Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- Con una agenda que entremezcla en los primeros lugares casi por partes iguales temas políticos y económicos, el presidente Eduardo Duhalde cruzará la semana que viene la frontera con destino a Brasil, para mantener el primer encuentro de trabajo con su flamante colega Luiz Inacio Lula Da Silva, metido de lleno en el rol de gobernante del "gigante" de Sudamérica y decidido a imprimirle a su administración un papel "preponderante" en la región.
Si bien temas como el Mercosur y la situación política y económica de ambas naciones estarán en el primer lugar de la lista que repasarán los dos mandatarios y sus principales ministros cuando se encuentren en Brasilia, el martes que viene, no puede negarse que la reunión se producirá en un marco un tanto convulsionado por dos aspectos que aparecieron sorpresivamente en los últimos días: la discusión por la venta de Perez Companc a la brasileña Petrobras y las polémicas declaraciones del ministro de Ciencia y Tecnología del país vecino con respecto a la bomba atómica y la energía nuclear.
Con una jugada que rindió sus frutos, Duhalde logró algo de protagonismo y consiguió darle mayor aire a este encuentro: tras la acalorada jornada del primero de enero pasado, cuando Lula asumió al frente del Ejecutivo, el Presidente argentino declinó una invitación de su colega para reunirse en la sede gubernamental --como lo hizo con otros mandatarios como Hugo Chávez y Fidel Castro-- y de esa manera se acordó esta nueva cita, con más tiempo, mayor agenda y una presencia más numerosa de ministros de ambos lados de la frontera.
A raíz de la polémica por la venta de Perez Companc, fuentes del Gobierno admitieron que hubo intensas gestiones con funcionarios brasileños, que reclamaban airadamente por las declaraciones de Duhalde en el sentido de revisar parte de ese proceso.
Además, Brasil le hizo un reclamo al Gobierno, que finalmente fue escuchado, en torno al veto a la ley que prorrogaba el acuerdo de protección arancelaria en el sector azucarero hasta el año 2005.
Sobre ese punto, desde el Ejecutivo reconocieron que hubo fuertes reclamos de la Cámara que preside Jorge Zorreguieta y del gobernador tucumano, Julio Miranda, pero también hubo reparos desde la Embajada brasileña, que puso reparos a la ley. Al final, el Gobierno decidió vetar la ley, a favor de los acuerdos firmados con Brasil.
Junto a Duhalde, serán de la partida el martes próximo los
ministros Carlos Ruckauf, Roberto Lavagna y Aníbal Fernández, a quienes se sumarán el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, y los secretarios de Energía, Enrique Devoto --llamado a último momento a raíz del tema de la venta de Pérez Companc, que le interesa especialmente al Presidente argentino--; de Industria, Dante Sica; y de Cultura, Rubén Stella, también por una cuestión muy puntual: la búsqueda de una mayor "integración cultural" entre los dos países.
Sobre ese último punto, fuentes del Ejecutivo señalaron que Stella ya trabó lazos con el hombre encargado del área de cultura en la administración Lula, Gilberto Gil, y se trabajará con la intención de aprovechar un espacio todavía no explorado del todo y ciertas condiciones favorables que se dan en este momento --entre ellas hasta la paridad en el tipo de cambio de las dos monedas, el peso y el real-- para buscar una mayor "competitividad en la industria cultural".
El tema de la venta de Perez Companc a la gigantesca Petrobras --una operación todavía sujeta a un dictamen final de la Secretaría de Defensa de la Competencia, dependiente de la cartera de la Producción, pero por la cual los brasileños ya d esembolsaron en octubre pasado 750 millones de dólares-- podría convertirse en un dolor de cabeza para la delegación argentina.
Es que mientras se aguarda ese dictamen, en el Gobierno comenzaron a sostener que podrían plantearse objeciones a una parte de la operación, no relacionadas con la cesión de los derechos para explotar y explorar yacimientos de petróleo y gas en el país, pero sí con la venta de otras empresas del área energética, vinculadas a la generación de electricidad, al transporte de energía y gas y a la provisión de insumos como el etano, utilizado para la elaboración del PVC.
¿Por qué los cuestionamientos y la marcha atrás de los hombres del Gobierno? Básicamente porque señalan que sería más conveniente que el negocio del transporte de energía no quedara en manos extranjeras --por el temor a una injerencia importante de Brasil en la fijación de precios del gas o la energía eléctrica-- y porque afirman que el PVC que se produce en el Polo petroquímico de Bahía Blanca utilizando el etano provisto por una de las firmas controladas por Pérez Companc, justamente se exporta al país vecino.
Otro tema polémico, el de la "bomba atómica", también estará en medio de las conversaciones. El ministro brasileño Roberto Amaral había dicho que es necesario que su país "domine la tecnología necesaria para eventualmente producir hasta la bomba nuclear, incluso cuando no haya intención de producir la bomba en el horizonte inmediato".
Dos días después, Celso Amorim, el flamante canciller, dijo que hubo una mala interpretación de esas palabras y se esforzó por aclarar: "Nuestro interés es desarrollar energía nuclear para fines pacíficos, como la Argentina. Somos absolutamente respetuosos de los tratados internacionales que firmamos". Pero a pesar de ello, quedó en claro un punto: el Brasil de Lula no será meramente un espectador, sino un protagonista en toda la región.
También una prueba de ello es la propuesta que lanzó Amorim para ayudar a Venezuela, inmersa en una grave crisis institucional, planteando la creación de un Grupo de Países Amigos de Venezuela, una iniciativa de la cual también conversarán la semana que viene Duhalde y Lula.



