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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 23/abr/2005 de La Auténtica Defensa.

DESDE EL VATICANO HASTA ECUADOR
Especial por Martín Hermida




Buenos Aires (especial de NA por Martín Hermida) -- Por razones muy distintas, El Vaticano y Ecuador se convirtieron en los últimos días (y seguirán siéndolo en los próximos) en el centro de las miradas de una gran cantidad de países, entre ellos la Argentina, que comenzó a mover sus fichas para posicionarse frente a las situaciones planteadas en estos tableros.

El mundo entero miró hacia El Vaticano obviamente por la elección del nuevo Papa, Benedicto XVI, y hacia allí puso proa el presidente Néstor Kirchner, para cumplir lo que había prometido cuando arreciaban las críticas por su ¨faltazo¨ a las exequias de Juan Pablo II: que estaría presente en la misa de asunción del nuevo Pontífice.

Con el alemán Joseph Ratzinger en su nuevo traje de máxima autoridad de la Iglesia Católica, el Gobierno de Kirchner empezó a imaginar cómo será de ahora en más la relación con El Vaticano, por cierto bastante agitada en los últimos tiempos del Papado de Juan Pablo II, a raíz del sonado ¨caso Baseotto¨.

La tarea está, en parte, en manos del embajador ante la Santa Sede, Carlos Custer, un hombre proveniente del sindicalismo, profundo conocedor de la Doctrina Social de la Iglesia y admirador del Papa Karol Wojtyla.

Para Custer hay un punto a favor: sus principales contactos a su llegada a Roma (en enero de 2004) los había hecho con el secretario de Estado del Vaticano (el número 2 de la Santa Sede, algo así como el ¨primer ministro¨ del Papa), el cardenal italiano Angelo Sodano, y el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de esa Secretaría; ambos fueron ratificados en sus cargos por el Papa Benedicto XVI a sólo dos días de haber sido elegido por el Colegio Cardenalicio.

¿Qué significado tiene esto para la Argentina? Por un lado, que no hará falta aceitar nuevos contactos ni establecer nuevas relaciones en la poderosa Curia romana; por el otro, que la conducción de la Santa Sede no se moverá un ápice en ciertas cuestiones de fondo, que antes enfrentaron (y aparentemente seguirán enfrentando) al Vaticano con la Argentina, como por ejemplo el caso Baseotto, a raíz del enfrentamiento del obispo castrense con el ministro de Salud por su postura favorable a la despenalización del aborto.

La estrategia del Gobierno, para algunos funcionarios, está clara: un hombre del gabinete admitió en voz baja que ya se consensuaron nombres con los obispos argentinos para presentarle al Vaticano una breve lista de posibles reemplazantes de monseñor Baseotto al frente de la Vicaría Castrense, con la intención de que allí decidan.

Claro que para que eso se concretara la Santa Sede debería aceptar desplazar a Baseotto de ese cargo (el de ser pastor de los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y sus familias) y nombrar a otro obispo en ese lugar, algo que es potestad exclusiva del Vaticano.

Eso es lo que no parecen entender algunos funcionarios, como el canciller Rafael Bielsa, quien dijo esta semana que la posición del Gobierno es ¨irreductible e irreversible¨ en el sentido de que Baseotto ¨jamás serᨠel obispo castrense.

¿Nadie le avisó al canciller que esa decisión está en manos de la Santa Sede y de nadie más?

Con ese escenario llega Kirchner al Vaticano, y mal que le pese a él y a sus hombres, todo indica que desde la Santa Sede no habrá una respuesta rápida para sus deseos de cambio en la titularidad del Obispado Castrense; presionar a una institución con dos mil años de historia no ha dado nunca buenos resultados.

Más allá de este problema, otro dolor de cabeza para el Gobierno es lo que ocurre en Ecuador: una situación que se presentaba como una encrucijada política derivó en una fenomenal crisis institucional, con un Congreso destituyendo al presidente Lucio Gutiérrez (en realidad un ex golipista que en el año 2000 había volteado a otro gobierno) e imponiendo a su vice, que lo había acompañado en la fórmula en las elecciones de fines de 2003 pero poco después se había convertido en un acérrimo opositor. Cualquier similitud con una novela de Gabriel García Márquez, es pura coincidencia. Cuando la situación comenzó a pasar de castaño a oscuro, se estaba desarrollando en Brasil una reunión de cancilleres de los países de la flamante Confederación Sudamericana (en la que no estaba Bielsa).

Igual hubo desde Buenos Aires febriles llamados a los demás gobiernos del Mercosur y un reclamo conjunto pidiendo que se ¨preserven¨ la democracia y la institucionalidad y que se respete ¨a los gobiernos elegidos por el voto popular¨.

¿Cuál es el principal riesgo que encierra la crisis ecuatoriana (que de hecho es recurrente, porque desde el 97 a esta parte ni un solo presidente elegido por el voto popular pudo terminar su mandato)?

Que la crisis se contagie y la sombra del fracaso institucional caiga sobre toda la región.

Suena quizás apocalíptico, pero lo piensan funcionarios de más de un país, incluídos los Estados Unidos. Es que no ha sido sólo Ecuador, sino que procesos similares (incluso con el repetido reclamo de que ¨se vayan todos¨) se dieron en Bolivia (con Gonzalo Sánchez de Lozada), Paraguay (Raúl Cubas), Perú (Alberto Fujimori), Argentina (Fernando de la Rúa) y Haití (Jean Bertrand Aristide).

La amenaza parece no poder alejarse nunca, como si fuera una maldición. ¿Podrán los pueblos americanos sacársela de encima algún día?


 
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