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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 17/may/2003 de La Auténtica Defensa.

Un examen ante el mundo  
por Martín Hermida




Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- El terremoto político provocado por la decisión de Carlos Menem de no competir en el ballottage generó en un principio en el exterior una sensación de temor e incertidumbre, especialmente frente al escenario que se plantea para el futuro, aunque con el paso de los días empezaron a vislumbrarse, al menos en las declaraciones públicas, un clima de mayor aceptación y gestos de buena voluntad hacia la próxima administración.

Como muestra de esas señales positivas, llegaron por ejemplo mensajes públicos desde casi toda América del Sur -con Brasil a la cabeza- y desde los Estados Unidos, donde dejaron entrever cuál será la posición: el subsecretario del Tesoro, John Taylor, dijo que ahora será tiempo de encarar las "reformas profundas" que están pendientes y que "no hubo tiempo de concretar".

Después de la danza de rumores y desmentidas y la espera casi interminable a la que Menem sometió a todos hasta que finalmente confirmó su decisión, la pregunta que quedó instalada, y que todavía no tiene una única respuesta, apunta a saber en qué medida el gobierno de Néstor Kirchner se verá afectado, por la falta de la segunda vuelta, a la hora de sentarse a negociar con los jefes de Estado del resto del mundo o con los organismos internacionales de crédito.

En ese marco, funcionarios, diplomáticos, legisladores y analistas, tanto argentinos como extranjeros, coincidieron en líneas generales en un punto: la forma en que Kirchner llega a la Presidencia no implica un problema institucional serio para el país, aunque sí abre una incógnita -cuya brecha puede ser mayor o menor según el punto de vista que tenga en cuenta- a la hora de hablar de la "legitimidad" y la "credibilidad" que alcance la futura administración.

"Con todo esto, la Argentina da una idea de imprevisibilidad política, y hace que desde el exterior se tema por la gobernabilidad, pero no por la institucionalidad", señaló al respecto el analista y titular del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, consultado por Noticias Argentinas.

Las mayores dudas, tal vez, aparecieron desde los Estados Unidos, en especial porque ya habían puesto ciertos reparos a la figura del gobernador de Santa Cruz y a sus declaraciones de campaña, en las que dejó en claro que tiene la intención de priorizar su relación con el Mercosur y los países vecinos por sobre otras instancias, como por ejemplo el ALCA.

Haciendo gala del más cuidado lenguaje diplomático, autoridades de la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires subrayaron ante NA la posición "conciliadora" del Gobierno de su país aún después del sacudón que implicó la huída de Menem- y sostuvieron que la administración de George W. Bush quiere "colaborar" con el próximo presidente frente a "los desafíos económicos y las reformas críticas que está enfrentando" Argentina.

"El proceso democrático se ha dado bajo las condiciones previstas en la legislación y la Constitución. Es verdad que fue un desarrollo no anticipado y no esperado, pero el próximo presidente asumirá bajo las reglas. Por eso estamos esperando que culmine este proceso, preparados para empezar a trabajar", confió un vocero de la sede diplomática del barrio de Palermo.

Claro que en voz baja, tanto aquí como en despachos oficiales y oficinas de analistas de los Estados Unidos, reconocen que el "síndrome del 22 por ciento" provocado por la renuncia de Menem a competir en la segunda vuelta no sólo generó preocupación por la posible "debilidad" del futuro gobierno, sino que incluso llevó unos días antes a hacer discretas gestiones para intentar, por todos los medios, que el riojano diera la pelea y la cuestión fuera dirimida en las urnas.

Esa preocupación pasa principalmente por la falta de confianza que pueda generar la Argentina de cara al exterior, especialmente cuando se vienen negociaciones complicadas como la renegociación de la deuda externa, un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario y la discusión por la readecuación de las tarifas de los servicios públicos, entre otras cuestiones.

Por ejemplo, hubo declaraciones públicas como las de Mark Falcoff, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Princeton y miembro del American Enterprise Institute, quien aseveró que la situación planteada le hará "más difícil la tarea" a Kirchner -por aquello de un "menor grado de legitimidad"-, e incluso se animó a señalar que lo pone en una "posición similar a la de Arturo Illia".

Frente a ello, el Departamento de Estado norteamericano, a través de su vocero para Asuntos del Hemisferio Occidental, Robert Zimmerman, subrayó que la Argentina es un "socio democrático importante" y dijo que desde allí trabajarán "con el candidato que resulte elegido de la manera prescripta por la ley", considerando a todas las demás controversias como "un asunto doméstico".

Desde el Viejo Continente, la Comisión Europea destacó que a pesar de todas las dificultades "se sigue manteniendo la estabilidad institucional", y sostuvo que espera "poder trabajar con el nuevo presidente y el nuevo gobierno". En Brasil, mientras tanto, su canciller, Celso Amorim, aseguró que si bien la consagración de Kirchner fue "un poco inesperada", el resultado final "satisface mucho" a su país.

Más duro a la hora de los pronósticos futuros, Sergio Berensztein, docente del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella, aseguró a NA: "Sin dudas afuera toman con temor que Kirchner asuma con el 22 por ciento de los votos y consideran que tiene problemas de legitimidad de origen. Eso genera falta de credibilidad y hará que cuando se deban enfrentar una cantidad infinita de problemas, seguramente haya una mayor conflictividad".

"En un plano general -agregó- Argentina vuelve a situarse en el mundo de lo impredecible. No tiene previsibilidad ni un marco mínimo de normalidad para reintegrarse al mundo". Y agregó:

"Kirchner es una persona que no conoce los mecanismos básicos de las relaciones internacionales y a la vez es desconocido por los principales protagonistas en el mundo. No haber entrado en un espiral de normalidad con el ballottage nos hace ir para atrás, en un escenario donde la crisis política domina cualquier salida".

Mientras tanto, en el Parlamento, en el ámbito de las Comisiones de Relaciones Exteriores de ambas cámaras, hubo un consenso casi general en que habrá que tratar de "suplir la falta de legitimidad de origen con una legitimidad de ejercicio".

Y agregaron que "es cierto que en el exterior puede existir

temor por un reducido margen de gobernabilidad, pero si se da contenido popular al gobierno con las medidas que espera la gente, esas dudas se pueden disipar rápidamente". La pregunta del millón es: ¿Será así?.


 
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