Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- El ministro Roberto Lavagna recibió del Banco Mundial un alerta de supuestos sobreprecios en algunos contratos de obras públicas y le adjuntó la advertencia de que podría recortar aún más los escasos créditos ya pactados, si no se encontraba una solución a este problema.
Acto seguido, el ministro habló "de la soga en la casa del ahorcado", y en una disertación que brindó en la Cámara de la Construcción, que alberga a contratistas de obra pública, sacó ala luz este problema.
Apareció, entonces, el malestar de los constructores y también del ministro de Planificación Julio de Vido, por el tránsito de Lavagna en terreno propio.
Lavagna y De Vido mantienen una histórica rivalidad por los espacios de poder y también por concepciones muchas veces discrepantes sobre el rumbo de la economía.
Ahora, sobrevoló la sospecha que detrás de las quejas del Banco Mundial se encontraba una nueva presión para abrir el juego de jugosa negociaciones con empresas de capital extranjero.
A partir de la denuncia que formuló en la CAC, arreciaron los rumores de renuncia de Lavagna, que se potenciaron durante el desarrollo del Coloquio de IDEA en Mar del Plata.
Cuando los empresarios más importantes del país deliberaban en esa ciudad, el presidente Kirchner volvió a cargar contra los supermercadistas por la indomable alza de precios.
Hay un convencimiento en la Casa Rosada de que entidades como IDEA albergan a aquellos que se oponen a la política económica.Pero, en realidad, los hombres de este instituto empresario tienen coincidencias con la economía, aunque sí cuestionan el estilo confrontativo del jefe de Estado.
De hecho, no son pocos los que están haciendo importantes negocios gracias al tipo de cambio alto.
Ante este nuevo enfrentamiento, la mayoría de los funcionarios del Gobierno se borraron de la lista de
participantes con el fin de alinearse con el Presidente, pero también dejaron en soledad al ministro de Economía.
Por su participación en el Coloquio, Lavagna quedó, en forma automática, en la vereda de los cuestionados por el Gobierno por los aumentos de precios.
La jugada del ministro no deja de tener sus riesgos si se tiene en cuenta que el tema precios está quitándole cierta dosis de su fortaleza política.
Y es así porque, desde el respaldo que Kirchner recibió en la urnas el 23 de octubre, está ganando espacio el criterio de que el jefe de Estado es el padre de los logros económicos de los últimos tiempos, mientras que el ministro queda como el responsable de la inflación.
Por lógica, nadie asume la responsabilidad del preocupante rebote de precios.
La posición de Lavagna, entonces, tiende a enflaquecer y esto da paso a sus críticos para "cascotearle el rancho".
El cegetista Hugo Moyano y empresarios pymes, todos de diálogo fluido con la Casa Rosada, lo acusaron de no encontrarle la vuelta a la escalada de precios.
Los ruralistas y representantes de la cadena agroalimentaria lo castigan por los aumentos de retenciones a las exportaciones.
Y hasta el presidente del Central, Martín Redrado, le disparó fuerte cuando criticó al Impuesto al Cheque, un tributo que Economía se niega a rebajar por constituir unos de los pilares del superávit fiscal.
Demasiados embates para tan pocos días y para una posible víspera de inicio de negociaciones con el FMI, ya que está tomada la decisión de tratar de avanzar hasta que se pueda.
Esto dependerá de que el organismo no insista con sus históricas "condicionalidades" se podría cerrar un acuerdo.
En caso contrario, se piensa en pasar también el año próximo sin acuerdo, y pagando los vencimientos con recursos propios y hasta con alguna ayuda externa que podría venir de Venezuela.
Pero, no fue sólo Lavagna quien sufrió embates de distintos frentes, ya que también rozaron al jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
En este caso, trascendió una maniobra para correrlo a la Cancillería, cuando Rafael Bielsa vaya al Congreso, ante la presión de los cada máS fortalecidos "pingüinos", que quieren a uno de los suyos en el despacho pegado al del Presidente.
Es que los sureños pretenden comenzar ya con el diseño de la plataforma que permita al presidente Kirchner pensar en la reelección en 2007.
El fogonero de definir la estrategia es el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini, siempre distante del jefe de ministros.
Estos movimientos se comenzaron a dar porque en poco menos de un año se lanzará la campaña para las elecciones presidenciales.
Aunque, mucho antes, y en forma más urgente, habrá que encontrarle soluciones a temas acuciantes como el aumento de los precios.
En caso contrario, nada ni nadie podrá hacer elevar el barrilete de la ilusión del presidente, de lograr la reelección para un nuevo período en Rosada.



