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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 11/ene/2006 de La Auténtica Defensa.

PRIMEROS PRESAGIOS DE UN AñO DIFíCIL
por Marisa Alvarez




Buenos Aires (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- El Gobernador y parte de su gabinete se tomaron vacaciones en esta primera semana del año. Y por supuesto también comenzó el año cerca del mar y lejos de los problemas la mayoría de los dirigentes de los gremios estatales bonaerenses.

Pero el receso no alcanzó a evitar que dos ministros -Jorge Varela, de Desarrollo Humano, y Eduardo Sícaro, de Obras y Servicios Públicos-, y sindicalistas de algunas áreas (el Astillero y el Hipódromo) se demoraran en el calor insoportable de La Plata para adelantar inquietudes que refieren a insuficiencias, presupuestarias unas, salariales las otras.

Fueron pequeños presagios de un año que los funcionarios realistas del gobierno provincial definen como muy difícil, a partir de una dura realidad que se resume en tres palabras: escasez de recursos.

Es muy probable que la única alegría que le dé al gobierno de Felipe Solá el Presupuesto de la Provincia 2006 ya haya sucedido:que, después de una experiencia tan traumática como la de 2005, la Legislatura lo haya votado sin cambios en el original.

Ya se ha dicho aquí; ese cálculo tiene un cuello de botella: los 2.500 millones de vencimientos de deudas con la Nación que la Provincia no podrá pagar y que exigirá por lo tanto un nuevo préstamo del gobierno de Kirchner.

El tema se está conversando en niveles técnicos, donde los funcionarios nacionales sostienen que, tal como se escribió en el Presupuesto que elaboró Lavagna y ejecutará Miceli, la administración federal no refinanciará el 100% de las deudas provinciales. Y la conversación del asunto a nivel político -Kirchner/Solá- sigue pendiente.

ALTA CARGA EXPLOSIVA

Pero ése es "apenas" un capítulo. Las verdaderas penurias

financieras que le esperan a la Provincia están encerradas en los 22.300 millones de gastos y recursos que el Presupuesto prevé para este año; un cálculo que, de mantenerse las tendencias inflacionarias y de presión salarial hasta ahora abiertas, aparece como destinado a estallar.

Es que las cuotas de recursos asignadas a los organismos bonaerenses no prevén aumentos salariales ni la inevitable gravitación inflacionaria sobre sus costos de funcionamiento.

Y si los pronósticos más moderados hablan de una inflación del orden del 10%, los indicios en materia salarial son resueltamente preocupantes. Los gremios docentes y de la Administración Central (más de 400 mil empleados en conjunto) despidieron el 2005 con un reclamo de urgente recomposición de sueldos, mientras que un capítulo especial lo constituye en ese esquema la Justicia.

La Suprema Corte -la administradora de los recursos que le asigna el Ejecutivo-, escribió en su último plenario del 2005 una acordada que firmaron todos sus miembros. Allí planteó que los recursos otorgados para este año resultan insuficientes para atender el funcionamiento de estructuras cuya creación fue impulsada por el propio Ejecutivo y para crear otras de manera de cumplir con tareas también definidas por la Gobernación. Y de paso se despachó con un reclamo de aumentos de sueldos para jueces y empleados.

El año, en definitiva, ni empezó y el clima provincial ya está recargado de tensiones salariales de alta carga explosiva.

RECURSOS Y OFENSIVA

¿Podría esperarse una recaudación superior a los 22.300 millones previstos para atender semejantes presiones sobre el gasto? El cálculo de los recursos que llegarán vía coparticipación federal de impuestos es conservador y podría producirse allí una moderada diferencia en favor de las necesidades bonaerenses. Pero la previsión de los recursos propios de la Provincia volcada en el

Presupuesto es fuertemente ambiciosa. Está basada, por ejemplo, en un aumento del gravamen a los Ingresos Brutos del 33%, meta que los entendidos reconocen como difícil de alcanzar.

El tema, en el capítulo de recursos, es que en el Presupuesto ya están previstos los eventuales resultados de la ofensiva sobre los contribuyentes que redoblará Santiago Montoya, a partir de los superpoderes que se le otorgaron por ley. Y aún así el cálculo fue un "tanto forzado", para cerrar las cuentas sin déficit con un nivel de gasto al que no se podía establecer en menos, sin inflación ni aumento salarial como ya está. Pero en algunas áreas políticas del Gobierno creen que aún hay espacio para obtener un plus sobre la recaudación calculada mediante las operatorias agresivas que desarrolle Montoya.

De cualquier modo, algo es cierto y altamente inquietante: todo el esquema financiero de la Provincia para este año -y, dependiendo de él, la paz o la guerra en el plano laboral, como le gustaría decir al ministro de Trabajo, Roberto Mouillerón- está atado a la ofensiva recaudatoria.

