Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) - Pese a las buenas y numerosas noticias que siguen arribando desde la economía, la endemoniada dialéctica electoral mantiene al Gobierno con los guantes calzados, arrojando golpes en diversas reacciones. Sorpresivo: aun cuando las números están alineados en una excelente conjunción astral muy parecida al célebre círculo virtuoso con que sueñan los economistas, la Casa Rosada se sigue mostrando como cuartel general de una retórica tan belicosa que desconcierta. Conviene hacerse estas preguntas: ¿a quién y para qué pega el Gobierno?
Indignación virulenta provocó en la Casa Rosada, por ejemplo, que la Cámara de Diputados votara en contra de la orden oficial de darle vía libre a las ejecuciones judiciales por hipotecas de vivienda impagas.
En verdad, todo fue más delirante que lo imaginable. El Gobierno sabía que se trataba de ganar 120 días para que el ministerio de Economía armara definitivamente un esquema de salida del conflicto, que se arrastra desde 2002 por la pesificación. Esa ley integral venía demorada, el Ejecutivo lo sabía y lo único que se necesitaba era que el Congreso operase como un escenario de armonización, para evitar que más de diez mil familias se quedasen en la calle. Esto implicaba un acuerdo con los integrantes de la Cámara.
Para el Gobierno conseguir acuerdos en sede parlamentaria es el peor de los tabúes. Era solo una cuestión de frenar los remates de vivienda, pero en la Casa Rosada querían impedir a toda costa la foto del peronismo votando al unísono, desde la tropa de Kirchner hasta la tropa de Duhalde. El gobierno prefirió la derrota parlamentaria. De inmediato, desde la Jefatura de Gabinete se aplicó la medicina proverbial para estos casos: el Congreso es una "maquina de impedir" dijo Alberto Fernández.
Además, en tono objetivamente sombrío, pronosticó: esto se termina el 23 de octubre.
En síntesis: para el presidente Kirchner la epopeya electoral consiste en instalar en el Congreso una densa e irreductible capa de diputados que oblitere la capacidad legislativa de actuar independientemente como uno de los poderes de la Constitución.
En la siempre sorda pero indesmentible puja de las espadas de Kirchner por superar al de al lado en floripondios e invectivas, Rafael Bielsa, que finalmente no se tomó licencia ninguna y sigue siendo candidato oficialista y canciller sin solución de continuidad, dijo que lo votado por el Congreso, donde convergieron justicialistas, radicales, aristas, marxistas y provinciales, revelaba el final y la decadencia de un "régimen", del que todas esas fuerzas serían cómplices.
¿Quiénes se negaron a dar quórum? Los kirchneristas y los diputados de Mauri(z)io Macri, como lo llaman en el Gobierno.En la vida cotidiana, todo parece indicar que el actual Gobierno se comporta de manera leal con las instituciones, pero en una lectura más minuciosa esto se revela así solo cuando no encuentra significativas objeciones de peso en los otros poderes. El peronismo parlamentario ha apoyado de manera blindada, sólida y sin fisuras a su gobierno desde el 1º de enero de 2002. El voto del 28 de septiembre en Diputados fue el primero adverso a Kirchner en los 850 días que llevaba en el poder hasta ese momento.
"La contrapartida de la localización del poder en la figura del Presidente es la minimización de los poderes que están fuera de él" explica Juan Carlos Portantiero, uno de los sociólogos fundamentales de la Argentina contemporánea. Enfatiza la sostensible diferencia que se observa entre la retórica ideológica y los hechos concretos, como por ejemplo la coincidencia de Macri y Kirchner en no dar quórum en Diputados: "el Gobierno es mucho más radicalizado en su discurso que en sus actos. Uno lo ve al Presidente o a sus voceros desencajados enunciando cosas y después hacen otras" puntualiza Portantiero.
Hay también una chocante exportación de la aldeana minucia inter-peronista a los avatares internacionales: el Dr. Kirchner se escabulló rápidamente de Brasilia en la mañana del viernes 30 para evitar encontrarse con Eduardo Duhalde en la Primera Cumbre de Jefes de Estados de la Comunidad Sudamericana, una meta nacional y popular a la que el oficialismo había adherido en alta voz, pero que terminó convertida para el argentino en una nueva ocasión para desairar al presidente Lula como parte de su litigio con Duhalde.
En Córdoba, donde volvió a exhibirse con José Manuel de la Sota, Kirchner cargó contra los diputados duhaldistas, a los que estigmatizó por practicar ¨la cultura del apriete¨ para la sanción de leyes. Dijo que prefiere ¨no sacar ninguna ley¨ si para ello debe ¨violar principios éticos¨.
Junto a De la Sota, Kirchner acusó a esos legisladores que -dijo- hacen que ¨reviva la vieja política¨, en la que ocurrieron cosas ¨tan inmorales¨ en la ¨sanción de tantas leyes¨ porque los legisladores le decían al gobierno de turno: ¨te ayudamos si nos das esto o aquello¨. Enseguida, y sin reticencias, pidió nuevamente que voten al kirchnerismo en las próximas elecciones. "Quiero legisladores que estén al servicio de la patria, con honestidad y decencia, y legislando como piensan¨, pero, además, pidió que los legisladores que resulten electos ¨no me condicionen con cosas que no corresponden¨.
Lo curioso y paradojal de la coyuntura argentina a tres semanas de una módicas elecciones legislativas que no cambiarán nada sustancial y que son cualquier cosa menos la apocalíptica batalla plebiscitaria que imaginó el Presidente hace seis meses, es que hoy es evidente el soliloquio del poder. Nada parecen influir los récords en la Bolsa, el fulminante record de las exportaciones y la esparcida convicción de que todo va mejor en materia económica. La conducta del poder político se exhibe más a la defensiva que desde la serena exhibición de los logros. Todo indica que éste es un país donde hoy parece gobernarse en solitario con militante desprecio por aquello que no se puede comprimir dentro de los parámetros oficiales. Como admite Portantiero, además de dos grandes partidos (justicialistas y radicales) "en estado de temblor interno", hay un líder (Kirchner) que "quiere emerger como la figura capaz de coordinar todo el sistema político bajo su dominio".
Por eso, ante una variable absolutamente normal en toda democracia republicana relativamente estable, como lo es un proyecto presidencial rechazado por el poder legislativo, en el Gobierno se fulmina con severas y monumentales acusaciones de desestabilización a quienes operan de otra manera. Si no fuera porque es verdaderamente preocupante, lo que resulta hasta divertido de la Argentina 2005 es que las autoridades nacionales se comporten como si estuviesen defendiendo de manera heroica una pequeña y humilde ciudadela, rodeada de amenazantes contubernios, cuando todo parece sugerir que la actual batahola entre peronistas se desactivará grandemente dentro de 30 días. No es pequeña ni irrelevante la simbólica coincidencia de esta semana: De la Sota y Chiche Duhalde ya dijeron que, luego del triunfo justicialista del 23 de octubre, la reelección del Dr. Kirchner en 2007 sería inevitable.



