Noche del jueves 23/02/06
Hasta el 28/02/02 ejercí la docencia a pleno, con vocación, responsabilidad, experiencia (cuarenta y dos años) y gran amor a los niños y a los jóvenes, a quienes contenía, prefiriendo dejar de lado la característica papelería argentina, para poder escucharlos, en estos años difíciles que estamos viviendo, a nivel nacional e internacional, especialmente en los recreos, a tal punto que me preguntaron, en mi último destino, por qué no gobernaba. Esto ya lo había oído en mi anterior destino. Cuando cuidaba curso por ausencia de profesor, les hablaba de la importancia del estudio, para conocer los deberes y derechos de los habitantes de nuestro país y que constan en la Constitución Nacional. A la pregunta formulada les respondí, que no era de mi gusto la política, tema que cuidaba de no encarar con ellos, pero sí agregué que si yo gobernara, seguramente no llegaría al fin de mi mandato, por piedras que no faltarían en mi camino.
Los ultimos años, vi faltar el respeto a alumnos, a padres y hasta a mi persona. Me levantaron la voz a mí, pero desde luego me defendí y fundamenté mis decisiones, con respeto y total conocimiento de lo que es reglamentario. Me dediqué especialmente a cuidar la integridad de los educandos, sus historias, sus penas...
Considero, como docente en pasividad, que estudié los módulos, con que intentaron adecuarnos para la última reforma educativa, que debe estudiarse un cambio total del sistema actual. Las sugerencias las daré a conocer en otra nota.
Más allá del trato que recibí y que hicieron decaer mi ánimo, no bajé mis brazos, menos aún en el trato afable y comprensivo a los alumnos, de quienes no me pude despedir, como consecuencia de los mencionado anteriormente. Mi cargo de preceptora provisional fue cubierto en el 2002, legalmente, pero habiendo una sola vacante, fue sorprendente, que ingresaran dos preceptoras. Además fue terminante.
Siempre con la anuencia de mis superiores (solo en jerarquía) trabajé con respeto hacia todas las personas y aporté ayuda material a los establecimientos y también a los alumnos víctimas de la pobreza. Mi afán como el de los generales Belgrano y San Martín y del insigne estadista Domingo F. Sarmiento, era que todos los niños y jóvenes, por igual, pudieran tener acceso desde el hogar, o desde mi mínima colaboración, a la enseñanza, a fin de no terminar siendo esclavos.
Mis profesores de la Escuela Normal Nacional Dr. Eduardo Costa, me prepararon para la veneración de la Constituticón Nacional, de los símbolos patrios, del pasado histórico más allá de los errores humanos, de la DEMOCRACIA. Cumplí.
Esta noche, una angustia me aprieta la garganta y el alma: ver a nuestros chicos pobres, violentos, en multitud, queriendo ingresar por la fuerza, al recinto donde están por aparecer esos extranjeros que incitan a actitudes lejanas a la moral, la vagancia, y se llevan nuestros dinerillos. Tenemos valores argentinos para promocionar, valores conocidos en todo el mundo: la Sra. Marta Argerich, la Sra. Mercedes Sosa, el Sr. Bruno Welber, el Sr. Jairo, Los Nocheros, etc, que no exacerban, dan paz y goce al alma y contribuyen a la cultura argentina y universal.
Esta noche ví a una multitud de jovencitos que demostraban en forma irracional, un reclamo de equidad social. Mientras ellos eran apresados y caían heridos, policías y camorógrafos que cumplen con órdenes superiores, muy cerca, un poco más allá iban ingresando los chicos ricos de dinero, no de cultura, para escuchar a ese grupo de enajenados, venidos de afuera.
Esta noche, como nunca antes, vi los chicos pobres a un lado y los chicos poderosos de dinero, en otro. Para unos si. Para otros no.
¡POR FAVOR!
Ocupación para los jóvenes como lo pensó Belgrano, trabajo, cambios educativos, seguridad, condiciones de igualdad, prohibición de escoriosa música y literatura extranjera, más argentinidad, para todos los chicos especialmente para los marginados, porque todos los jóvenes unidos, constituyen la verdadera gran esperanza de la Patria, nuestra querida Argentina.
Marta Beatriz Rosas
DNI: 4.070.394



