Buenos Aires (Por José María Suárez, especial para NA) -- Hace ya más de 15 años, el 14 de marzo de 1988, escribí y se publicó en un diario de La Plata una nota titulada ¨Sobre Técnicos hay poco escrito¨ con declaraciones de algunos de estos, generalmente ex jugadores que los días de partidos vociferan desde afuera del campo gritándoles a los actores como deben moverse para ganar los partidos que generalmente pierden, entre ellos las de Tim, el brasileño que conducía a los alegres ¨Carasucias¨ de San Lorenzo que ni siquiera abría la boca a la vera del terreno, observaba nomás y luego, en el entretiempo decía lo que tenía que decir, modificaba lo que entendía que debía modificar y otra vez a la cancha para retornar al silencio hasta el final del partido. En cambio, el ¨zorro¨ Osvaldo Zubeldía, el del muy exitoso Estudiantes de La Plata explicaba así su trabajo: ¨Yo no grito para dar indicaciones, todos saben muy bien qué tienen que hacer, yo grito para que los jugadores sepan dónde estoy, así juegan más tranquilos, ellos se sienten más seguros, me piden que grite pero, en realidad, no hace falta, durante el partido cada uno es su propio técnico y obedece las órdenes de su propia cabeza¨.
Pero cuando los jugadores juegan mal, al que echan es al técnico, no a los jugadores que no sirven, ni a los dirigentes que los contrataron. Y es lógico, para eso lo contrataron, para echarlo ante el primer o segundo traspié a favor que los hinchas no entienden más que de resultados y muy poco de responsabilidades y de sapiencia.
¿No es exactamente lo que está pasando hoy, pasó ayer y pasará mañana)?



