Buenos Aires (Especial para NA por José Calero) -- Julio De Vido es el ministro más poderoso del gabinete nacional, no sólo porque maneja el presupuesto más alto y atiende áreas clave, sino porque es uno de los pocos funcionarios que sabe de memoria lo que piensa el presidente.
Sin embargo, mantuvo un estratégico silencio ante las advertencias lanzadas por Roberto Lavagna en materia energética y los cuestionamientos hacia el acercamiento de la Argentina a Venezuela, a pesar de que ambos temas son de su área.
Y tampoco salió a sacudirlo luego de que el ex ministro volvió a criticar el "capitalismo de amigos", para sugerir que las obras de infraestructura se estaban digitando desde la cartera de Planificación Federal.
No fue la primera vez que Lavagna cuestionó el manejo de áreas bajo la responsabilidad de De Vido. Ya lo había hecho cuando todavía era ministro de Economía y fue desautorizado por Kirchner.
Por eso, si bien por ahora la elegida para contestarle a Lavagna es Felisa Miceli -quien asumió la tarea con entusiasmo de militante- en el gobierno creen que esa soledad de la ministra no durará mucho, porque se aguarda una andanada de cuestionamientos hacia la política económica por parte de sectores que fustigan la estrategia argentina en materia de servicios públicos y la supuesta ausencia de señales claras para atraer inversiones.
En la Casa Rosada no consideran aún que haya una ofensiva coordinada por parte de sectores que no comulgan con este modelo, pero sí advierten que Lavagna terminará posicionándose como el aglutinador del reclamo de asignaturas pendientes en materia económica.
El dato que Lavagna habría mantenido contactos con funcionarios estadounidenses antes de decidirse a instalar su candidatura, no pasó desapercibido para un gobierno que empieza a sumar desconfianzas.
La Fundación Mediterránea, fundada por el ex ministro Domingo Cavallo pero ahora alejada de su figura, concluyó un trabajo que enciende luces de alarma sobre el panorama energético. Allí se advierte que será imposible sostener el crecimiento si la Argentina no invierte en el sector energético unos 1.300 millones de dólares anuales en los próximos años.
Jorge Vasconcelos, economista de esa fundación, criticó que el gobierno se concentre sólo en la lucha contra la inflación y deje de lado las políticas para generar un clima de inversiones.
Cuestionamientos similares parten desde otros "think thank" críticos del modelo de dólar alto y tarifas congeladas.
Un rosario de especialistas señala que el gobierno deberá buscar mayor competitividad sincerando, por ejemplo, el atraso tarifario.
También hay cuestionamientos hacia el nivel del dólar, porque se considera que el Banco Central lo sostiene en forma artificial en un nivel de 3,10 pesos, cuando su valor debería ubicarse varios escalones más abajo.
Los principales dardos de quienes cuestionan el rumbo de la economía están destinados hacia el aumento del gasto.
Los enviados del FMI no pudieron con su genio y se fueron del país con un agrio comunicado, en el cual aconsejaron "un esfuerzo fiscal y monetario adicional para contener las presiones sobre los precios".
También pidieron impulsar un nivel de inversión más alto en el mediano plazo y recomendaron reformas para sostener la competitividad y alentar inversiones.
El planteo intentó ser realizado personalmente por los enviados del Fondo Monetario, pero la ministra Miceli los paró en seco con cara de pocos amigos.
El organismo se quedó sin mucho margen de maniobra luego de que la Argentina canceló toda su deuda y dejó en evidencia los errores de diagnóstico que su burocracia cometió durante la crisis.
La ministra no sólo les ratificó la política fiscal, sino que se anticipó a cualquier otro atisbo de crítica confirmando que la administración Kirchner quiere un dólar por encima de los 3 pesos, como cotiza en la actualidad.
Ante el camino que va tomando el país, distintos actores se van posicionando, y esa tendencia se agudizará en los próximos meses, cuando se dispare la disputa electoral.
Uno de los sectores que deberá definirse es la comunidad empresaria, muchos de cuyos dirigentes mantienen una visión crítica sobre las acciones que lleva adelante la Casa Rosada, y en especial hacia los interlocutores que se sientan a la mesa de negociación.
Un caso claro es el de los cambios en las leyes laborales: la UIA reiteró en la semana sus cuestionamientos hacia la política laboral del gobierno, en el encuentro que la OIT realizó en Ginebra.
Los industriales consideran muy difícil avanzar con las inversiones si no existe un panorama más claro sobre los costos que deben afrontar en indemnizaciones por riesgos del trabajo.
Y tampoco se sienten a gusto teniendo a Héctor Recalde, un hombre muy cercano a Hugo Moyano, como referente principal en la Comisión de Legislación Laboral de Diputados.



