Buenos Aires (Especial para NA, por Marisa Alvarez) -- "La política" -se sabe- nunca descansa en la provincia de Buenos Aires. Ni siquiera duerme. Pero aún así, en los últimos tiempos ha adquirido una fluidez, con rachas de vértigo, que logra sorprender a quienes se detienen en el almanaque y reparan en que falta un año y medio para las próximas elecciones. Porque, claro, todo lo que se dice, se calla, se hace y se deshace, tiene que ver con los comicios del 2007 y muy centralmente con la candidatura para la gobernación, aunque otros espacios rutilantes y las intendencias también son ya motivo de fuertes movimientos. ¿O no falta tanto? En el ancho espacio del oficialismo ya no quedan dudas de que la orden del Presidente de moderar ímpetus, velocidad y modos a los que están notoriamente en carrera por la Gobernación desde hace rato, fue casi simultánea a la señal de aliento que recibieron otros que, tuvieran o no la misma aspiración íntima que aquellos, no estaban alcanzados por los reflectores.
Según la lectura generalizada en el peronismo kirchnerista, la orden de replegarse hasta nuevo aviso alcanzó, con matices de intensidad vinculados a la exposición alcanzada por cada uno, al ministro del Interior, Aníbal Fernández; al ministro de Gobierno bonaerense, Florencio Randazzo; y al presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Alberto Balestrini.
SE HACE CAMINO AL ANDAR
Y, más o menos explícitos, los mensajes de aliento para "caminar" fueron para el titular del Anses, Sergio Massa; el canciller Jorge Taiana; y el presidente del PJ bonaerense, José María Díaz Bancalari. En la búsqueda de opciones de la Rosada, representan, respectivamente, algo así como "lo joven y por ende lo nuevo"; la conjugación de un apellido de la historia del peronismo con una trayectoria con raíces en las luchas de los ´70, desvinculada del "aparato" peronista y asociable, por lo tanto, al "perfil transversal"; y la expresión bonaerense más genuina del "peronismo genético".
Asimismo, Kirchner suele exaltar en su entorno las "escondidas virtudes políticas" de un funcionario nacional con rol eminentemente técnico, el secretario de Hacienda Carlos Mosse. Y por lo pronto le ha encargado algunas misiones, como el monitoreo de la aguda crisis del oficialismo en la intendencia de Bahía Blanca; y la tarea de "acompañar" a Díaz Bancalari para llevar a la conducción formal del PJ bonaerense "hacia un camino común con el Frente para la Victoria". Para algunos, eso alcanza para considerar a Mosse también puesto en la carrera del 2007.
Esos "lanzamientos reservados" de nuevos aspirantes, aunque vinculados al aumento de la tensión interna en el oficialismo, están llenos de matices y se suman a un paisaje anterior complejo y revulsivo.
Para empezar, la eventual candidatura a la gobernación de Cristina Kirchner sigue siendo impulsada desde ámbitos de la propia Casa Rosada y absolutamente nadie la descarta. Para seguir, nada indica que con la instalación de nuevos aspirantes el Presidente haya eliminado de su lista a los, a esta altura, viejos postulantes. Y para completar, ni todos los viejos ni todos los nuevos están siendo analizados en los laboratorios de la Presidencia como posibles candidatos a gobernador; algunos son "seguidos" pensando en la cobertura de otros casilleros del rompecabezas electoral.
UNA PUJA QUE COBRA TEMPERATURA
Por debajo de las pulseadas derivadas de los nombres en danza, mientras tanto, dentro del seno del oficialismo bonaerense está cobrando temperatura inusitada la confrontación entre peronistas y transversales según algunas definiciones; entre ex duhaldistas y kirchneristas puros según otras visiones; calificaciones que sirven para entender más o menos por dónde pasa la divisoria de aguas, aunque muchos de los que ahora se ubican en el campamento transversal o kirchnerista puro hayan hecho, en rigor, carrera en las estructuras históricas del PJ.
Esa puja -concentrada en la contienda electoral por las intendencias, y en particular las del Conurbano- va adquiriendo ribetes de dura batalla. Y su dato sobresaliente es que, aunque el
Presidente mantiene amistades y vínculos políticos sin fisuras con dirigentes de los dos campamentos, la pulseada, que amenaza con ingresar en un clima bélico, está siendo motorizada y alimentada desde distintos focos del entorno íntimo de Néstor Kirchner.
