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» Este artículo corresponde a la Edición del martes, 30/may/2006 de La Auténtica Defensa.

La verticalidad y el pluralismo
por Pele Eliaschev




Buenos Aires (especial para NA por Pele Eliaschev) -- Luego de la euforia, la inevitable sensación de melancolía. Para usar el lenguaje de esta época, Kirchner "metió" mucha gente en la plaza. ¿Ciento cincuenta mil? ¿Dos cientos mil? ¿O cien mil? Lo mismo da. Nadie podía imaginar que el cálculo fallase, todo el gobierno de la República Argentina se preocupó para que la foto saliera impecable: el lugar lleno, el país expectante, transportes gratis. Pero hasta los menos envenenados con un gobierno que tiene más adversarios de lo que las encuestas admiten, tiene que aceptar que sobraban colectivos pero faltaba el entusiasmo que tamaña exhibición de poder presuponía.

Hay que decirlo sin remilgos: Néstor Kirchner es, lejos, el político más popular y convocante de la Argentina. Un país ácido y reticente tiende a aceptarle y firmarle nuevos créditos de confianza. Ha sido tan descomunal el desbarranque del último lustro, que, aquí y ahora, no parece existir en el horizonte nada que perturbe la coronación multitudinaria de un hombre electo por el 22 por ciento de la sociedad pero que, a tres años de aquella agonía está tan eximido de enemigos que se sigue peleando con el periodismo, al que ha convertido en "sparring" de sus actos de poder.

Para pasarlo en limpio: Kirchner ganó su apuesta (¿consigo mismo?) y tuvo su Plaza de Mayo, rebosante y compacta. Exitoso estudioso de Perón, jamás se le pasó por la cabeza usar el famoso balcón que el general usó por última vez el 12 de junio de 1974.

Kirchner debe recordar que aquel día, el caudillo habló protegido por un vidrio anti-balas, escoltado por López Rega y María Estela Martínez de Perón, cuando a él le faltaban 18 días para morirse. Hasta ese lujo: superando todos los precedentes de porosidad ideológica, Kirchner juntó a principales cámaras empresarias en una solicitada previa al aniversario y el 25 tuvo a su lado a los pañuelos blancos de las Madres encabezadas por Bonafini, un excelso ejemplo de maciza cobertura del espectro ideológico. Es claro, Kirchner no es el "zurdaje" que anunció Mirtha Legrand en 2003, pero logra un consenso en ámbitos de izquierda que nadie hubiera soñado. ¿No están, ahí, para atestiguarlo, los sonidos de Víctor Heredia y Mercedes Sosa?

Es bueno explicitarlo: cuando el Presidente se enfurece contra las "corporaciones", en verdad lo que revela es su imposibilidad de aceptar la noción de que los países salen adelante con política, no sin ella. Por eso, "todo bien" con la CGT y la UIA, mientras se disciplinen, claro.

Imposible equivocarse: el 25 de mayo fue el acto de apertura de una interminable campaña electoral, al cabo de la cual la Argentina lo tendrá al actual presidente como legítimo candidato a permanecer en ese lugar hasta el 10 de diciembre de 2011.

Oxigena ratificarlo: es un estilo que no solo cultiva el Dr. Kirchner; muchos de sus principales colaboradores construyen de cara a sus propios futuros. Aníbal Fernández quiere ser gobernador de la provincia de Buenos Aires. Alberto Fernández quiere ser jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y a Rafael Bielsa lo mandaron a inmolarse como candidato porteño.

Verbigracia: el poder, desnudo, crudo e impávido es el objeto del deseo del Gobierno. Preservarlo, blindarlo, potenciarlo y expandirlo es la tarea principal.

Por eso, el Presidente habló de "pluralismo" en la Plaza. El pluralismo kirchnerista es el modelo 2006 de la "transversalidad" modelo 2003.

Encarna Kirchner una peculiar manera de ser peronista. Perón se hizo frentista ya en los años setenta, cuando se involucró en diferentes foros amplios (La Hora del Pueblo, el Frente Cívico de Liberación Nacional y el Frente Justicialista de Liberación), con o sin hegemonía absoluta del "primus inter pares" (primero entre los iguales). Nada nuevo, pues: siempre supo el peronismo que le conviene asociarse, a condición de que el "asociado" sea un solitario que todo se lo debe al jefe.

