Buenos Aires (especial para NA Pepe Eliaschev) - Excitación. Sorpresa. Audacia. Confidencialidad. Impacto. Riesgo. Apuesta. Heterodoxia. Emotividad. Tensión. La Argentina tiene dificultades para preparar las fiestas de fin de año con la supuestamente aburrida serenidad de los países en lo que aparentemente "no pasa nada". Acá no: la tentación a la epopeya se ha vuelto a mostrar como insuperable.
Kirchner tapizó la mesa con sus fichas. Incontenible, hizo una jugada que no solo –como se ha dicho- es audaz y peligrosa: hay en ella la semilla de un proyecto magno que espera coronar en 2007, el año que debe ser el último de su mandato. Quiere sentar las bases de un pacto nacional que funde de nueva a la Argentina, sobre unas bases que viene diseñando a partir de mayo de 2003. No anda empapado de menudencias: su sed de historia es visible y no es ilegal. La Argentina se ha hecho de un presidente con marcado apetito por la gesta transformadora de amplio y profundo espectro.
El anuncio del pago anticipado de la deuda con el Fondo Monetario Internacional tuvo la marca registrada de la gestión K: características verticales y una confidencialidad exitosa que sorprendió a los medios, además del protagonismo exclusivo y excluyente del Presidente. En las entrañas del poder debe producir regocijo y ratificación infinita el escenario exitoso que surge de las operaciones en las que los alcances de las decisiones oficiales se evidencian como resultado de una organización compacta.
Otro rasgo interesante: Kirchner aprecia sobremanera actuar como si no hubiera escalones previos en tu llegada a la cima. Así como se encargó de retratar con las más gruesas pinceladas de puro vitriolo a los antecedentes y las conductas del Fondo hasta la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, nada dijo en cambio del período que va del 20 de diciembre de 2001 al 25 de mayo de 2003.
Los números retratan un panorama de dimensiones colosales en materia de cumplimiento de obligaciones. En los cuatros años que pasaron desde el derrumbe de la Alianza, los gobiernos de Duhalde y Kirchner han pagado casi 19.000 millones de dólares al Fondo, a los que se deben sumar mas de 6.000 millones a los bancos Interamericano y Mundial, para un total de 25.000 millones abonados.
Según la consultora EGES, el stock de deuda pasó de representar el 122 por ciento del Producto Bruto Interno al 66 por ciento, niveles más cercanos a los recomendados por las normas internacionales. Pero un análisis mas detallado exhibe un fuerte cambio en la composición de la deuda, asociado a los resultados del canje: los compromisos emitidos en moneda extranjera cayeron casi un 52 por ciento, mientras que –en sentido inverso- los de moneda nacional subieron casi el 200 por ciento.
Además, si se comparan el monto de la deuda con las exportaciones, la deuda pasó de representar el 542 por ciento al 330 por ciento de lo que la Argentina le vende al mundo: si este país consagrara todos los recursos de las exportaciones al pago de la deuda, en poco más de tres años se terminaría de pagar lo que debemos, cuando en 2001 se requería el total de las ventas de cinco años y medio.
Otro dato sugestivo: los intereses de la deuda como porcentaje de la recaudación fiscal cayeron del 22 por ciento de 2001 al 10 por ciento ahora, revelando que la reducción de la deuda se asoció con una reducción de los pagos de intereses, con los cuales los recursos de la recaudación impositiva son más disponibles para el Estado. Según el Ministerio de Economía, la deuda pública bruta alcanza hoy los 126.466 millones de dólares.
No puede obviarse que la mayor parte de la deuda corresponde a títulos públicos, que representan casi el 48 por ciento del total y de los cuales el 45 por ciento están emitidos en pesos y el 55 por ciento en divisas extranjeras. Los organismos internacionales son los segundos acreedores más importantes, ya que representan en total un 21,6 por ciento, o sea cerca de 27.500 millones de dólares.
