Campana 17 de febrero de 2006
Queridos hermanos sacerdotes,
Religiosos, Religiosas y
Fieles laicos
El año pasado, al presentar mi renuncia al Papa Benedicto XVI, le manifesté que desde que asumí como Obispo de la Diócesis de Zárate-Campana, dediqué todos mis esfuerzos y entusiasmo para lograr una Iglesia Diocesana que se distinguiera por la unidad y por su ardor misionero.
Viví alentado por los mensajes del querido Papa Juan Pablo II, y de manera particular por su carta apostólica "Novo Millennio Ineunte", procurando "hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión", y a "tener el mismo ardor misionero de los cristianos de los primeros tiempos".
Al retirarme hoy de esta Iglesia Diocesana, quiero expresarles:
1.- Un agradecimiento muy grande a todos los que de una u otra manera me acompañaron, a los que conmigo soñaron y trabajaron para hacer posible una Iglesia contemplativa, solidaria, misionera, abierta a todos, cercana, misericordiosa, pobre y para los pobres.
Durante estos años, nunca dejaron de estar presentes las dificultades; debilidades propias y ajenas, problemas personales y de grupos. En definitiva, nos acompañó la cruz y por este motivo es que tengo una gran esperanza.
En el camino de Jesús, la cruz no es más la última palabra, porque la resurrección nos está diciendo que la vida es más fuerte que la muerte. Que debemos dar testimonio de esperanza en la victoria sobre las dificultades.
Dios nos manifiesta su amor siempre: se pone al lado de cada uno de nosotros, siguiéndonos y sosteniéndonos en cada paso en las pruebas de la vida.
2.- Quiero pedirles que no olviden jamás que Dios, en la Sagrada Escritura nos ha anunciado su decisión de hacerse pastor de su pueblo: y es El, el que da fuerzas a sus enviados.
A Jeremías le dijo: "yo estoy contigo para protegerte", y a Pablo le manifestó: "No tengas miedo, porque yo estoy a tu lado".
Hoy, con alegría, recibimos a Mons. Oscar Domingo Sarlinga, como signo de la presencia de Jesús Buen Pastor, que es el modelo supremo: Aquel que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. Como Obispo es el centro de unidad en esta Iglesia Diocesana.
Que todos: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos estén dispuestos a colaborar con él, en comunión y obediencia.
3.- Al despedirme de ustedes, en estos días, he recordado de manera particular las palabras de San Pablo a los Corintios: "Ese es nuestro ministerio. Lo tenemos por pura misericordia de Dios. Llevamos este tesoro en vasijas de barro para que todos reconozcan la fuerza soberana de Dios y no parezca como cosa nuestra".
Perdón, porque en el ejercicio de este ministerio fui una vasija de barro limitada y frágil, incapaz de parecerse a Jesús, el Buen Pastor por excelencia.
Dios los bendiga y recen por mí.
+ Rafael REY
Administrador Apostólico



