Buenos Aires (Especial para NA, por José Calero) -- Sin anunciarlo como tal, el gobierno puso en marcha un plan destinado a sostener el ritmo de consumo y evitar un eventual enfriamiento de una economía que creció a nivel récord en el 2005, cuya única excepción parece ser, por ahora, la carne.
El presidente Néstor Kirchner llamó a boicotear el consumo de la comida preferida de los argentinos si su precio sigue subiendo, en un enfrentamiento con ganaderos y frigoríficos que incluyó hasta una campaña publicitaria pagada con dinero público.
Más allá del fragor de esa pelea, la instrucción presidencial es no hacer caso de quienes recomiendan subir tasas de interés para enfriar la economía --subió 9,2 por ciento el año pasado- por temor a la inflación.
Habrá que ver qué tiene para decir sobre esto el presidente del Banco Central, Martín Redrado, ya que los análisis que circulan en el sistema financiero indican que este año se deberá subir la tasa de interés para evitar que la inflación se salga de la raya.
Ajeno a estas discusiones de la ortodoxia económica, Kirchner decidió poner en marcha medidas por las cuales se resignarán ingresos tributarios a cambio de volcar dinero al consumo.
La lógica presidencial puede ser cuestionable desde esa ortodoxia, pero tiene fundamento en la experiencia reciente de la Argentina.
A poco de asumir en 1999, el presidente Fernando de la Rúa aplicó una fuerte suba impositiva -algunos de cuyos efectos adversos se sienten hasta hoy-- y aceleró un proceso de recesión que ya venía dando señales inequívocas desde el final del gobierno de Carlos Menem.
"Yo no voy a repetir esos errores", insiste Kirchner cada vez que puede ante los oídos siempre atentos de su ministra de Economía, Felisa Miceli. Por eso, en una jugada que tuvo ingredientes políticos muy definidos, Kirchner dio cabida al reclamo de la CGT y autorizó subir el mínimo no imponible de Ganancias desde abril.
Desde el punto de vista económico, la decisión impactará sobre los niveles de consumo de la clase media, liberando unos 1.500 millones de pesos anuales al mercado, porque más de 500 mil personas tributarán menos Ganancias y tendrán más dinero fresco en el bolsillo para gastar.
Pero la iniciativa también tuvo un condimento político, ya que fue anunciada días antes de la renuncia del gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, a quien un sangriento reclamo justamente para que se suba el mínimo no imponible de Ganancias, le desató una crisis que terminó costándole el cargo.
Si Kirchner parece dispuesto a sostener el consumo en general, se muestra en cambio decidido hasta a "sabotear" a los ganaderos y frigoríficos, pidiendo a la gente no comprar carne si los precios continúan en alza.
Es tal el empeño -¿y la obsesión?- que Kirchner le pone a cada enfrentamiento sectorial, que ordenó destinar una partida publicitaria a hacer esa recomendación a la gente con avisos en distintos medios.
Ganaderos y frigoríficos exportadores abrigan la esperanza de apaciguar la irancundia presidencial, y para ello están buceando la posibilidad de que alguien del gobierno los reciba para presentarle un plan destinado a sortear la crisis.
Esa iniciativa permitiría aumentar el stock de ganado, verdadero origen del alza de precios según la óptica de entidades como la Sociedad Rural, CARBAP y el consorcio ABC, de frigoríficos que exportan.
Pero más allá de sus escarceos de tono subido con los ganaderos, Kirchner no quiere perdir de vista su interés en evitar que la alarma generada por la inflación conspire contra el crecimiento económico.
Por eso, además de reducir la presión tributaria en Ganancias, en el gobierno también analizan subir el piso a partir del cual debe tributarse Bienes Personales, más conocido como impuesto a la riqueza.
Desde hace años que ese mínimo se ubica en 120 mil pesos, pero inflación y aumentos salariales mediante, quedó desfasado e hizo que cientos de miles de personas quedaran obligados a pagarlo.
Por eso, la administración Kirchner analiza elevar el piso de ese gravamen, hasta un nivel aún no definido pero que podría rondar los 200 mil pesos.
Sería una medida lógica desde la óptica tributaria, aunque representaría otro impacto negativo sobre las arcas del Fisco, de menor cuantía que el cambio en Ganancias.
Pero si con estas medidas Kirchner busca reforzar el ingreso y robustecer el consumo, desde la cartera laboral ya analizan volver a convocar al Consejo del Salario, con la venia presidencial.
La intención sería que sindicalistas y empresarios discutan una nueva suba del salario mínimo, que se ubica en 640 pesos.
La CGT ya le planteó al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que era insostenible la contención de conflictos sindicales a partir de abril si no hay señales de que subirá el mínimo.
Una poderosa razón es que la línea para no caer en la pobreza se ubica en los 849 pesos.
Pero antes de que lleguen las subas del salario mínimo en general, en el gobierno parecen dispuestos a evaluar un alza para los estatales, que llegarían antes de mediados de año.
Igual, puede haber conflicto en la administración pública, porque los estatales pretenden un aumento del 25 por ciento y el gobierno sólo estaría dispuesto a conceder un 10.
La última pata de todo este andamiaje salarial está vinculada con los jubilados, que ya percibieron algunos ajustes en las escalas mínimas.
Aquí el incremento podría llegar pero recién después de junio, cuando el gobierno tenga un panorama más claro sobre cómo viene el comportamiento de las cuentas públicas, otra obsesión permanente en el universo "K".



