La violencia cotidiana ha crecido sigilosamente. Quizás porque nos concentramos tanto en la violencia multitudinaria o en masa que creemos estar a salvo cuando están controladas o en calma.
Pero la verdad es que la que violencia cotidiana viene horadando la sociedad en proporciones alarmantes.
La falta de valores, parámetros familiares, educativos y sociales, ha provocado una eclosión que se manifiesta en grupos cada vez más jóvenes. El ensañamiento es cosa común y el motivo que la desencadena se diluye en la proporción de las consecuencias.
De todas maneras la violencia individual no deja de ser un acto reflejo, un eco de la violencia recibida desde diferentes ámbitos a los que la sociedad actual nos expone.
Estos ingredientes componen la receta de la violencia desenfrenada que vemos reflejada en noticias, informes especiales de televisión y en los medios gráficos. Se mezclan la "violencia domestica" (psicológica y física con el cónyuge, el maltrato infantil y el abuso de los niños); "violencia cotidiana" (no respeto de una cola, maltrato en el transporte público, la larga espera para ser atendido en los hospitales, cuando nos mostramos indiferentes al sufrimiento humano, los problemas de seguridad ciudadana y accidentes); "violencia política" (que surge de los grupos organizados ya sea que estén en el poder o no. El estilo tradicional del ejercicio político, la indiferencia del ciudadano común ante los acontecimientos del país, la no participación en las decisiones, así como la existencia de las llamadas coimas como manejo de algunas instituciones y las prácticas de Nepotismo institucional. También la violencia producida por la respuesta de los grupos alzados en armas); indispensable la "violencia socio-económica" (reflejada en situaciones de pobreza y marginalidad de grandes grupos de la población: desempleo, subempleo, informalidad; falta o desigualdad de oportunidad de acceso a la educación y la salud); un poco de "violencia cultural" (que discrimina según estratos económicos, etarios, estéticos o de razas) y la "violencia delincuencial" (Robo, estafa, narcotráfico, es decir, conductas que asumen medios ilegítimos para alcanzar bienes materiales). Formada "la torta" dependerá de nuestros conocimientos, valores, creencias y actitudes frente a distintas situaciones la manera en que evadamos las consecuencias y busquemos otras alternativas válidas y ayuda para superar las dificultades que se presenten.
La cuestión es que este virus social esta atacando a jóvenes cada vez más jóvenes y nos preguntamos que papel tiene cada uno en esto. Los padres, la familia, la sociedad y el Estado. Nos preguntamos por las penas legales, si la solución esta en las cárceles. Teoría que decae cuando vemos el estado de nuestros servicios penitenciarios y las consecuencias nocivas que tiene en los que hoy y ayer han pasado por ellas. Sino veamos un extracto del informe realizado por la Defensoría con la colaboración del Observatorio Internacional de Prisiones, durante el período 2005 y parte del 2006, donde se visitaron el penal de Villa Devoto, en la Capital Federal, y distintas cárceles de Buenos Aires, Mendoza, Corrientes, Córdoba, Salta y Río Negro, que representan el 52 por ciento de total de detenidos del país. En 63 páginas, se denuncia "la realidad de hacinamiento y condiciones infrahumanas de vida; la falta de políticas de integración que, a través de la educación y la enseñanza de oficios, capitalicen la experiencia carcelaria más allá del mero encierro; y el contrasentido jurídico que, por acción u omisión, no cumple con el principio de sostener la inocencia hasta que se demuestre lo contrario". Por ejemplo:
*La superpoblación carcelaria es de 14,5 por ciento;
*Sólo el 39 está cumpliendo condena efectiva; el otro 61 por ciento está solo procesado;
*El 4,5 por ciento padece el virus del SIDA;
*Sólo el 43 por ciento tiene sus estudios primarios completos;
*El 37 por ciento de los detenidos estaba sin trabajo al momento de ingresar a la cárcel. (Fuente: Agencia DyN)
Sin dudas hay mucho por revisar en nuestro sistema de justicia, en nuestros valores cotidianos en nuestra evolución como sociedad, que en muchos aspectos se parece más a una involución refleja. Pero quizás debamos optar por la comunicación, que es prevención porque nos posibilita encontrar un espacio, ser protagonistas, el aprender a respetar al otro; posibilita la capacidad de aceptar el error como incentivo para la búsqueda de soluciones. Y la comunicación siempre debe comenzar en casa…



