Estamos acostumbrándonos a que se los estigmatice como violentos o rebeldes, y ellos, los adolescentes, que nos revolucionan la casa, necesitan luchar contra los mandatos de los adultos para buscar su propia identidad.
En esta etapa es fundamental poner límites, pero también flexibilizar
las reglas de la casa para permitir que los hijos jueguen a ser adultos dentro del hogar, donde están protegidos.
Nos resulta frecuente la preocupación de los padres, quienes nos consultan en cuánto " el descontrol" se adueña de los otrora "chicos modelo":
Ropa tirada, toallas por doquier, no colaboran con las tareas de la casa, , las cuentas de teléfono al rojo vivo y los oídos lastimados por el volumen...
Numerosos estudios demostraron que los adolescentes, en el paso de la dependencia a la independencia, no pueden llegar a convertirse en adultos si no comprueban los límites de la autoridad. Tampoco son capaces de luchar por lo que creen y lo que quieren si no tienen oportunidad de pelear contra las creencias y los mandatos de los otros.
Al poner un límite, los padres ejercemos una función de cuidado, amparo, protección. El adolescente quiere y necesita esas reglas, pero también las pelea. Y está bien que sea así, porque esto ayuda a configurar su autonomía. Los padres de adolescentes debemos volver a aprender a criarlos y protegerlos, poniéndoles límites, pero sabiendo que ellos pelearán duramente para no aceptarlos.
Esta situaciones nos conducen a crisis vitales muy intensas y aunque a los adultos nos cueste hacerlos respetar y a los hijos les provoquen furia, la comunicación entre padres e hijos adolescentes está directamente relacionada con los límites.
En algunas culturas de Africa existen rituales de pasaje de la infancia a la adolescencia. En estos rituales, se les explica a los adolescentes qué es lo que la comunidad espera de ellos y se los acompaña en el aprendizaje. Este tiempo de dedicación exclusiva ayuda a que la transición no sea tan violenta para los adolescentes ni para los mayores.
En nuestra sociedad algunos intentan recurrir a libros que puedan explicar como sobrevivir a momentos así. Algunos de estos libros pueden resultar útiles, pero otros pueden terminar de hundir a los padres en su desconcierto. Hay autores que consideran la juventud como una amenaza o una edad peligrosa, cuando en realidad es un momento en el que conviven sentimientos contradictorios, como el afán de autonomía y la necesidad de encontrar límites para construir la propia identidad.
En el pasaje de la niñez a la etapa adulta, los hijos intentarán independizarse para llegar a ser autónomos y los padres deberán entender que este proceso los apartará, sólo por un tiempo y en algunos aspectos de la vida, de los hijos. La adolescencia no es sólo una crisis de los hijos, es una crisis de la familia en conjunto, en la que los padres le pasan la posta al hijo ya crecido.
Si todo va bien esta etapa será recordada como un período de peleas que aparece como un pequeño nubarrón al principio de la adolescencia y se convierte en una tormenta en la etapa media, para terminar como un chubasco después del cuál muchos padres terminaran por aceptar aspectos de la vida de sus hijos adolescentes.
Es un momento privilegiado para quienes quieren reflexionar acerca de sí mismos, ya que nos confronta a los adulto con nuestros hijos, y al hijo que cada uno continuamos portando, y a los hijos con espejos posibles; para decidir, o por lo menos pensar cómo queremos, cómo podemos y qué podemos hacer con nuestras vidas...
Lic. Patricia Katz. - Lic. Sebastián Terrizzano.
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