Buenos Aires (especial para NA por José María Suárez) -- En estos momentos que tanto se vuelve a hablar de la violencia en estadios deportivos, de esa violencia que da lugar a la convocatoria de reuniones con asistencia de altos miembros de distintas ramas particulares y oficiales que hablan mucho y resuelven poco, de los que ruegan por lo bajo que el ¨negocio¨ de la violencia no se acabe nunca, como si se trata de tirar la línea para usufructuar el pescar en río revuelto para beneficio exclusivo de sus faltriqueras, considero útil recordar que alguna vez existió quien hizo de su vida periodística una lucha diaria y permanente contra la corrupción, el vandalismo y el ¨chanterío¨, como proponer una cosa y hacer todo lo contrario, por resultar esta antinomia más propicia para los intereses particulares de los proponentes.
Cierto día Dante Panzeri, nombre del periodista de marras, criticó agriamente a un grupo de oficiales de la policía que obedeciendo ¨órdenes superiores¨ no había intervenido para poner fin a los actos de violencia ocurridos en un estadio de fútbol.
En esa oportunidad, refiriéndose al jefe de la repartición, Panzeri lo calificó como ¨el primer contrabandista de la sociedad¨ por considerar que un funcionario del Estado, pagado por la población para defenderla de los sinvergüenzas, no cumplía con sus responsabilidades.
Enterado el jefe de la Policía Federal, éste lo mandó a llamar a Panzeri de inmediato para exigirle explicaciones por la acusación.
Panzeri concurrió al Departamento Central con un montón de carpetas que colocó sobre el escritorio del jefe y comenzó a ofrecer las explicaciones exigidas y a leer recortes, apuntes y probanzas.
El jefe policial declaró después: ¨Créanme que me hizo cambiar de opinión. Mozo inteligente este Panzeri y además valiente, a los cinco minutos de estar frente a mí me golpeaba la mesa con el puño¨.
A raíz de las denuncias de Panzeri en la citada reunión, durante el domingo siguiente fueron encarcelados en el Penal de Villa Devoto, por orden del jefe de Policía, entre 40 y 50 delincuentes disfrazados de hinchas o simpatizantes de determinado club. ¨Y estarán 30 días adentro sin posibilidad de redención por multa¨, subrayó el jefe policial a la prensa.
Los 40 o 50 hinchas, miembros de la ¨barra brava¨ de un club de fútbol, se tragaron no más de 30 días de encierro en Devoto como consecuencia de una reunión sencilla de dos personas cumplidoras de deberes, un periodista y otro policía.
No hizo falta que se convocara a un congreso nacional o internacional alguno, no hizo falta que se organizara una conferencia de prensa previa para dar a conocer el programa del congreso, no hizo falta la presencia de altas autoridades nacionales, provinciales y municipales preocupadas por el tema, ni de importantes legisladores autores de leyes especiales para combatir y erradicar la violencia.
Tampoco hizo falta la presencia de caracterizados periodistas deportidos, ni famosos dirigentes de fútbol de los más grandes clubes de la AFA, que prestarían su apoyo masivo a la campaña que apunta a la desaparición de una lacra ¨que tanto daño provoca al deporte y a la imagen del país¨.
Sólo bastó que dos enamorados de sus deberes actuaran como se debe actuar.



