Por José "Tito" Martinez periodista
Especial p/La Auténtica Defensa
Cuántas cosas se han dicho respecto de la seguridad en nuestro distrito, cuántas críticas y alabanzas, cuántos proyectos o propuestas se han planteado al solo efecto de hacer algún aporte significativo que permita descomprimir la profunda sensación de inseguridad que nos invade. A pesar de ello la estadística delictiva no parece disminuir significativamente, por el contrario, se suman nuevas formas de delito como por ejemplo: la quema de vehículos, especialmente los fines de semana, en horas que coinciden con la salida de los bailes, los homicidios perpetrados con inusual alevosía cuyas víctimas son torturadas brutalmente y hasta quemadas, entre otros hechos no menos impactantes.
Pero que tan nuevas son estas formas de delito que hoy nos sorprenden de modo tan desagradable?
En realidad no lo son sino para nosotros, ciudadanos comunes que hasta hace no más de diez años vivíamos en una ciudad con espíritu de pueblo, donde estás aberraciones no tenían cabida ni siquiera en nuestra imaginación. Hoy, el crecimiento demográfico de este territorio hace que nuestra realidad sea similar al resto de la provincia, si bien es cierto que cada zona tiene su particularidad.
Aquí y ahora, la mayor presencia policial, su accionar más rápido y efectivo y la depuración de sus filas llevada a cabo por Arslanian en los últimos tiempos, tienden a disminuir la incidencia del delito y a crear en a ciudadanía una sensación de credibilidad institucional. Otras fuerzas como los federales han optado medidas similares lo que también contribuye grandemente a la prevención la persecusión del crimen, especialmente el organizado. La ciudadanía también se involucró activamente a través de los foros de seguridad municipales y la instauración de la figura de los defensores de la Seguridad, institutos que a mi criterio se fueron debilitando por la irrupción en su seno de intereses ajenos a la problemática y por la politización de los mismos, lo que los apartó de los objetivos, perdiendo en muchos casos su razón de ser.
La justicia, uno de los ejes más importantes en la temática, se encontró luego de la reforma del año 1998 sobrepasada en su capacidad operativa perdiendo toda posibilidad de resolver los conflictos judiciales con la rapidez y efectividad que ordena la constitución, cayendo de ese modo y a pesar de los denodados esfuerzos del sector, en la profundización del divorcio existente entre la administración de justicia y la sociedad. Esta debe asistir indefensa a largas esperas que se ven agravadas cuando en las causas penales hay involucrados que se encuentran privados de su libertad, provocando con esa demora la no menos conflictiva congestión carcelaria convirtiendo a las cárceles en verdaderas escuelas del delito. En ese sector también se está trabajando para revertir la situación, aún sin éxito.
Desde el punto de vista político se nota una actitud que sobrepasa los intereses netamente partidarios y se sitúa más cerca de las necesidades reales de la gente, adoptándose desde los despachos oficiales medidas que apuntan principalmente a la transparencia de las gestiones intentando desterrar la corrupción e impunidad que fuera distintivo de gobiernos pasados y esto es muy positivo.
La modificación negativa de las conductas humanas motivadas muchas veces por la incidencia del consumo excesivo de alcohol y/drogas, la pobreza, la consecuente marginación y la falta de oportunidades, potencian grandemente la tendencia delincuencial en medio de tales condiciones.
Creo que fundamentalmente, las familias disgregadas y la ausencia de valores tales como el respeto, el amor al prójimo, la amistad, etc. que son el centro vital de toda convivencia humana, configuran las causales de este drama social que está padeciendo la humanidad.
Es de suma importancia entonces que ante tal diyuntiva, familia, iglesia, escuela y estado direccionemos todos nuestros esfuerzos y capital hacia la potencialización de los valores antedichos y así crear las condiciones de una mejor convivencia social, poner toda nuestra fe en Dios para que con su inmenso amor nos enseñe que hacer ante cada situación, despojados de todo egoísmo y del fundamentalismo que enceguese, a punto tal, que no nos permite adoptar caminos conducentes al logro de los objetivos. Solo así podremos alcanzar el mejoramiento tan anhelado de los índices de seguridad que tanto nos preocupa.
Hasta la Próxima