Hortensio Quijano en 1946 y Vicente Solano Lima en 1973 eran eso: el saborizante que agrega tonalidad al brebaje principal. Cuando emergió, imprevistamente ungido como presidente de la Nación, el Presidente entendió que debía explorar caminos transversales.

¿Qué es una transversal? Una línea que se une a otra cortándola, antes de seguir su rumbo. Hermes Binner, Luis Juez, Aníbal Ibarra y Martín Sabatella no eran, no son, ni serán "del palo", pero -en cierto punto- eran lo que los comunistas de hace 60 años llamaban "camaradas de ruta". Un camarada de ruta es alguien con quien se comparte una parte del camino, porque"sirve". ¿Acaso el peronismo no se asoció con los comunistas enlos años sesenta, cuando el entonces vigoroso PC local armó el Encuentro Nacional de los Argentinos?

Para el partido de Perón los escrúpulos ideológicos son un vejestorio inservible: uno se acerca a quien puede ser útil. Kirchner es, en este sentido, un peronista visceral, de libro de texto. El poder concentrado es su elixir mágico. ¿Qué es para el Presidente, entonces, el "pluralismo"? Si cultivase las alturas semánticas de la lengua castellana, sabría que la palabra equivale a diversidad, horizontalidad, amplitud, despliegue de variables. En pluralidad, la hegemonía no se desprende del bestial ejercicio de la supremacía mayoritaria, sino que es un fatigoso proceso necesitado de consensos elaborados.

La Argentina tiene hoy un gobierno macizo y vigoroso,construido en torno de la voluntad acerada de un presidente para quien los que no se acercan, son enemigos.

Muy inteligente y extraordinariamente perspicaz, el Dr. Kirchner proclama diariamente su respeto y tolerancia para las diferencias, pero no parece prudente evaluarlo por lo que dicen sus labios. Es mejor verificar sus actos de gestión. En ellos se advierte que cuando dice pluralidad, quiere decir vengan a mí, pero mando yo, y la agenda y los tiempos los pongo yo. El sistema kirchnerista se organiza sobre una arquitectura de palabras que pregonan un dogma distanciado de los hechos. A Kirchner le interesan personalidades que se le acerquen con lo puesto: para la "pluralidad" bautizada el 25 de mayo, quienes hayan visto la luz y reconocido en el Presidente al líder de los tiempos actuales deberán dejar sus pertenencias históricas y organizativas en la mesa de entradas.

Los intendentes que estuvieron en la Plaza, así como los gobernadores cortejados, devienen socios "capitalistas" de la reelección 2007: se los busca y tienta con propuestas materiales atractivas, pero se rechaza la infraestructura formal y simbólica de la que provienen.

Kirchner rechaza el sólido y estable modelo de "concertación" de Chile, porque se trata de un esquema rotundamente institucional: los tres presidentes constitucionales que ha tenido la democracia trasandina (Aylwin, Frei y Lagos) no construyeron poder propio: lograron, a cambio, tremendo prestigio.

Lo mismo sucederá con Michelle Bachelet. Para Kirchner, eso es veneno puro: la Concertación chilena discute desde el pluralismo y soporta las diferencias, homogeneizando a partir de los denominadores comunes. Ésa es, en última instancia, la pluralidad verdadera, la que surge de las discrepancias existentes yasumidas, no suprimidas.

Kirchner ha tenido mucha razón cuando enfatizó la necesidad del comando único en el peor momento del país. La historia revela que, en instantes de vida o muerte, lo que importa es la claridad de propósitos y la centralidad del liderazgo. Eso hizo, en democracia, Churchill cuando asumió el poder en 1940 y a eso se dedicó Stalin, como tirano sangriento, en la atacada Rusia de 1941.

Pero la conducción vertical, aunque se disfrace de pluralidad, sigue siendo lo que su nombre y su espíritu revelan: una mujer no puede estar "medio" embarazada.

Si es vertical, un gobierno no es plural. Y si es plural, claro, deja de ser vertical. Esto último es, en la Argentina de hoy, harto improbable.


 
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