Buenos Aires (Especial para NA, por Daniel Casal) -- El excesivo pragmatismo del Presidente lo ha llevado a arrancarle a las fuerzas de oposición las escasas banderas que supieron enarbolar en los últimos tiempos.
Por caso, el jefe de Estado fue muy criticado por su avasallante ritmo de concentración de poder y por la escuálida calidad institucional que ella trae aparejada.
El antídoto contra lo primero es el intento de concertación, a pesar de que ésta no pase, hoy por hoy, de una mera expresión de deseos.
Sobre la calidad institucional, mucho se ha enojado Néstor Kirchner ante esa advertencia pero, ahora, él mismo se atreve a mencionarla como un objetivo a alcanzar.
En definitiva, el Presidente no está dispuesto a dejarle ninguna consigna en pie a los pocos que hoy se atreven a disputarle algún espacio.
La denominada "Plaza del Sí" del 25 de Mayo quedó como una definitiva plataforma de lanzamiento para el proyecto reeleccionista del santacruceño.
Las preferencias de Kirchner quedaron claras con los que pudieron acceder al palco, donde se destacaban los pañuelos blancos de Madres y Abuelas.
Pero abajo, los grandes movilizadores fueron la CGT de Hugo Moyano y las viejas estructuras del PJ bonaerense.
También aportaron los suyo gente de una y otra vereda ideológica como los piqueteros oficialistas, los comerciantes de Armando Cavalieri y hasta se lo pudo ver al empresario de la carne Alberto Samid.
En síntesis, quedó la sensación en la noche del 25 que el paraguas de la concertación debe ser demasiado amplio como para albergar a todos sin que nada se parezca a un rejunte de voluntades.
No sería extraño en este marco que el Presidente deba terciar más temprano que tarde en algunos roces entre sectores que se disputen las preferencias del poder.
Cristina Kirchner tuvo mucho que ver con la presencia de los organismo de derechos humanos arriba del palco y hasta se notó con claridad que una vez que su esposo terminó el discurso, lo instó a saludar una por una a las Madres y Abuelas.
Es que Cristina siempre mostró cierto estupor por la composición de la plaza, con caras no muy adecuadas para la fotogenia.
Un importante vocero oficial aseguraba, exultante en la noche del 25, que esa concertación no esperará al nuevo gobierno y, muy por el contrario, vaticinaba que Kirchner le ofrecerá cargos a radicales cercanos a su proyecto.
En ese sentido, puntualizaba que posiblemente le ofrezcan el nuevo Ministerio de Medio Ambiente que se piensa crear o el cargo vacante de la Subsecretaria General de la Presidencia.
Entusiasmado, ese funcionario reflotó el tema de los cambios de Gabinete, tan meneados durante este año, que servirían para darle nuevos bríos a la gestión oficial.
Algo más realista, un legislador del PJ de llegada directa al Presidente, trazaba otro escenario posible. Reflexionaba, ya acallados los ecos de la multitud, que si fracasa el proyecto de concertación, Kirchner deberá apoyarse en forma definitiva en el PJ y para ello deberá asumir la presidencia del partido.
Esto es, precisamente, lo que no quiere Cristina, quien abomina a varios dirigentes tradicionales, emparentados siempre con actos de dudosa cristalinidad.
El batallar de la primera dama para que la composición del palco del 25 se incline hacia los organismo derechos humanos podría reflejar el signo de un hipotético gobierno conducido por ella. Aunque, está claro que ésta es aún una hipótesis poco probable por ahora.
Sin embargo, Kirchner siempre deja flotando esta posibilidad en los reportajes que concede en dosis homeopáticas.
Con semejante demostración de poder que le dejó la plaza es difícil pensar en otros escenario que no sea el de la reelección en 2007.
Aunque, el sentido de trascendencia del santacruceño lo lleva a pensar en un país distinto al actual, cambiado desde sus propias estructuras. Y esto no lo podrá lograr en dos períodos de cuatro años.
No obstante, al Presidente tampoco se le escapa que un segundo gobierno no contaría con el escenario internacional tan favorable como el que gozó en los primeros cuatro años.
De hecho, ya se van dando un giro en las condiciones desde que la Reserva Federal de los Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés.
Ese país necesita es flujo monumental de fondos ante el desaguisado económico que provocó el gobierno de George Bush y su guerra global.
Los capitales podrían salir con mayor fluidez de las economías emergentes y, por ende, los países en desarrollo serían los que vuelven a financiar de alguna manera las escaladas bélicas. Ante esto, y aunque sorprenda, Argentina está soportando con aire esta situación, gracias al superávit fiscal, el nivel de reservas y una menor carga de deuda.
