes prologan la aparición del más grande, de Diego. Maradona tiene la sonrisa a pleno, todos cantan que nadie igual. Los brazos al cielo, las lágrimas a punto de aparecer en los miles de rostros. ¨Con todo mi corazón los quiero, sí¨, dice Maradona. Y se acuerda de todos los demás, porque ¨no saben de pasiones, de eso sólo sabemos nosotros¨.
Para aquellos de ambiciones superfluas, incapaces de jugarse todo el amor a una camiseta, no hubo espacio anoche en la Bombonera. Para Felipe, y los cientos de miles, uno más de la mitad, un sitio único. Fabricado a través de los cien años que Boca acaba de celebrar, imaginado por aquellos creadores de principios del siglo pasado, sustentado cada domingo, después de cada gol, antes de cualquier partido. Traído a la realidad por este capricho del calendario, que no para de sumar y llegó ayer a un día esperado.
Poco importó la caída frente a Vélez, un rato antes. Las razones del corazón le ganaron a cualquier lógica, las pantallas colgadas contra el sector de palcos de la cancha de Boca retrataron cada instante de gloria, cada uno de esos segundos inolvidables. Dígase el gol de Diego a Fillol, en el ´81; o el boinazo de Varela a los millonarios, en la década del ´40. O cada una de las tantas vueltas olímpicas de la mano de Carlos Bianchi; o ese zapatazo del Chino Benítez que le abrió la puerta al Metropolitano de 1976.
Tanta alegría no cabe en una única noche, y por eso la fiesta quedará grabada en cada retina. Felipe se trepó un poquito más todavía a las puntas de sus pies, y revoleó el buzo bostero que lo abrigaba. La noche de otoño se hizo puro calor, el reloj marchó a contramano por un rato, la nostalgia no le quitó espacio a la esperanza: porque fusionados estaban Pancho Varallo y Gago, Ormazábal y el Tano Vicente Pernía.
El pibe soltó la mano de su padre, y los dos están saltando, y la Bombonera se mueve, o late, quién lo sabe. Más allá, un hombre que pasó los 70 revisa su mente y se instala por una vez en el ´62, cuando Boca pegó uno de sus gritos; una mujer, de unos treinta y pico, asegura que para ella, nadie como Batistuta. Y Felipe canta, y trata de recordar todas las letras para seguir cantando, y todo lo asombra; es mágico estar ahí, cien años después.
La presencia campanense
Unos doscientos hinchas de Campana, participaron de la fiesta del Xentenario de Boca, además un grupo de la Peña ¨Campana es de Boca¨, desfiló con una de las antorchas que formaron parte del festejo.
Encabezados por el presidente de la Peña, Mario Krauchuk, los campanenses participaron del festejo junto a los demás integrantes de las peñas xeneizes de todo el país y el exterior.
Parte de la hinchada que llegó desde nuestra ciudad.



