Nos sacudimos la arena, dejamos de lado las zapatillas, acomodamos los bolsos, nos miramos en el espejo el lindo color que supimos conseguir, y regresamos ya ansiosos para enfrentar un nuevo año escolar que es el puntapie inicial del complicado engranaje de la marcha del país.
Atrás desaparecieron los días en que el despertador también dormía. Lejos quedó la lenta pátina del no-hacer para recargar de energía a nuestro cuerpo y nuestra mente.
Complacidos ante la falta de horarios, saboreando esa dulce golosina llamada vacaciones.
Pero todo llega a su fin aún lo placentero, ese paso fugaz de nuestras vidas.
Ahora nos toca empezar, nos toca abrir las puertas a nuestras actividades cotidianas cargadas de obligaciones.
Pero este año deberíamos predisponernos a mejorar a concretar anhelos y brindaron mas a los demas desde el rincón donde nos encontramos.
Que nuestros modales sean un pasaporte a una convivencia armónica y posible.
Esto redundará en nuestro beneficio y nuestro mal humor se convertirá en buen humor trayendo sonrisas reconfortantes para seguir provocando mas alegría a nuestro alrededor.
Vayamos así por pueblos o ciudades siendo artífices de un mundo más pleno embellecido por nosotros para aniquilar maldades repetidas a veces tan olvidadas por la gente que transita por la vereda opuesta a la nuestra que es la del sol.
Tener en cuenta la experiencia de nuestros abuelos, involucran jóvenes y adultos en la construcción de un país fuerte para brindarle a los niños límites y cuidados.
Es por eso que empezar es tener la oportunidad de ser protagonistas de un cambio grande y profundo, generador de innumerables posibilidades.
Es una invitación demasiado apetecible para no aceptarla no?
Rina Casulli



