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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 22/ene/2006 de La Auténtica Defensa.

Enfermos y asesinos
por Pepe Eliaschev




Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) - Dijo que lo quieren matar. Dijo que lo quieren enfermar. Pero, enseguida aclaró: gozo de muy buena salud. Y le dio gracias a Dios. Es Néstor Kirchner, un presidente popular que tiene la capacidad de mezclar en una semana preñada de estratégicas cuestiones que afectan al presente y futuro de la Argentina, con ese pugilismo crispado y aldeano, lenguaje mediante el cual sale lo peor de él, su constante victimización, su plañidera queja de siempre.

¿Quién lo quiere matar? ¿Quién lo quiere enfermar? El escenario fue la Casa Rosada, el lunes pasado, cuando Kirchner se subió al atril para despotricar, con la excusa de que acaba de firmar el contrato para la rehabilitación de la ruta Siete en la santafesina laguna La Picasa. El Dr. Kirchner no mencionó por su nombre a los hipotéticos asesinos, pero, ya que estaba, advirtió: "me van a tener que aguantar durante mucho tiempo". No aclaró si se refería hasta el 25 de mayo del año que viene, final de su mandato, o hasta el 25 de mayo de 2011, si que se postula, como Carlos Menem en 1995, para la reelección, a lo que tiene todo el derecho constitucional. Contados desde hoy, hasta el final de este primer mandato faltan apenas 482 días: eso no es mucho tiempo. Kirchner, en consecuencia, ya viene blanqueando sus ganas de gobernar hasta 2011. No es un delito, pero es bueno que se vaya sabiendo.

Si bien el Presidente no individualiza de manera fehaciente a los que lo quieren matar o enfermar, no afloja en su agresivo tono para con los medios. Volvió a cargar contra "ciertos grupos de medios y periodistas que mienten descaradamente" y puntualizó: "algunos medios mienten y algunos medios y algunos periodistas que son empleados de los medios y que firman lo que ponen adelante (sic), como ese viejo diario argentino, y asumo lo que digo". Esta frase del presidente no fue completada, pero es evidente que habla, por de pronto, de los diarios La Nación y Perfil. Un periodista de uno de estos medios, que accedió a la mini conversación que Kirchner aceptó tener con los enviados periodísticos al viaje presidencial a Brasilia, admitió que "aun en un contexto descontracturado, nadie se le atreve al Presidente".

Estas certidumbres agradan mucho en la Casa Rosada. Uno de los rasgos centrales de la gestión kirchnerista es el manejo del clima defensivo a que se ven obligados quienes de una u otra manera no forman parte de la tripulación oficial. "Atrevérsele o no", esa parece ser una de las ecuaciones centrales que configuran el estilo de gobierno del Presidente.

Pero, paradójicamente, el Dr. Kirchner aparece como razonable y dialogador si se lo compara con la senadora Cristina Fernández de Kirchner, para la cual ni siquiera es concebible hablar un rato y de manera no contracturada con periodistas.

Sin embargo, Kirchner llegó al viernes 20 con una buena cosecha internacional en los tres frentes sensibles que la Argentina tiene ante sí: Uruguay, Bolivia y Brasil. Con Chile y Paraguay no hay ahora litigios pendientes que luzcan importantes, pero mantener situaciones abiertas con tres de los cinco vecinos geográficos del país no es una luna de miel y en el Gobierno hay gente que ha comenzado a darse cuenta.

Semana sudamericana: e1 domingo 15 los chilenos hicieron presidente a Michelle Bachelet, el martes 17 estuvo Evo Morales en Buenos Aires, miércoles y jueves Kirchner estuvo en Brasilia para verse con Lula y el venezolano Hugo Chávez, para cerrar el ciclo este domingo 22, cuando el boliviano asuma como presidente de su país, ceremonia a hacerse en La Paz con la presencia del argentino también.

En todos los casos y de todas maneras, hay más realidad que protocolo, más conflicto que armonía, más problemas que soluciones.

El caso de Uruguay ha sido manejado con torpeza y una sobreactuada ortodoxia ecologista por el gobierno argentino, que ha reaccionado, como en el caso de Cromañón, más acicateado por el temor a ser impopular que por los intereses a largo plazo de los vecinos del Río de la Plata.

Ahora, Kirchner dice que "si entre la Argentina y Brasil no podemos darle a Uruguay lo que Uruguay necesita, no está mal que ellos firmen un tratado con los Estados Unidos. No queremos estados gendarmes. Le dije a Lula que teníamos que ser flexibles y él me respondió que estaba de acuerdo."

