Buenos Aires, (Especial para NA, por José Calero)- Tras un año de cabildeos, el gobierno de Eduardo Duhalde parece haberle arrancado finalmente un acuerdo de corto plazo a una cúpula del Fondo Monetario que siempre desconfió de la Argentina.
Se notó que fue necesaria hasta una indisimulable y poco diplomática presión de los países del Grupo de los 7 para torcer la dura voluntad del dúo Horst Köhler-Anne Krueger, números uno y dos del organismo que parecían dispuestos a dejar a la Argentina librada a su suerte.
No es mucho lo que el Fondo se dispone a darle a la Argentina, pero al menos alcanzará para encarar una transición electoral sin demasiados sobresaltos desde el punto de vista financiero.
Apenas le dará un acuerdo "provisorio" que incluirá la reprogramación de pagos por unos 5.000 Millones de dólares con el FMI, y que de inmediato permitirá diferir vencimientos por otros 3.000 Millones con el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
A cambio exigirá un cumplimiento a rajatabla de metas fiscales, y que se mantengan las condiciones macroeconómicas presentadas por el equipo de Roberto Lavagna.
Este lunes, cuando la misión de técnicos del Fondo regrese a Washington, llevará un borrador completo del memorándum técnico que será aprobado el miércoles por el directorio del FMI dando vía libre a un acuerdo.
Esto permitiría evitar el default total de la Argentina, ya que dos días después, el viernes 17 de enero, el país debería hacer frente sí o sí a un vencimiento por 985,9 millones de dólares con el FMI.
Ese entendimiento incluirá metas fiscales y monetarias bimestrales, que el gobierno deberá cumplir y serán monitoreadas con lupa por el FMI.
- Dudas hasta el final.
Hasta último momento la máxima jerarquía del Fondo buscó dilatar el acuerdo con la Argentina, tal vez convencida de que era necesario estirar el escarmiento por haber declarado la cesación de pagos que le hicieron sentir al país durante todo un año.
La excusa para esa nueva demora era la incertidumbre sobre la situación política y el cumplimiento de un cronograma electoral. Pero, enterados de esta jugada, en el gobierno argentino decidieron salir a anticiparse, y esto explicó el raid del presidente Eduardo Duhalde por los medios para repetir todas las veces que hizo falta que las elecciones del 27 de abril próximo se hacen sí o sí, y que él se va el 25 de mayo.
Un rastro de lo que intentaron imponer Köhler y compañía quedó explícito en el comunicado oficial distribuido por el organismo: "La Argentina debería poner el foco en el logro de un claro consenso político", se incluyó en ese texto de una carilla.
- Pensando en el futuro. Los analistas sostienen que el apoyo otorgado por el FMI, a instancias del G7, que derivaría en un acuerdo a firmarse en los últimos días de enero, está más vinculado con el próximo gobierno argentino que con el actual.
La estrategia es dar a la próxima administración unos tres meses para cerrar un acuerdo de más largo plazo, y la capacidad de maniobra necesaria para organizar los primeros meses de gobierno. Por eso, en el FMI también observan el reposicionamiento que sufre el partido de gobierno del cual, según la mayoría de los analistas coinciden, también surgirá el futuro presidente. A esta altura, en el mundo de las finanzas calculan que son tres los candidatos peronistas que quedarán en la pelea final:
- Carlos Menem: viejo conocido del FMI, el caudillo riojano firmó varios acuerdos con el organismo y fue presentado por su entonces titular, Michel Camdessus, como un modelo a seguir.
- Néstor Kirchner: el gobernador santacruceño que recibiría el apoyo de Duhalde y que despierta dudas en sectores conservadores de Washington, porque temen un giro populista en la Argentina.
- Adolfo Rodríguez Saá: el más temido por el FMI por haber declarado oficialmente el default y por considerar un enigma su pensamiento político.
Con este panorama, todo indica que hay sectores del Fondo y del sistema financiero que apuestan fuerte a un triunfo del menemismo.
Y es así que las trabas impuestas por la jerarquía del Fondo para arribar a un acuerdo con el país levantaron sospechas en el gobierno, y hasta llevó a algún duhaldista a acusar a economistas del menemismo de difundir en Washington versiones alarmistas sobre el futuro del programa económico que pilotea Roberto Lavagna.
En medio de idas y vueltas, la Argentina continúa despertando dudas para la comunidad financiera internacional.
La cesación de pagos, pero especialmente el corralito, que constituyeron una clara violación de la propiedad privada y la seguridad jurídica, no se olvidan en los centros financieros internacionales.
Y ese será uno de los principales lastres que deberá enfrentar la administración que asuma el 25 de mayo próximo.