A Kirchner se lo conoce como un fanático de superávit y sus allegados dicen que lo mantendrá a rajatabla a pesar de la campaña electoral que se acerca con demasiada rapidez.
No obstante, Felisa Miceli no ocultó su preocupación, ante empresarios textiles, por ciertos desbordes en el gasto en los últimos tiempos.
Su queja tuvo relación con la mayor cantidad de erogaciones que conlleva la obra pública, un área que depende del ministro de Planificación, Julio de Vido.
La advertencia estuvo a tono con sus proyecciones de crecimiento futuro en torno al 5 por ciento, en lugar del 9 por ciento de los últimos años.
La lógica cae de madura porque a menor ritmo de crecimiento y con un contexto internacional con creciente incertidumbre se generan mayores amenazas para las cuentas públicas.
Miceli, igual que su antecesor, Roberto Lavagna, mantiene diferencias con De Vido por la actitud invasiva del ministro.
De hecho, ya le robó el área de precios que quedó en manos de Guillermo Moreno, actual secretario de Comercio que es un hombre de De Vido y no le reporta nada a Miceli.
Los empresarios, a todo esto, se debaten entre los apoyos al gobierno por los tres años de crecimiento y entre las críticas por los controles de precios.
La contradicción ha llegado a varias cámaras empresarias y las diferencias asoman entre varios de sus miembros.
Por ejemplo, la UIA firmó la solicitada de respaldo al gobierno por los tres años de gestión cuando varios sectores, como el alimenticio, ponen el grito en el cielo por el accionar oficial que los obliga a abrir sus estructuras de costos.
En la poderosa Asociación Empresaria Argentina (AEA) pasa algo similar, ya que también firmó la solicitada cuando al mismo tiempo se ataca con dureza las reformas laborales que en Diputados impulsa el oficialista Héctor Recalde.
A todo esto, la oposición al Gobierno trata de encontrar alguna respuesta y salir del mar de ambigüedades.
A Mauricio Macri y Ricardo López Murphy se los volvió a ver juntos el 25 de mayo y eso puede suponer algún alejamiento del presidente de Boca con Jorge Sobisch.
La sociedad entre Macri y Sobisch no tendría demasiado aire para aquellos macristas que quieren que su líder dispute la presidencia en 2007.
Macri se ve más peleando por la Jefatura de Gobierno porteño y considera que la presidencial del año que viene puede ser una causa perdida ante el avance demoledor del kirchnerismo.
Por el contrario, varios de sus asesores consideran que si continua este marco, la opción más positiva es lograr un buen resultado como fuerza opositora y ya con vista al objetivo mayor para dentro de cuatro años.
Según este mismo análisis, el peor escenario sería volver a perder en la contienda por la Jefatura porteña.
Por su lado, Elisa Carrió ya anticipó que disputará la presidencia y que el ARI irá sólo al comicio, siempre bajo la teoría de la construcción de un proyecto más allá que no se ve por el momento como una opción concreta de poder.
Por lo pronto, elogia a López Murphy, con quien transitó por la UCR, aunque en veredas distintas de pensamiento.
El radicalismo trata de parar la diáspora hacia las filas de Kirchner pero realmente necesita imperiosamente una figura aglutinadora que permita darle una inyección de fe a sus militantes.
Esa podría ser Roberto Lavagna, pero el ex ministro siempre se cuidó al extremo de no dar pasos en falso y el partido radicalno le brinda ninguna garantía.
Tampoco es demasiado viable pensar en que será candidato en la Capital Federal por el Frente para la Victoria, porque esa posibilidad lo bajaría en el ránking de la opinión pública y más temprano que tarde entrará en roces con el poder central.
Lavagna se parece a esos jugadores de fútbol al que todos quieren, pero que, al final, nunca encuentra un lugar conveniente dentro de la cancha.
Ese mismo pragmatismo que el Presidente utiliza en cada circunstancia, reinó en la votación en el Congreso para impedir que Luis Patti asuma como diputado, aunque en este caso reflejó más que nada el desbarajuste que reina en la política.
Muchos legisladores justicialistas que lo tuvieron de compañía en la lista electoral ahora votaron para que asumiera, mientras que radicales que hace un tiempo trabaron el ingreso de Bussi ahora ayudaron el ex intendente de Escobar.
Esos mismos legisladores radicales que defendieron los derechos humanos apoyaron su asunción, mientras que partidarios de la "tolerancia cero" lo denostaron.
Patti cayó por las reglas que impuso la política -no la justicia— de dejarlo afuera por sus supuestos antecedentes en la represión y su legajo de mano dura. Esos mismos antecedentes que usó a su favor para vivir de la política por más de una década, cuando la inseguridad era tema de todos los días.