También apareció ahora la prudencia para interpretar y juzgar las grandes necesidades de un pequeño país. Kirchner negó las especulaciones sobre una posible expulsión de Uruguay del Mercosur para el caso de que el presidente Tabaré Vázquez siguiera negociando acuerdos comerciales por fuera del bloque regional.

"Vamos a intentar ayudar a Uruguay, pero por ahí no podemos darle lo que se merece. No somos como Alemania para Europa, salvando las distancias. Creemos en el Mercosur, pero la Argentina y Brasil están luchando para salir de una crisis económica muy profunda, así que por ahí no podemos darle a Uruguay las herramientas que su pueblo necesita, por lo que tampoco le podemos impedir que haga un buen negocio", aseguró el Presidente, en un rapto de saludable realismo.

La entrevista de Kirchner con Lula mucho tuvo que ver con la situación de Uruguay dentro del Mercosur. En ese punto, admitió que "habrá contemplaciones, en el caso de que fueran necesarias", cuando se aludió al tema del acuerdo posible entre Montevideo y Washington.

Cuando se le preguntó a Kirchner si el Mercosur no impide que un país negocie por fuera del bloque regional, respondió que hay que ser reflexible: "el Mercosur se tiene que adaptar a las necesidades. Debemos entender, además, que el equilibrio es muy difícil. Esto se ve en la Unión Europea, con la práctica de años que ellos tienen en la integración".

Kirchner, además, intentó, aunque en este caso menos exitosamente, de diferenciar el probable acuerdo Uruguay-Estados Unidos de la controversia con las papeleras. "No tuvo nada que ver. Ese es un tema ambiental. Si Uruguay puede hacer un buen acuerdo (con los Estados Unidos), no se lo podemos impedir. Sería atroz. Yo soy respetuoso de los ideales nacionales. Cada país busca lo que cree y yo no tengo derecho a denostar a Uruguay porque hace lo que cree necesario. Ellos tienen una situación diferente de la nuestra".

Queda muy abierta al debate la aseveración de que el Mercosur se está debilitando. Para Kirchner, "somos nosotros los que tenemos que consolidarnos. Los que tienen que ayudar a terminar con las asimetrías son Brasil, primero, y después la Argentina. Pero venimos de crisis tan profundas que por ahí no podemos ayudar a Uruguay y a Paraguay como ellos necesitan".

Acertó el Presidente cuando, al preguntársele por la recargada polémica con el gobierno de izquierda uruguayo, aclaró que "la relación con Tabaré es muy correcta. Lo que no hay que hacer es alentar expectativas nacionalistas", una prescripción sana desde el pensamiento de alguien permanentemente atribulado por la compulsión de aumentar la autoestima nacional.

"La integración de las economías no es fácil –admite Kirchner-, pero políticamente estamos bien. Además, en Brasil hay una burguesía económica muy fuerte, una burguesía que nosotros no tenemos. La integración regional va a favorecer a los cuatro países".

Según Kirchner, "todos saldrán beneficiados", pero aclara que el Mercosur debe regirse con la escala de la Argentina y de Brasil. Brasil primero y la Argentina después tienen que ayudar a los demás". En materia de expansión del conflictuado bloque, Kirchner esta seguro de que "la inclusión de Bolivia en el Mercosur será una determinación de su nuevo presidente. Pero habrá que esperar a que tome posesión del mando".

No solo Bolivia está en el centro del análisis. El presidente juzga que "para el Mercosur, ahora, va a ser muy importante la incorporación de Venezuela. Además, en Chile, Michelle Bachelet dijo que quiere profundizar la relación con el bloque"

¿Se van derritiendo las normalmente mentirosas rigideces de matriz ideológica? Kirchner no hará confesiones bochornosas, pero admite que, ahora, "tenemos que ser flexibles. El Mercosur tiene que ser flexible".

Pese a todo este arsenal de razonabilidad civilizada, Kirchner no alcanza a superar sus prácticas monocolores: viajó a Brasilia acompañado de medio gabinete, pero –una vez más- ni se molestó en hacer participar a hombres y mujeres que no adhieren a su gobierno. Sigue viendo a la Argentina en términos de ellos y nosotros, propia tropa y enemigos, dicotomía verdaderamente intimidatoria que evoca los momentos menos republicanos y democráticos de la historia nacional. Eso es lo que acentúa la debilidad estructural del país.


 
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