Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- El conflicto de las papeleras adquirió tal dimensión que terminó por afectar al Mercosur, pese a que sólo cinco meses atrás
el bloque regional había salido muy fortalecido de la Cumbre de las Américas, cuando resistió la avanzada de los Estados Unidos y sus aliados para imponer el ALCA.
El mal momento que genera para el Mercosur el conflicto de las papeleras es a esta altura de las circunstancias algo insoslayable: el propio presidente Néstor Kirchner debió escuchar la preocupación de Lula Da Silva por las implicancias negativas de la controversia en la reciente reunión de San Pablo.
Aún así, el Gobierno argentino se esfuerza por bajarle el perfil al diferendo, mientras que Uruguay amaga con cobijarse bajo el ala de los Estados Unidos, hasta donde llegará el presidente Tabaré Vázquez el próximo 4 de mayo.
El Gobierno uruguayo viene cuestionando al Mercosur desde antes de que estallara el conflicto de las papeleras, pero ahora intensificó sus críticas, a tal punto que Tabaré Vázquez llegó a decir que el bloque regional "no sirve".
Pero los cuestionamientos al Mercosur no sólo provienen de Uruguay sino también de Paraguay, otro de los miembros fundadores del bloque, que en los últimos tiempos experimentó un notable acercamiento con los Estados Unidos, al punto de permitir la instalación de una base militar transitoria en su territorio.
Con la reunión de Kirchner y Lula en San Pablo, la Argentina y Brasil buscaron dar una imagen de solidez del Mercosur pese a este cuadro de situación adverso, aunque también dieron señales a Paraguay y Uruguay de que no son indispensables para el futuro del bloque.
La primera señal, en rigor, resulta ya una ratificación: la Venezuela de Hugo Chávez está cada vez más integrada al Mercosur -a partir de su poderío energético-, sobre todo luego de que presentó su renuncia a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que integran Bolivia, Colombia, Perú y Ecuador.
Chávez se fue dando un portazo porque Colombia, Perú y Ecuador llegaron a un entendimiento con los Estados Unidos para firmar -cada uno por su lado- un Tratado de Libre Comercio (TLC), el mismo que Uruguay podría conseguir si Tabaré se pone de acuerdo con George W. Bush la semana que viene en Washington.
La segunda señal que emitieron Kirchner y Lula -a la que se sumó Chávez- fue hacia la Bolivia de Evo Morales, a la que habilitaron en forma expresa una participación en el faraónico proyecto del Gasoducto del Sur, para el cual el país del altiplano es importante por su reconocida reserva energética.
Así las cosas, en el Gobierno argentino le ponen ahora todas las fichas a que los asambleístas de Gualeguaychú levanten en los próximos días el corte de la ruta 136 que lleva a Fray Bentos. "Si se levanta el corte, se vuelve abstracto el reclamo de Uruguay para que el diferendo por las papeleras sea tratado en el Consejo del Mercosur", dijo a la agencia Noticias Argentinas una fuente de la diplomacia nacional.
Incluso, en la Casa Rosada no descartan la posibilidad de que una vez levantado el bloqueo en Gualeguaychú -algo que estiman puede suceder el próximo lunes- se retomen las negociaciones políticas con el Gobierno uruguayo.
En ese punto, nuevamente, la palabra final volvería a tenerla la empresa Botnia, que no accedió a paralizar sus obras en Fray Bentos para que se pueda realizar un estudio de impacto ambiental durante un período de 90 días.
Lo que queda claro, como sea, es que el conflicto de las papeleras ya superó la dimensión de las relaciones bilaterales entre la Argentina y Uruguay, y volvió a poner sobre el tapete las dificultades que tiene el Mercosur para plantearse un proyecto alternativo al de las grandes potencias mundiales.



