La cervecería y maltería Quilmes, hija de la Cervecería Argentina, fundada por Otto Peter Bemberg en 1888, fue vendida a capitales belgas y brasileños por 1.200 millones de dólares. Como la yerba, el dulce de leche y los alfajores, nada más argentino que la cerveza Quilmes.
La marca, sobre una imagen que se identifica con la bandera celeste, blanca y celeste en su etiqueta, tomó el nombre del distrito en el que nació, aunque era en los Valles Calchaquíes donde la pequeña etnia de los Quilmes vivía, junto a los Vacaviles, los Colalaos, los Tolombones y los Calchaquíes, con quienes integraban una confederación sin jerarquías bien establecidas.
Como el mate, que según el escritor Eduardo Galeano hace "amigas a las gentes", recibió su primer siglo de vida con un slogan que aún hoy permanece en el inconsciente colectivo: "el sabor del encuentro", que identificó a la Quilmes como una excusa válida para la reunión con amigos, el abrazo familiar y la oportunidad de conocer a otras personas. Además, posicionó al producto en competencia con otras bebidas, ya que hasta el momento era muy poca la cerveza que consumían los argentinos, en comparación con otros países de la región, como Brasil o Venezuela. Generadora de una identidad nacional, la cerveza Quilmes ya no es argentina.
Otto Bemberg era, como no podría ser de otra manera, alemán. Se había dedicado a la importación de tejidos y a la exportación de lanas y cueros, hasta que se instaló en Argentina y fundó lo que sería una compañía líder del mercado de las bebidas.
La sociedad propietaria nació con el nombre de la Brasserie Argentine y a Bemberg lo acompañó su hijo y otros inversores. La primera tirada de la espumosa bebida de malta llegó en 1890, cuando la planta fabril recibió energía eléctrica.
La expansión llegó en los años 20, cuando compró la cervecería Palermo de Buenos Aires y recién nacían las cervecerías Norte y Andes, en Tucumán y en Mendoza.
La Casa Bemberg comenzó a producir malta de cebada en el país y pronto se convirtió en exportador. Su capacidad de negociación en el mundo de los negocios le permitió, en 1923, ser garante para que el Estado pudiera emitir deuda en el exterior.
El gobierno de Juan Domingo Perón puso en crisis a la firma, pero impulsó el consumo de la cerveza. En la década del 50 la empresa fue expropiada y su consumo se masificó gracias a los precios subsidiados que hacían que el producto fuera prácticamente regalado a la gente.
El consumo de cerveza, sin embargo, no fue masivo en Argentina hasta los 80, con aquel slogan que hablaba del encuentro. Al fin de la década, la cervecería de los Bemberg construía una planta en la provincia de Corrientes, donde comenzó a fabricar la cerveza Río Paraná.
En 1992 inauguró otro establecimiento en la vecina localidad de Zárate con una capacidad para producir 2,2 millones de hectolitros al año que se duplicaron en 1994, gracias al consumo interno y las operaciones en el exterior.
Fue en esos años que se integró la firma Quinsa (Quilmes Industrial Sociedad Anónima). Aunque con la participación accionaria mayoritaria de la familia Bemberg, la empresa contaba con una porción societaria de inversores de las bolsas de Luxemburgo -donde la compañía tiene su sede- y de Nueva York, y hasta la holandesa Heineken era socia.
En 1997, Quinsa compró la maltería Bieckert y pasó a ser propietaria de siete plantas industriales en el país. Y dos años después, adquirió la empresa Buenos Aires Embotelladora SA (Baesa), la principal embotelladora y distribuidora de Pepsi Cola, y toda su línea de bebidas gaseosas en la Argentina y Uruguay.
Al cumplir los 100 años, lo que fue una pequeña empresa familiar fundada por un alemán que antes se había dedicado a la importación de tejidos y a la exportación de lanas y cueros, llegó a manejar las marcas Quilmes Cristal, Palermo, Liberty, Quilmes Bock, Quilmes Light, Iguana, Bieckert, Imperial, Stella Artois y Brahma; e incursionó en el mercado del agua mineral con una planta embotelladora en Tunuyán, en donde nació Eco de los Andes; y distribuyó las aguas Glaciar y Nestlé y las bebidas Gatorade y Tropicana.
En mayo de 2002, el grupo brasileño AmBev (dueño de Brahma) compró el 37 por ciento de la sociedad, lo que permitió a los descendientes de Bemberg continuar con el control de la compañía que hoy maneja el 80 por ciento del mercado de la cerveza en Argentina, aunque ya no es Argentina.



