Esta semana apareció en la tapa del diario La Nación una nota del filósofo e historiador danés Mikkel Borch Jakobsen anunciando el fin del psicoanálisis. Nunca habíamos leído sobre él, pero cuando nos sentamos a pensar, nos dimos cuenta que algunos de nuestros consultantes nos habían preguntado a ambos y que obviar esa tapa era casi imposible.
Coincidimos que la nota parece más interesada en discutir la figura emblemática de Sigmund Freud y la crítica, a nuestro juicio está cargada más de envidia ante la profundidad de un pensamiento creativo y original que de propuestas acerca de cómo paliar el sufrimiento humano.
Al día siguiente, las respuestas no se hicieron esperar y pusieron su foco en la práctica llevada a cabo por muchos años en instituciones públicas y en condiciones muy diferentes a las prácticas de los consultorios y sin embargo eficaces a la hora de ¨meterse¨ de lleno en los conflictos, revolver y resolver los síntomas, respetando la condición de ser humano de las personas que sufren por lo que les acontece, y que no tiene que ver con problemas concretos que políticas y planes sociales puedan resolver, sino más bien con ¨severos padecimientos del alma¨.
La teoría de la que habla Freud es un desarrollo meduloso de un pensador que llevó adelante ideas originales a través de toda su vida y en su obra expresa los vaivenes de su práctica y de su pensamiento.
Claro está que seguir la lectura no es nada simple; nos propone acompañarlo en un sinfín de idas y vueltas, mientras despliega sus ideas. No las plantea como verdades absolutas sino como planteos que lo van conformando y a los que cambia o rectifica en la medida que el hilo de sus pensamientos lo requiere.
Claro que es difícil de entender que su obra es un desarrollo de más de cuarenta años, en los que mediaron dos guerras mundiales y una capacidad asombrosa para mantener la cordura en el medio del horror.
Y hoy su creación sigue vigente y nadie lo pasa por alto. La mayoría de escuelas y tendencias terapéuticas surgieron y se alimentaron a partir de las ideas freudianas y aunque sea para criticarlo, es muchas veces más nombrado que realmente leído. Creemos que sucede porque su simiente se esparció y sigue vital.
Aún así, estamos convencidos que las críticas tan encarnizadas esconden las más profundas envidias y no nos permiten expresar lo más valioso, que es lo que de creatividad propia, cada uno podamos tener.
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