Como poseída por Atila, el agua se apropió de las tierras y arrasó con todo a su paso. Una vez más, la televisión nos mostró la magnificencia de la naturaleza, la imprevisión de los gobernantes, la fortaleza de la gente, la solidaridad del pueblo y los aprovechados de siempre. La insensibilidad, que llega de la mano de los comerciantes inescrupulosos, los políticos corruptos, los artistas que muestran su inmenso "altruismo" ante los medios y los que se creen que el dolor se mira y se siente por televisión. La ignorancia, que se adueña de los valores y anula el criterio, entonces un niño de solo 1 año y medio muere de frío sobre un techo, porque sus padres no quisieron abandonar la casa por miedo a los saqueos.
Pero en medio del caos, como siempre sucede, aparece esa luz que nos rescata, que nos moviliza y nos invita al cambio, al crecimiento.
Entonces... vemos como voluntarios, bomberos, miembros de la cruz roja y gendarmes, se hunden en el agua para rescatar personas. Cada cual con su historia y su inmenso estoicismo ante el dolor de lo inevitable.
Casos. Como el de la señora de 73 años que es rescatada por el techo, después de permanecer tres días, dentro de su casa rodeada de agua.
O la familia que en su inmenso dolor, ante la perdida de un ser querido, donó los órganos. Y mientras se practicaba en un quirófano la ablación, decenas de brazos cargaban bolsas de arena para impedir que el agua entrara al edificio. Luego, el traslado. Un médico, abrazado a la conservadora donde se transportaba el órgano, se subió a un bote que lo trasladó hasta una zona donde en tierra firme, un camión lo esperaba para llevarlo hasta otro sector, donde pudo aterrizar el helicóptero, que desesperadamente durante una hora había buscado un lugar seguro donde aterrizar. Y el corazón llegó, y le salvó la vida a un hombre, que esperaba agónico en el Hospital Argerich de la Ciudad de Buenos Aires.
Así, es que la vida sigue... a pesar del dolor, la desesperanza y la impotencia. A pesar de los aprovechados y la negligencia.
Esperemos que ahora, y de una vez por todas, se tomen las medidas técnicas necesarias para prevenir próximas inundaciones. Que se ayude en forma igualitaria y desinteresada a todos aquellos damnificados. Que se sancione a los comerciantes descarados que están cobrando $8 un kilo de pan o $4 cada vela. Que las vacunas lleguen, y las medidas sanitarias de las que tanto se habla, se efectivicen con la rapidez e inmediatez que la urgencia merece. Que no dejemos de aprender la innumerable cantidad de lecciones que este episodio nos ha dejado. Y sobre todo, que los que nos gobiernan aprendan del pueblo y su grandeza.
NANCY GONZALEZ
nanalmendra@hotmail.com



