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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 23/feb/2006 de La Auténtica Defensa.

HASTA SIEMPRE QUERIDO AMIGO Y PASTOR MONS. RAFAEL REY
Carlos J. Luraschi




Campana, 21 de febrero de 2006

Recuerdo con mucha alegría su asunción como obispo de nuestra diócesis en marzo de 1992 en una inolvidable y digna ceremonia, donde nuestro querido obispo emérito Mons. Alfredo M. Espósito Castro renuncia por razones de salud, le fue entregado a Ud. el pastoreo de la diócesis, siendo Mons. Galán quién presidió y lo puso en funciones. En tan importante ceremonia fue acompañado por una cantidad apreciable de obispos, sacerdotes, religiosos y muchísimos fieles laicos que llegaron de todos los rincones de la diócesis, además de los tantos que llegaron de la arquidiócesis de Mendoza, junto a su Arzobispo, para acompañarlo en su nuevo destino encomendado por nuestro muy amado S.S. Juan Pablo II. Recuerdo muy claramente antes de llegar a Campana, su paso previo por el santuario de Ntra. Sra. de Luján donde oró e imploró a los pies de la Madre para que lo ilumine y bendiga en su difícil tarea de pastorear una diócesis tan compleja.

También recuerdo su primera homilía en la misa de asunción, inspirada en el Profeta Isaías " El espíritu del SEÑOR esta sobre mí, porque el SEÑOR me ha ungido. Me ha enviado para anunciar la Buena Noticia a los humildes, para sanar a los corazones heridos, para anunciar la liberación a los cautivos. Para proclamar el año de gracia del SEÑOR" . Realmente este texto fue lo que marcó durante los casi 15 años su tarea de Obispo ejemplar y me consta que lo trató de llevar adelante con toda la fuerza que el Espíritu le infundió, pese a los agravios y a las piedras que le fueron puestas en el camino por los fariseos de hoy que por un lado le "besaban la mejilla" (como a Cristo) y por otro lado enviaban cartas en su contra denunciando lo que se les ocurriera para desacreditarlo sea en el ámbito eclesial o político.

Digo me consta ya que tuve la inmensa gracia de poder acompañarlo estos casi 15 años en la difícil tarea, desde la pastoral caritativa, de unir a esta nuestra Iglesia Diocesana como laico comprometido junto a tantos hermanos que también trabajaron junto a Ud. desde distintas pastorales. Procuró "hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión y a tener el mismo ardor misionero de los cristianos de los primeros tiempos" según nos pedía Juan Pablo II en su carta Novo Milenio Ineunte.

Un anhelo muy importante fue y nos lo transmitía en todas las oportunidades que se le presentaba es que: "Jesús quiere una Iglesia misionera, que se mueva, que no esté encerrada en los templos, una Iglesia peregrina, misionera, solidaria, que gaste los zapatos y que llegue a todos sin distinción ".

Muchas veces nos pedía que recemos por Ud. para poder cumplir con su ministerio apostólico, como nos indica hoy en un pasaje el evangelio de Marcos: "El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el SERVIDOR de todos". No se puede seguir a Jesús si no es en una vida de servicio a los demás. Esto es lo que caracterizó según mi opinión su tarea del Obispo en todos estos años. Vaya si sirvió y sufrió, no solo por su Diócesis en todos estos años, sino también por los 6 años (1993-2000) que sirvió como Obispo presidente en Caritas Argentina, nombrado por el episcopado. Es aún hoy que tantos hermanos humildes y sencillos a lo largo y lo ancho del país le sigue agradeciendo el haber sido la VOZ de ellos ante un poder político de turno corrupto, indiferente e insensible a las necesidades de un pueblo con múltiples carencias. Hoy Caritas Argentina está de pié junto a sus nuevos pastores a fin seguir la lucha para erradicar la pobreza de nuestro país. Ud. tuvo mucho que ver en su gestión como Presidente lo que ésta organización es hoy, considerada a nivel nacional por su transparencia y compromiso constante en bien de los que mas necesitan y no descansa en lo referente a hacer operante la caridad como invita a hacerlo su Santidad Benedicto XVI en su primera encíclica DEUS CARITAS EST. .

Monseñor: el pueblo de Dios es el que le tiene que agradecer esta ofrenda de casi 15 años de su vida y no alcanzarían las paginas de este diario para enumerar tantos hechos relevantes que fueron aconteciendo a los largo de estos años. Realmente su vasta obra pastoral debió pasar inexorablemente por la Cruz, pero queda la semilla sembrada para que un día no muy lejano pueda dar los frutos tan necesarios en esta querida Diócesis y que Dios Padre los espera ansioso para poder reproducirlos.

Solo queda flotando la pregunta entre la gente común y sencilla con quien uno se encuentra a diario, porqué Monseñor no pudo leer dentro del templo, ante todos los que estábamos presentes que representábamos a los ámbitos, eclesiásticos, políticos, sociales, empresariales y los hermanos llegados de las distintas comunidades de los partidos de la diócesis, su carta de despedida hubiera sido un digno cierre a una verdadera tarea apostólica . Nadie tiene una explicación coherente al respecto. Algunos hablan de protocolo, lo que parece bastante ridículo si es así, ya que Cristo nos alimenta constantemente con su palabra directa a cada uno de nosotros sin ningún protocolo.

Cuando asume Mons. Rey, Mons. Espósito Castro, quien renunciaba por razones de salud, pudo pronunciar las palabras de despedida que consideró necesarias y luego los dos se abrazaron con emoción ante el aplauso de todos los que participamos de la ceremonia.

Monseñor: le doy la muchas gracias en nombre de mi familia y en el mío propio por estos años al servicio de Cristo y la Iglesia, realmente quedan en nuestros corazones: su valentía, honestidad, entrega, ejemplo de buen pastor.

Pido a Dios Ntro. Señor lo bendiga y a Ntra. Sra. De Luján lo proteja en la nueva tarea apostólica en su tierra natal, Mendoza.

Hasta siempre, un fuerte abrazo en Cristo

Carlos J. Luraschi


 
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