Cayó el sol anaranjado sobre el molino aquel. Siluetas agurisadas, bajaron la última calle de barro hasta lo del Hugo: -¡La casa es chica, pero el corazón es grande!; adelante.
El padrón de los soñadores se abrió sobre la mesa de vidrio, mientras, la sonrisa de un nuevo nombre se refleja en banderones de franjas bicolores, de lentejuelas y de trajes señoriales.
Parches de sueños nuevos, que no son tan nuevos, pero que siempre quedaron para el futuro. Murga de barrio alejado, que no está en el centro, pero sí adentro.
Cantáme y contáme con razón, al corazón; de niños y de derechos, que yo te escucho. Contáme y cantáme al oído que yo te bailo, te acompaño con saltos y patadas, con cabezones y redoblantes.
Y como en un mano a mano, murga querida, yo te sigo bailando y vos me emparchás la vida.
Charly Schneider



