Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- "El que no detecta los males cuando nacen, no es verdaderamente prudente", dice una de las pocas frases que se pueden rescatar del cruel libro "El Principe", de Maquiavelo.
Pero, ella puede reflejar el efecto de la decisión del presidente Néstor Kirchner de desaprovechar el gran espaldarazo que recibió el 23 de octubre para ampliar la base de sustentación de su poder.
Es que si bien cuenta con un muy importante respaldo entre la gente, políticamente se recluyó en la estructura histórica del justicialismo, sin intentar acuerdos más abarcativos.
Es así que por algunas decisiones, como la de reducir el número de miembros del Consejo de la Magistratura, logra casi el milagro de unir a la oposición, entre los polos de Elisa Carrió y Mauricio Macri.
La respuesta oficial estaba cantada y apareció de boca del kirchnerista Carlos Kunkel: "en 48 horas se ha conformado una nueva Unión Democrática".
Pero, esta oposición se unió en contra de un proyecto puntual y no la anima el espíritu desestabilizador de los hombres de los años 40, sino más bien la intención de poner una barrera de lo que consideran un nuevo avance del poder político sobre el sistema judicial.
A favor de Kirchner está que el Consejo que se quiere modificar ha dado paso a una estructura burocrática que no estaba en los planes de los que propusieron la creación de este cuerpo en la Convención Constituyente de 1994.
Pero, la modificación en esta Magistratura hubiera necesitado de mayores consensos y de debate con la oposición y no un avance avasallante y unilateral.
Esto provocó desgajamiento en filas propias, como de Rafael Bielsa y Oscar Massei, y el alejamiento casi definitivo del calor oficial de hombres como Hermes Binner.
En un asado de cierre de año, el titular de la CGT, Hugo Moyano, admitió que el accionar de Kirchner se sostendrá exclusivamente en el edificio del PJ.
Esto haría suponer también el epílogo durante 2006 de aquel proyecto transversal que incluía a dirigentes de diversas extracciones reunidos tras un proyecto de país.
Más allá de esto, el Gobierno cierra un año con balance positivo si se tiene en cuenta el afianzamiento el poder que logró durante 2005, la continuidad de crecimiento de la economía, el canje de la deuda privada y el desendeudamiento con el Fondo Monetario.
Tiene ante sí un 2006 clave, porque al no ser aún año electoral, deberá pavimentar definitivamente el camino del desarrollo, las inversiones y, porqué no, de la calidad institucional.
El 2007 será el de las Presidenciales, y como se sabe, en este país todo estará condicionado por la campaña con vistas a esa elección.
Ante esto, la administración Kirchner deberá exhibir resultados concretos en el combate contra la inflación y en la disminución de los elevados índices de pobreza, indigencia y desocupación.
De hecho, en el Gobierno anticipan que para fin de año, el desempleo estará en un dígito y la pobreza habrá descendido a niveles algo más razonables.
Otros de los grandes objetivos es sembrar el campo para que lleguen nuevos inversiones, cómo única garantía para el desarrollo del país.
También se pretenderá definir los grandes trazos de una reforma tributaria, ya que el Presidente dio la orden de ponerla en práctica antes que finalice su mandato.
Está definido también que no habrá aumento de tarifas mientras no queden minimizados los riesgos inflacionarios que hoy acechan a cado paso.
Pero, sobre todo, el Gobierno pretenderá avanzar durante el año en un Pacto Social que mantenga en caja tanto los precios como los reclamos salariales, en el marco de una creciente puja distributiva.
La oposición deberá también jugar su rol y reconstruir su deshilachado tejido si algunos partidos que la componen quieren tener aspiraciones para 2007.
En ese marco, la UCR tendrá que buscar la forma de renovar sus estructuras si quiere volver a convertirse en una opción válida, tras la debacle que provocó la gestión delarruista.
Elisa Carrió deberá definir si tiene una verdadera vocación de poder y Mauricio Macri demostrar si puede convertirse en un dirigente que pueda traspasar la frontera porteña.
El fortalecimiento opositor en las democracias pone freno a cualquier pretensión de hegemonía.
Y aquí podría evitar también una votación cargada de sospechas como se dio en Diputados para aprobar la ley de Emergencia Económica, con dos votos extraños de último segundo que permitieron el quórum en la cámara baja.
Recordando ese momento, una fuente del oficialismo reconoció en voz muy baja y dejando ver una sonrisa, que en esa votación "hicimos un gol con la mano".