El desembarco iniciado en la Provincia por el Compromiso K que conducen Carlos Zannini y un grupo patagónico, claramente inclinado en favor de la "versión transversal", parece haber actuado como revulsivo de ese proceso. Pero también se incursiona en ese campo de batalla desde despachos del ministerio de Julio De Vido, cercano a los campamentos del PJ estructural e histórico. Y, con la mira extendida además sobre expresiones aún no incorporadas al oficialismo, participa también Oscar Parrilli. Por debajo de ellos, una multitud de operadores que se dicen delegados de la Rosada fogonea sin tregua esa confrontación.
RADICALES EN TRANSITO AL FPV
Sin embargo, si se trata de ir buscando espacios debajo del paraguas electoral de la Casa Rosada, las múltiples e hiperactivadas corrientes internas del oficialismo no están solas. Un sector del radicalismo bonaerense está poniendo en marcha por estas horas un proceso orientado a alcanzar un "acuerdo político-electoral" con el gobierno nacional. Lo impulsa la mayoría de los intendentes y legisladores, desde la pretensión de desembarcar en el Frente para la Victoria manteniendo la "identidad partidaria". El objetivo es poder sellar una suerte de alianza, para ser en sus distritos "candidatos radicales" en boletas compartidas con las postulaciones del FpV a la residencia de la Nación y a la Gobernación.
Los impulsores de la movida saben que, para poder formalizar una negociación con la Casa Rosada en términos de "alianza", necesitan tener la representación formal de la UCR, hoy en manos del sector que no compartiría este objetivo. Y piensan que lo pueden lograr si alcanzan la mayoría en la próxima convención partidaria, el órgano que define las políticas electorales.
Para muchos, con alguna razón basada en votos y matemáticas, el radicalismo "está muerto". Pero no es ésa la lectura fina que se hace en el gobierno nacional. Con victorias obtenidas en medio del derrumbe, la UCR tiene hoy 41 intendentes, casi un tercio del total; un dominio nada despreciable que se acentúa en el interior provincial.
DE LA SEDUCCION AL ACOSO Y LA PRESION
Por eso, los que motorizan este proceso en la UCR lo hacen en un contexto signado por una permanente y cada vez más intensa política de conquista de la Casa Rosada sobre los intendentes radicales. En algunos casos, es el Presidente en persona el que los convoca a "charlar". En otros casos, la tarea corre por cuenta de Parrilli, De Vido y "mil más", como dicen en el radicalismo. Para algunos jefes comunales el despliegue de la Rosada es de "seducción", muchos ya lo viven como un "acoso" y hay quienes lo definen como "presión". Como sea, este grupo considera que la UCR
no tiene ni tendrá en el 2007 candidatos a presidente y a gobernador capaces de enfrentar el vendaval oficialista y llevar al triunfo a sus "candidatos de abajo". Y a ese cálculo añaden el convencimiento de que, si no conforman pronto un frente que les permita negociar en conjunto, con algún vigor, una "asociación" con el Gobierno, éste irá sumando de a uno a los intendentes radicales a la tropa kirchnerista, en lo que constituiría, según ellos, "la desaparición real y final del partido".
REELECCION Y LOS DOS Nº 2
Lo cierto es que la Rosada, en su plan de conquista, ya ha dejado caer en el radicalismo indicios que funcionan como fuertes estímulos. Algún hombre del Presidente les ha "confesado, en extrema reserva", que Néstor Kirchner buscará la reelección. Y más
de uno les ha jurado que el Presidente se propone ubicar en "el número dos de las dos fórmulas" (la vicepresidencia y la vicegobernación) a "no peronistas".
Los bonaerenses saben que para "el primer número dos" ya hay nombres de dirigentes radicales de otras provincias en danza, como los del mendocino Cobos y el correntino Colombi. Pero creen que también tiene chances el marplatense Daniel Katz, quien, en caso contrario, tendría asegurado "el segundo número dos", la vicegobernación. Se resisten a creer en cambio la insinuación de algún operador kirchnerista, que deslizó que Katz podría inclusive encabezar la fórmula bonaerense.
Al radicalismo le esperan tiempos duros. Un sector irá con Margarita Stolbizer en busca de un espacio de centroizquierda que enfrente electoralmente al oficialismo. Y en los núcleos duros de la UCR comenzó a especularse con una candidatura de Raúl Alfonsín a la presidencia de la Nación que -admiten- sería "testimonial" pero -creen- les serviría para que el partido obtenga un 10 ó 12% de los votos y marque en ese nivel su piso. Pero estos procesos internos de la UCR ya están en marcha y hay señales de que mantendrán un ritmo acelerado. "Es que en el kirchnerismo algunas voces aseguran que las elecciones serán en abril", dicen para explicar el apuro.



