Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -- La victoria tranversal que el presidente Néstor Kirchner logró en el Congreso para aprobar la modificación del Consejo de la Magistratura puede convertirse en el primer mojón de un sistema político practicamente inédito en el país.
Un sistema que no habla de partidos, sino de liderazgos personales, con políticos que se encolumnan detrás de los proyectos de un Ejecutivo omnipresente.
Esto no se dio ni siquiera cuanda gobernaba Juan Perón, quien a pesar de su férreo manejo del poder, tuvo siempre la fuerte oposición de la Unión Democrática y diversas corporaciones, que, a la postre, terminaron por derrocarlo.
Otro poder unipersonal, el de Carlos Menem, tuvo siempre a una oposición nucleada en su contra que se reunió después en la Alianza, que, al final, se fue del Gobierno tan rápido como llegó.
El ex presidente tuvo también la oposición de gran parte de la prensa y terminó acorralado por las denuncias de corrupción.
Kirchner, ahora, puede reunir voluntades de los distintos partidos y eso ha llevado a nuevas sangrías de militantes en la UCR; el ARI y hasta el reciente PRO macrista.
Claro está que hay adhesiones de diversos lados que llegan por un esquema de premios y castigos.
Por ejemplo, gobernadores no justicialistas que temen por sus fondos coparticipables y ordenan a sus legisladores acompañar los proyectos del gobierno nacional, o empresarios atemorizados por precios máximos o retenciones a las exportaciones.
Las alas transversales de Kirchner acaparan también a duhaldistas que buscan ahora en forma desesperada el calor oficial, y a radicales y socialistas desilusionados.
La semana que pasó volvieron a albergar también a Aníbal Ibarra, quien pudo sentir de nuevo el respaldo del kirchnerismo por el caso Cromañón, luego de meses de horfandad politica. También Felipe Solá regresó a la Casa de Gobierno, tras varias semanas de enojos por los puentes que el Presidente tendió para los duhaldistas.
Aunque Solá sigue sin digerir algunas medidas de la Casa Rosada como el acuerdo salarial para los docentes nacionales por un piso de 840 pesos, algo que no había podido garantizar en Buenos Aires.
El gobernador considera que el acuerdo al que se llegó con el gremio docente constituyó, en realidad, una nueva presión hacia él, ya que el distrito bonaerense es el de mayor conflictividad gremial, hasta tal punto que está en duda el inicio del ciclo lectivo.
Ante esto, insistirá con el reclamo que se reconozca a la provincia un mayor caudal de fondos coparticipables.
Lo concreto es que el conglomerado político que se reúne detrás de ideas antes que verticalismo a los partidos pudo haber tenido su bautismo con la reforma del Consejo de la Magistratura.
Es difícil de digerir el argumento oficial que este cambio se debió a la necesidad de hacer más eficiente un organismo elefantiásico, cuando a la hora de ver la nueva composición el Ejecutivo tendrá una amplia potestad para decidir sobre el destino de los jueces.
Reducir el número de veinte a trece tampoco lo convertirá, necesariamente, en algo ágil y expeditivo.
Por otra parte, el Pacto de Olivos fue, sin dudas, una las peores manchas de la política argentina, pero también cuesta entender porque con este movimiento se le extendió el certificado de defunción, tal como argumentó el jefe de Estado.
Lo cierto, más allá de estos conceptos difusos, es que el kirchnerismo pudo coronar un proyecto que llevó como bandera la primera dama.
Posiblemente, Cristina Kirchner tenga ahora una mayor exposición pública, ya que practicamente desapareció de la escena desde el ríspido debate en el Senado por el Consejo de la Magistratura y poco después de su categórica victoria electoral en territorio bonaerense.
Cristina participa, junto a Enrique Zannini, en la redacción del discurso de inauguración del período de sesiones ordinarias del Congreso del primero de marzo, en el cual no se esperan mayores sorpresas.
Con todos estos pasos de tinte hegemónico por parte del oficialismo, la oposición se ve más desdibujada que nunca y sin respuestas.
La marcha en contra de la reforma del Consejo de la Magistratura se asemejó a una simple mueca ante el avance arrollador del Gobierno.
Este ha comprobado también que no sufre ningún tipo de desgaste con estos cambios ni con la foto abrazando a Luis D Elia, que pasó de piquetero a funcionario, ni con nada, frente a una sociedad desinteresada por estos temas.
Sólo una escapada de los precios puede erosionar la imagen del Presidente y, es por ello, que sigue personalmente y día a día el desarrollo de los acuerdos y castiga cuando lo considera necesario.
Ahora, le tocó el turno a los intendentes que aumentaron sus tasas municipales y que puede resultar otro factor de riesgo para los costos empresarios.
Minutos después de la queja presidencial, que hizo en público, los intendentes programaron uan reunión para el martes que viene en la Federación Argentina de Municipios, con el objetivo de bucear en otras soluciones.
Al tema que realmente no le encuentra la vuelta es el conflicto con Uruguay por las papeleras española y finlandesa.
El problema se agrava día a día, y para la Argentina se resume en los argumentos ecologistas que permitió la presentación en el tribunal de La Haya, condenada desde el vamos a la vía muerta.
Y nadie, de un lado o de otro de la orilla, se anima a poner sobre le mesa la carta política, la única que a esta altura servirá para dirimir las diferencias entre dos países separados sólo por ríos.



