Querido papá:
Hoy, después de mucho tiempo, he regresado a la ciudad de Campana, donde vivimos cuando tan solo tenía seis años de edad. Fueron nada más que tres años que transcurrimos entre su gente, sus calles, sus colegios, su vida. Parece mentira, cuantas cosas han pasado desde aquel entonces. Ya la Fábrica Militar de Tolueno Sintético no existe, tampoco están muchos amigos de ayer. Cuantos recuerdos, cuanta nostalgia, cuanto dolor...
No puedo precisar con exactitud que fue lo que hizo que cambiara mi duelo silencioso e inicie el largo camino de hablar de ti, a través del libro, que hoy presento.
Tal vez el Museo de la Memoria, tal vez el hartazgo de que quieran hacer ver solo una cara de la misma moneda durante tantos años, tal vez simplemente el verme identificado con tu edad y ver a uno de mis hijos que precisamente se llama como yo, reflejado en la mía, mis quince años, cuando repentinamente, abruptamente, te llevaron de nuestro lado. Sinceramente no lo sé, son muchas las razones que me impulsaron a hacerlo, y debo decirte que después de escribir tu libro, mi libro, nuestro libro siento que aquel diálogo trunco volvió a florecer, que te recuperé, y recuperé parte de tu vida, mi vida, nuestra vida.
Nunca más nos separaremos uno del otro. Hemos de esta manera contribuido a formar parte de la memoria Histórica, la que no podrán cambiar ya que hemos dejado el pilar que será base para que otros hablen de ti.
Observo cuanta gente vino hoy a recordarte, cuantos amigos de antaño, tus compañeros de promoción, que marcaron año a año el camino del recuerdo, demostrando con esa frase, "como se vive la vida para que viva quede en la muerte" que pasarán los tiempos, los gobiernos, las personas pero tu figura quedará.
Aquí están tus soldados, entrañables anécdotas de aquel entonces, sonrisas, recuerdos, alguna lágrima emocionada, vecinos, familiares, gente inclusive que no tuvo la dicha de conocerte, de ver tu llama creadora, pura, noble, auténtica que te caracteriza, ellos también han venido a ofrecerte su tiempo, su homenaje para aquél que supo dejar todo de sí, lo más preciado, la vida, para que otros hoy puedan vivir ...
Ellos valoran tu historia. Sabes, están aquí a Nuestro lado, muchos hijos como nosotros, María y yo, de víctimas de la subversión, la hija del Coronel Ibarzábal, el hijo del Profesor Saccheri, los hijos del Juez Quiroga, la hija del Capitán Burgos, que en profundo silencio han también arrastrado sus largas cadenas de dolor.
También se encuentra el Coronel Emilio Nani, otra vez, brindando su apoyo, héroe como tantos nombrados, veterano de guerra de Malvinas, recuperador de La Tablada, donde asesinaron al Mayor Fernández Cutiellos, Gonzalo, su hermano, también está aquí..
Porque esto también es tener Memoria, completa y no parcial, las medias verdades, son tan solo mentiras, simplemente mentiras. Por eso estamos aquí, para que de una buena vez y para siempre se comience a hablar claro en Nuestro país. Esto nos ha convocado y tratamos de transmitir a los que nos rodean con un mensaje legítimo y auténtico, con autoridad moral para decirlo.
Sabes que Hugolina, tu abanderada de Campana, como yo la llamo, no te conoció personalmente, sin embargo te siente como si fueras de la familia, y Carlitos Schinoni, compañero de escuela de María Susana, Carlitos Almará, tantos y tantos nombres que no alcanzarían las hojas para nombrarlos.
Bernardo Neustadt otra vez con nosotros. Los tíos y primos, tantos amigos, César Román, César Rebollo, Juan Vidal, Pancho Benard, Betina Piñeiro, autora de la zamba, tantos y tantos que hoy han dicho nuevamente presente, Mónica, mi esposa, mi Mónica, la de ayer, la de hoy, la de siempre, los hijos, tus nietos, María Susana, cuantos afectos.
Es mentira que te has ido, vives eternamente, en cada uno de nuestros corazones.
Cada día que transcurre, cada nueva presentación, cada libro que se lee, es un Canto de homenaje a tu sacrificio.
Querido papá, no preciso decirte nada más, tú ya lo sabes todo. Me enseñaste a amar, a no odiar, a soñar, a creer, a tener esperanzas, me diste el gran ejemplo del perdón, aún para aquellos que violaron una y otra vez tus derechos humanos.
Sabes, cuando me siento triste, cansado, agobiado, abatido, pienso en ti y mi sangre, tu sangre se renueva, y soy feliz y estoy en Paz ...
Tu hijo que te ama
Arturo
Muchas gracias a todos.
NOTA: Quienes estén interesados en obtener el libro llamar al TE: 420309



