¿Por qué es tan difícil despertar el compromiso de algunos alumnos hacia el aprendizaje?
Es importante saber que aparentes problemas de conducta o desmotivación son tan solo situaciones que encubren en realidad problemas de aprendizaje.
Gorman sugiere al respecto, que las dificultades de aprendizaje pueden producir problemas emocionales, haciendo que sean estos últimos los más evidentes. Por lo general, los alumnos desean aprender pero pierden el interés cuando perciben que no avanzan al mismo ritmo que sus compañeros y que obtienen rendimientos deficientes.
Estas experiencias podrían generar depresión, inseguridad, estrés, ansiedad, frustración o despertar en los alumnos dudas sobre su propia capacidad. Probablemente llegarán a creer que sus esfuerzos son insuficientes para influir sobre sí mismos o sobre el sistema, creando dificultades de autoafirmación, pesimismo y baja autoestima.
Cuando esto ocurre, Covington afirma que los estudiantes pueden sentir que son incapaces de obtener éxitos académicos y, por tanto, desistir en sus esfuerzos escolares, colocando en el centro de su preocupación las dificultades. Tratarán entonces de ocultar las contrariedades a través de diferentes estrategias.
Por ejemplo, podrán rehusarse a participar en actividades curriculares en las que esperan tener bajos rendimientos o perder el tiempo para no concluir
los ejercicios. En otras ocasiones interrumpirán la clase molestando a los compañeros, contando chistes o comportándose en forma rebelde. De esta manera, desviarán la atención del docente desde sus dificultades académicas hacia sus problemas de conducta.
En última instancia, para ellos será menos penoso pasar por alumnos ¨vagabundos¨ o ¨desobedientes¨ que poner en evidencia sus dificultades y enfrentar el rechazo o la burla. Estas dificultades emocionales pueden incrementar las dificultades de aprendizaje, pues los sentimientos de depresión y ansiedad entorpecen o bloquean las capacidades para aprender.
Mientras tratan de estudiar, los alumnos que dudan de su capacidad son asediados por pensamientos y reproches negativos. No sólo enfrentan inconvenientes ante sus preocupaciones, sino que también lidian con los síntomas del estrés
Los estudiantes con problemas de aprendizaje no podrán aumentar su sentido de capacidad o motivación a menos que obtengan resultados satisfactorio y sus problemas tampoco podrán minimizarse si están continuamente atormentados por preocupaciones emocionales que les impidan concentrarse en las tareas académicas.
Ante esta encrucijada no queda más camino que atender ambas necesidades de manera conjunta. Los docentes deben esforzarse por establecer modelos de evaluación más individualizados, donde los estudiantes puedan valorar su desempeño no en función del rendimiento de los compañeros, sino en función del cumplimiento de diferentes objetivos personales apropiados a su potencial.
Los maestros deben conocer el nivel de capacidad, conocimiento, ritmo y estilo de aprendizaje de sus estudiantes con el fin de ofrecerles tareas académicas que representen retos que les permitan obtener éxito con una cantidad moderada de esfuerzo.
Cada docente puede ayudar a sus alumnos fomentando ambientes de cooperación antes que de competitividad. Un ejemplo es estimular a los educandos con bajo rendimiento para que se incorporen en actividades en las que consigan un mejor desempeño.
Por otro lado, la experiencia de aprendizaje debe presentarse como una oportunidad para aumentar la comprensión sobre el mundo e incrementar las capacidades y destrezas. Los errores son parte de esa ruta hacia el mejoramiento. Solo alcanza el éxito quien a pesar de los obstáculos aprende de ellos y los supera.
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