UN ELEMENTO IRRITATIVO

Ante este panorama, algunos observadores se preguntan si era necesario que el Gobierno abriera el año avanzando con un proyecto de ley que terminó de irritar a los gremios, el que apunta a fijar límites obligatorios a las medidas de fuerza en la administración pública provincial, y concretamente a prohibir los paros en algunos rubros, empezando por el docente.

En el Gobierno contestan que la respuesta "se cae de madura": será ése el único modo de no dar aumentos de sueldos y evitar la paralización del aparato estatal. Pero hay quienes sostienen que la experiencia dice que no existe ley capaz de frenar las huelgas cuando los conflictos salariales se desatan y que el proyecto, por ende, sólo aportaría más tensiones.

En el plano estrictamente político, este año, de estreno pleno de la victoria de octubre y sin calendario electoral, debería ser tranquilo como agua de tanque para el gobierno provincial y el oficialismo en general. Sin embargo, se asiste en los distintos ámbitos de ese conglomerado a un proceso de reposicionamientos que, abierto al día siguiente de las elecciones, lejos de ceder parece ir profundizándose y realimenta un clima revulsivo y de fricciones.

LA OBSESION DE LA LINEA DIRECTA

Una obsesión crece y se extiende en ese marco en la dirigencia oficialista bonaerense: tener línea personal directa con la Presidencia, en lo posible con el mismísimo Néstor Kirchner. El objetivo abarca a intendentes, legisladores y habitantes de despachos del Ejecutivo provincial y avanza ya sobre concejales y cuadros medios de la interminable estructura del PJ provincial.

La Casa Rosada incentiva ese proceso. Para terminar con "confusiones" que puedan haber quedado de los comicios pasados -como la doble condición de felipistas y kirchneristas que se dio en Buenos Aires, aunque la situación se reproduce en varias provincias- y para convencer a no peronistas del más diverso perfil, prepara a paso fuerte la organización de Compromiso K, cuyo nombre no deja espacio para las dudas. El lanzamiento formal sería el 24 de febrero, en una movida que presidiría Néstor Kirchner como para que a nadie se le ocurra pensar que es "una línea más" dentro del espectro oficialista.

Pero en el ámbito bonaerense no sólo gravita la fuerza con que la Rosada desarrolla su estrategia. Pesa también la propia y particular forma de relacionarse dada entre el gobernador Solá y la dirigencia, además de un contexto que, desde el origen mismo del Frente para la Victoria en esta provincia, señala la existencia de kirchneristas puros y con línea directa con el Presidente y de otros que no ostentan ese rango.

Y pesan también los objetivos personales que un incontable número de dirigentes se ha propuesto alcanzar en los comicios del 2007; una búsqueda en la que funciona especialmente la obsesión por la conexión directa con la Presidencia, mientras algunas primeras señales obligan a temer que los proyectos personales puedan influir más que las prioridades de gestión en ámbitos gubernamentales.

¿Están muy apurados los bonaerenses? Quizás no tanto. ¿ADELANTANDO EL RELOJ?

Pese a la desmentida oficial, la verdad es que en los laboratorios de estrategias de la Casa Rosada se estudia la posibilidad de que, como los cuatro años del mandato de Néstor Kirchner se cumplirán en mayo del 2007, los comicios presidenciales se realicen a fines de marzo o comienzos de abril; un "adelanto" que arrastraría a las elecciones de gobernadores, intendentes y legisladores, aunque los mandatos de todos ellos venzan recién en diciembre del año que viene.

Con los plazos que imponen la ley de elecciones internas en los partidos y las normas electorales generales, de disponerse aquel cronograma, las candidaturas bonaerenses deberían estar definidas en torno de octubre de este año. Y éso, para la concepción política, es "ayer".

EN MARCHA Y UNO MAS

Con esa alternativa bajo la lupa no debería extrañar, entonces, que desde el núcleo duro del kirchnerismo, a través del diputado nacional Dante Dovena, hayan estrenado el 2006 planteando la posibilidad de la candidatura de Cristina Kirchner a la Gobernación. Para muchos, fue un primer test para medir el impacto de esa opción; y para otros tantos, el disparo que dio por abierta la carrera electoral.

Quizás por éso también un tercer miembro del gabinete de Solá -ya están informalmente anotados el ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, y eventualmente León Arslanián- decidió no esperar más para desarrollar el trabajo político que lo ponga en la "conversación" por la candidatura a gobernador. El jefe de Gabinete, Mario Oporto, ya habría encontrado las oficinas ideales en el centro de La Plata para instalar allí su "equipo estratégico".


 
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