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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 25/feb/2006 de La Auténtica Defensa.

El temor de una inflación de costos
por Daniel Casal




Buenos Aires especial por Daniel Casal (NA) -- El presidente Néstor Kirchner castigó con dureza a los intendentes bonaerenses que aumentaron sus tasas municipales porque, sabe bien, que el único y gran enemigo al acecho es la inflación.

Y se sabe que las espirales de aumentos de precios se iniciaron casi siempre por una inflación en los costos.

Fue en ese marco que Kirchner cargó contra los intendentes, como así también le reclamó a la CGT que morigere los reclamos salariales.

Conoce de sobra que los acuerdos de precios tendrán una vida muy corta si las empresas ven que se disparan las variables de salarios e impuestos.

Ya de por sí, la carga tributaria nacional es muy pesada para todos, una de la más altas del mundo, como para que ahora haya incrementos, como en algunos casos, de hasta 500 por ciento en los tributos municipales.

Pero muchos municipios están en un verdadero brete porque de la totalidad de la estructura del Estado conforman el hilo más delgado.

Es así que el Estado nacional tiene un alto superávit, necesario para garantizar confianza y paliar coletazos de futuras crisis internacionales, pero a costa de muy altos impuestos,

Además, en los últimos años transfirió a las provincias el gran peso de la seguridad social, y cargas en educación y seguridad.

Las provincias, sobre todo la de Buenos Aires, debió hacerse cargo de estos servicios, reestructurar sus deudas externas y, a su vez, mantener un superávit preventivo.

En ese marco, se restringieron los fondos coparticipables a los municipios, que, al mismo tiempo, vieron crecer su burocracia como consecuencia de la absorción de planes sociales y empleos blandos debido a la reciente crisis terminal.

Todo esto llevó a un claro deterioro de los servicios a la comunidad, que se agregó a las deficiencias de las prestaciones de empresas privatizadas, como Aguas Argentinas, que dejó sin agua ni cloacas a millones de habitantes en el conurbano.

En conclusión, los jefes comunales desean aumentar las tasas en municipios casi quebrados y en un marco de malestar general por los servicios deficientes.

Esto ha potenciado las protestas de los vecinos que amenazan con continuar en aumento durante los próximos tiempos. De hecho, en el Municipio de la Costa continuarán los cortes de la ruta 11 durante los próximos días.

Por su lado, los empresarios advierten que las suba de tasas -y de salarios- atenta contra sus costos y llevan sus reclamos al gobierno.

En todas las reuniones advierten que los ajustes salariales deben estar atados a la inflación, ni un peso más ni un peso menos.

Kirchner conoce de sobra que el alto consenso social que mantiene puede desbarrancarse en poco tiempo si se dispara la inflación y por esto advierte a gremios e intendentes.

Fue así que la CGT aceptó postergar, por el momento, los reclamos, pero, a partir de marzo, seguramente aparecerán de nuevo las presiones de las bases.

En ese momento, Hugo Moyano deberá lidiar entre su convencimiento que el modelo de Kirchner es, según sus dichos, "el mejor posible",y el atraso salarial que sufren aún sectores postergados.

Por su lado, los intendentes bonaerenses se reunirán la semana próxima en la Federación Argentina de Municipios con el fin de analizar los caminos alternativos que pueden seguir para evitar una suba generalizada de tasas.

Pero, en realidad, no tiene demasiadas alternativas a mano porque dificilmente el gobierno bonaerense habilite mayores fondos coparticipables.

La posibilidad de nuevas zonificaciones en cada municipio, para que paguen más los que más ganan, ya está siendo aplicada en algunos lados, pero la gobernación ya trabajó intensamente en ese sentido para el cobro del Impuesto Inmobiliario.

En tanto, una supuesta reforma tributaria nacional debería apuntar también a equilibrar las cargas para permitir que se cierre en parte la cada vez más ancha brecha social.

Y en eso ya estaba trabajando la ministra Felisa Miceli, hasta que recibió el reto del Presidente por la difusión pública de estos aprestos.

Claro, el enojo presidencial obedeció, más que nada, al viejo temor que genera esa vieja costumbre argentina de esquivar el pago de impuestos ante la primera noticia de que habrá cambios en el esquema tributario.


 
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