Entre los organismos a los que les debía la Argentina antes del anuncio de Kirchner, el FMI tenía casi el nueve por ciento del total de deuda), el Banco Interamericano de Desarrollo casi el siete por ciento y el de Reconstrucción y Fomento casi el seis por ciento. La tercera acreencia más importante es la simbolizada por los préstamos garantizados, que alcanzan a casi el 12 por ciento del total de la deuda, mientras que lo restante se divide en deuda garantizada (nueve por ciento), adelantos del Banco Central (cuatro por ciento), organismos oficiales (dos por ciento) y otros ( cuatro por ciento).
No puede negarse que fue la decisión brasileña, tomada antes que la Argentina, lo que disparó el cálculo de oportunidad de Kirchner. La luz verde de Brasil se unió con la aprobación del Congreso argentino del presupuesto para 2006.
Autonomía de cara al FMI y exhibición de dureza política para preservar una estrategia de alto superávit fiscal alto: así puede resumirse uno de los ejes estratégicos del anuncio presidencial.
¿Lo positivo? Ahorrarse el pago de los intereses, lo cual no quita que la Argentina deja de cobrar intereses por sus reservas colocadas en bancos extranjeros. Felisa Miceli opina que hay ahorro neto: la tasa de interés de la deuda con el FMI es superior a la tasa cobrada por la inversión de las reservas.
Parece algo similar a la decisión brasileña, pero hasta ahí no más: Brasil abona con dólares más baratos y la Argentina con dólares más caros.
Desaparece la deuda con el Fondo, pero se mantiene la deuda pública total, ya que, eliminado el FMI como acreedor, aumenta la deuda del Gobierno con el Banco Central. Se sabe: son situaciones diferentes deberle dinero al propio Banco Central que a los funcionarios de Washington. Con el Central, la deuda será de vencimientos más largos que los existentes con el FMI. No sería imposible que cuando empiecen a vencer esos plazos se puedan renovar sin problemas insolubles.
No se rompe con el Fondo. El país no se borra y no se desafilia del FMI. Rodrigo Rato, su director general, exhibió felicidad ante la decisión de Kirchner. No sorprende, ya que en julio de 20005 le había aclarado a la Argentina que debería pagar su deuda con las reservas del Banco Central.
Así, pagándole de manera anticipada al FMI, Kirchner se queda con más dinero para pagar el resto de la deuda denominada en distintos bonos y con los otros organismos financieros, como el Banco Mundial y el BID. Se entiende, así, que el sector financiero y los acreedores hayan avalado la decisión del Gobierno. Desde la Casa Rosada se empeñaron en subrayar que la mayor recaudación fiscal será para el llamado Fondo Anticíclico, dinero a utilizarse para recomponer reservas y para ir haciendo los pagos del resto de la deuda. Se especula con que mejorará la cotización de los bonos por la mayor seguridad de pago.
Otra conjetura que viene arropada en una gran certidumbre: se preservarán el dólar alto y las retenciones a las exportaciones, para certificar el superávit fiscal. La industria juzga muy valioso este compromiso, ya que al adquirir reservas, la moneda de los EEUU podría subiendo de cotización de modo paulatino.
El Presidente se rodeó para esta ocasión de todo su gabinete, de los gobernadores y de expresiones del movimiento de derechos humanos, pero, fiel a su innegociable doctrina de desprecio a los partidos políticos, no consideró necesario convidar a la oposición a participar de lo que se debería considerar como una política de Estado. ¿Conferencias de prensa? Ni modo: esa tarea, y a medias, quedó para Miceli y Redrado.
Fulminante, políticamente musculoso y con la convicción inalterada de que su modo de ejercer el poder está determinado por las rotundas afirmaciones de su soberanía presidencial, Kirchner ratificó que apuesta muy fuerte y que no lo hace con monedas. Necesitará ahora buenos vientos y una masiva cuota de austeridad fiscal y presupuestaria para cabalgar los jinetes del tiempo por venir. Al ver tanto dinero pagado de golpe, hay mucha gente que se preguntará cuando la fiesta los incluirá a ellos.
Fernando de la Rúa acercó su elogio a Kirchner el viernes: "esto es solucionar una dura herencia". El vicepresidente de De la Rúa, Álvarez, estaba en la Casa Rosada el jueves del anuncio, aplaudiendo a Kirchner.



