Buenos Aires (Especial para NA, por José Calero) -- Si de algo está convencidísimo el Gobierno -léase el presidente Néstor Kirchner- es de que la única forma de alcanzar logros en materia económica es apelando al mecanismo de la presión permanente, no importa si enfrente están la burocracia del FMI, los hipermercados o los productores de carne.
En la lógica kirchnerista, el Estado debe aplicar todo el peso de su poder para hacerle entender al sector empresario que primero está el interés general y luego la rentabilidad personal.
Recién cuando se acepte esa imposición, llegará el ¨premio¨ de compartir la foto en Casa de Gobierno y mostrar los acuerdos alcanzados.
Esta forma de operar, admitida por quienes están cerca de Kirchner desde que manejaba los destinos de la provincia de Santa Cruz, quedó en evidencia en los últimos días y, si bien permitió mostrar logros, encuentra al más alto poder del Estado caminando por un delicado filo.
Tras acusar a los supermercadistas Alfredo Coto y Horst Paullman (Jumbo) poco menos que de ser responsables de las ¨siete plagas¨, Kirchner los recibió con una sonrisa y un apretón de manos en Casa de Gobierno, luego de que los hipermercadistas se mostraron permeables a anunciar una rebaja de precios.
Los empresarios -desorientados por el estilo ¨K¨- no tuvieron más remedio que bajar la cabeza y priorizar la subsistencia de sus negocios.
Entonces, nos reconciliamos¨, intentó matizar Coto en su encuentro cara a cara con Kirchner luego de los ¨sopapos¨ recibidos.
¨Sí, pero siempre y cuando hagas lo que yo digo¨, fue la respuesta que, palabras más, palabras menos, le dijo un presidente dispuesto a no dar un paso atrás ni para tomar impulso.
Semejante paraguas protector le permitió a la ministra Felisa Miceli arrancar con buen pie su delicado reemplazo de Roberto Lavagna.
Las dos empresas lácteas más grandes del país aceptaron rápidamente bajar precios, los hipermercados y el resto de las alimenticias disminuyen los valores de más de 200 productos, las pymes apoyan, y todo indica que seguirán desfilando sectores empresarios deseosos de cobijarse al calor del poder.
La capacidad de reacción presidencial sorprende aún a los empresarios curtidos en esto de lidiar con el poder.
Un episodio pinta esta realidad de cuerpo entero: habían pasado pocas horas luego de que se trabara el acuerdo por la carne y Miceli llevó sus penas a la Casa de Gobierno.
En pocos minutos, Kirchner decidió volver a subir las retenciones y les hizo llegar a productores y frigoríficos un mensaje claro. ¨Arreglen la rebaja de precios y dejamos sin efecto la medida¨, fue la advertencia que llegó a oídos de los hombres de la carne.
El presidente busca dar señales contundentes de que no le temblará el pulso para aplicar todas las herramientas con las que cuenta, con tal de disciplinar los precios.
Está convencido de que si logra poner en caja esa variable, el camino económico del 2006 estará allanado y habrá tranquilidad para su administración.
Kirchner asumió el control total de la política económica y, como hizo en las últimas elecciones, plantea cada cuestionamiento como un disparo dirigido directamente a la columna vertebral de su gobierno.
Semejante estrategia encierra un riesgo: que cada traspié económico no tenga a Miceli como pararayos e impacte directamente en la Rosada.
Pero el presidente parece cómodo con esta nueva situación, derivada de la decisión de correr a Lavagna de la escena.
Diciembre es un mes clave, porque el Gobierno necesita mostrar una fuerte desaceleración de los precios, que termine con las expectativas inflacionarias que vinieron instalándose desde mediados de año.
Es una parada brava porque el último mes del año suele ser complicado en materia de precios por el incremento de la demanda que empujan las fiestas.
Pero Kirchner confía en que la fuerte rebaja de productos clave de la canasta familiar permitirá mostrar una inflación muy por debajo del 1 por ciento esperado.
Una vez que logre poner en caja los precios, llegará el segundo turno de la estrategia económica: reclamarle a los principales empresarios que salgan a anunciar inversiones para sostener el crecimiento económico, y a otros que empiecen a traer su dinero del exterior.
En esa lógica se inscribe la línea de créditos por 4.500 millones de pesos que lanzó el Banco Nación para que las industrias inviertan.
Como hay cuestionamientos empresarios por el ¨elevado¨ interés de esos préstamos, la línea será complementada con más subsidios de tasa que manejará la secretaría de Industria a cargo de Miguel Peirano, uno de los funcionarios ratificados en el gabinete económico que se está convirtiendo en un puente cada más aceitado entre Kirchner y los sectores fabriles.



