Adolecemos de pobreza lingüística, y nuestro paupérrimo lenguaje cotidiano certifica, en muchos casos, su vulgaridad y limitaciones de vocabulario. Concretamente nuestro lenguaje así es, lo dicen permanentemente especialistas como Ivonne Bordelois, Pedro Luis Barcia, Santiago Kovadloff y Luis Melnik, autor del "Diccionario Insólito", sorprendente y útil obra que engalana nuestra sección de consulta sobre nuestra preocupación por el buen decir de las personas.
"No pretendemos que se disponga de un vocabulario que supere el conjunto común de 600 palabras, (sugiere el presidente de la Academia Argentina de Letras Dr. Pedro Luis Barcia), cuando en términos ideales lo conveniente es utilizar de entre 15.000 y 20.000 palabras".
Un egresado del Taller Escuela Mariano Moreno, Adrían Ramírez, en la actualidad profesor de Psicología social en el mismo establecimiento, siempre atento y celoso en sus exteriorizaciones orales al dictar sus clases, conociendo mi particular dedicación por el estudio de la lengua y su etimología, me acaba de acercar una carta de lectores de la sección correspondiente del diario La Nación, publicada el 11 de mayo de 2006, firmada precisamente por Luis Melnik.
Dicha epístola, textualmente dice: "Por razones profesionales realicé un estudio del lenguaje en las radios y la televisión. Para mi sorpresa, me encontré con un caudal insospechado de expresiones, sonidos, recursos frases hechas, que si bien no son siempre errores, aparecen como innecesarios, abrumadores y perturbadores por la cantidad de veces que se utilizan y por la calidad de quienes los usas: ministros, políticos, deportistas, profesionales, movileros, comentaristas, artistas.
"Veamos. Sonidos. Esteeee, ehhh, mmmmm, aaaaaa. Ante cualquier tipo de pregunta, la respuesta se inicia con < ¿ como se llama?>. Para reclamar la atención:< escuchame>.
"
"Otras expresiones que no significan nada: < digamos>, < vuelvo a repetir> y
"Quizá sea una trampa tendida por la inseguridad o porque, a veces, tras cada una de esas muletillas se encierra un acto fallido. Quienes emplean estos medios deberían considerar que su recurso natural es la palabra". Que esos vicios no se cometen en la prensa escrita, porque los medios audiovisuales, especialmente en las noticias, son formas espontáneas, improvisadas y frescas de comunicación. Razón por la cual el expositor tiene mayor libertad cuanto mejor y más claramente maneja su idioma.
Y no olvidemos la más famosa expresión: "Hasta las últimas consecuencias".< Que la verdad quiere decir nunca >.
Agregamos finalmente algunos términos, a lo expresado por Melnik: ¡dale!, ¡a ver! ¡bueno!, etcétera. Hay otros ejemplos y muchas observaciones que encontramos diariamente en los medios, especialmente radios y televisión, pero si las insertamos esta nota resultaría una agresión al pensamiento del escritor y dramaturgo ruso Antón Chejov: "Lo que leo siempre me parece muy extenso. También lo que yo escribo"
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El autor, escritor y periodista, es director y docente del Taller Escuela Mariano Moreno, de Periodismo, Comunicación y Oratoria.



