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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 28/ene/2006 de La Auténtica Defensa.

Un dato que puede desatar la ira de Kirchner
por José Calero




Buenos Aires (Especial para NA por José Calero) - A pesar del nuevo tono conciliador que estrenó el presidente Kirchner en el 2006, el jefe de Estado continuó atacando con dureza a sectores que históricamente tuvieron la "sartén por el mango" en la Argentina, como los ganaderos.

En tono paternal, Kirchner les pidió a los ganaderos que no sean "avaros" y les recordó que gracias al nuevo modelo económico sus ganancias por exportaciones se dispararon con fuerza.

El presidente ya no monta en cólera como en su primera etapa de gestión, pero se reveló como un negociador duro con sectores acostumbrados a mandar en la Argentina durante décadas.

Pero la "procesión va por dentro", y un dato que se conocerá la semana próxima puede reflotar la ira presidencial.

El viernes próximo el INDEC prevé difundir el costo de vida de enero, una variable que Kirchner viene monitoreando con lupa, y que, según algunas proyecciones, se puede disparar por encima del 1 por ciento.

En realidad, el presidente viene haciendo fuerza desde la Casa Rosada para evitar que la inflación se dispare en enero.

Sabe que el costo de vida define buena parte del humor de los argentinos -la otra variable clave es el dólar- y por eso pidió a sus funcionarios de la órbita económica mostrar la mayor "gestión" posible en esta cuestión.

Esta semana, una de las planillas que habitualmente llegan al escritorio presidencial, alertaba sobre una disparada de precios en el rubro esparcimiento.

De inmediato, Kirchner salió a castigar a los operadores turísticos, a quienes acusó de especular con que a los argentinos "les está yendo un poquito mejor y quieren disfrutar de merecidas vacaciones".

La crítica proveniente de Balcarce 50 desorientó a los empresarios aglutinados en la Federación Hotelera y Gastronómica, que ya le habían avisado al gobierno que se disponían a sacar paquetes túristicos con precios promocionales, que redondean descuentos del 25 por ciento para algunos destinos.

Pero los empresarios ya aprendieron a conocer al presidente: saben que el jefe de Estado tiene un estilo exactamente inverso al que cultiva el sector privado.

Kirchner prefiere ventilar de inmediato temas que considera centrales, como el de la inflación, para ganar rápido el favor de la opinión pública y después negociar cara a cara.

Esa estrategia la viene utilizando desde que asumió el poder, y quedó muy clara cuando se produjo la disputa con los supermercadistas.

Como antesala de la inflación, el INDEC difundió un relevamiento que realiza en ocho provincias -incluido Buenos Aires- que no trae señales positivas: arrojó una suba del 1 por ciento para diciembre.

El campo ataca

En medio del fragor de la discusión, Kirchner parece haberse topado con la dureza de un sector empresario que representará un hueso duro de roer.

Los poderosos ganaderos de la provincia de Buenos Aires y La Pampa nucleados en CARBAP mostraron su hastío por las retenciones en una pelea que, en el fondo, desnuda un enfrentamiento ideológico.

Para la lógica presidencial, los ganaderos representan la "oligarquía terrateniente" que en muchos pasajes de la historia argentina se alineó con un "viejo poder político" que Kirchner desprecia y al que atribuye responsabilidad de muchos males del país.

En la vereda de enfrente, los ganaderos representan también el poder económico más alejado de la ideología presidencial, a pesar de que este modelo favoreció sus intereses, a pesar de las retenciones.

El pensamiento crudo de los ganaderos cuestiona en todos sus términos la utilización de las retenciones para abultar los ingresos del Fisco, y que encima gran parte de esos fondos se destinen a pagar planes sociales.

Los ganaderos también exigen la renuncia del secretario de Agricultura, Miguel Campos, un hombre que llegó al cargo de la mano del gobernador Felipe Solá, el gobernador bonaerense que aún mantiene buen diálogo con las entidades agropecuarias.

Solá, ex secretario de Agricultura de Menem, también tiene muchos puntos de fricción con los sectores del agro por el Impuesto Inmobiliario Rural, que subió más del 100 por ciento, y prometió revisar la medida.

Pero a Campos los ganaderos no le perdonan la actitud que tuvo, según denunciaron públicamente, durante la reunión de esta semana en la Casa Rosada.

Según la dirigencia de Confederaciones Rurales Argentinas, Campos había insinuado que la disminución de retenciones sería parte del acuerdo para bajar precios, y que por esa promesa entidades como la Sociedad Rural y la propia CARBAP habían firmado el documento.

Pero cuando se dirigían a la conferencia de prensa, los ruralistas advirtieron que el gobierno no tenía previsto anunciar esa rebaja, y cuando la preguntaron a Campos, el secretario respondió "alpiste", en alusión a que ahora ya era tarde para que se arrepintieran.

Fue ahí que los ganaderos pidieron el acta, tacharon sus firmas y se retiraron a paso veloz, para la furia presidencial.

Los ganaderos esgrimen estas y otras anécdotas para exigir el alejamiento de Campos, cuyo despido suena desde la propia asunción de Miceli en Economía.

Olla a presión

Por ahora, las preocupaciones de la ministra pasan más por el hecho de que está terminando enero y todavía no cerró todos los acuerdos que había planeado.

Eso explica la decisión de obligar a los ganaderos a pedir permiso para vender carne al exterior, una medida que fue interpretada como un mecanismo de presión para el sector.

La ministra se muestra inflexible: "Nuestro objetivo es garantizar el abastecimiento de la carne a precios accesibles para el bolsillo de todos los argentinos", dijo a los cuatro vientos.

Y dejó una advertencia que refleja que la batalla va para largo: "Nosotros tenemos ese objetivo y cuando este Gobierno tiene un objetivo, lo cumple".

Antes del anuncio, ya le había dejado a Kirchner un dato que terminó de sacarlo de las casillas: el precio de la carne aumentó un 165 por ciento desde la devaluación, cuando la inflación acumuló un alza de "sólo" el 74 por ciento.


 
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