Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- La irrupción de Roberto Lavagna como posible candidato presidencial ya comenzó a generar reacomodamientos en todo el arco político, aún cuando el ex ministro todavía no definió si realmente competirá en la carrera electoral de 2007.
Es que no sólo el Gobierno se ve obligado a rediseñar su dialéctica ante la aparición de Lavagna en la vereda de enfrente, sino que también los principales referentes opositores sienten que su estrategia corre peligro porque el ex ministro podría polarizar las preferencias como contrafigura de Néstor Kirchner.
Parece clara, en este sentido, la intención de Lavagna de presentarse como un moderado frente a un Kirchner a quien no critica cuestiones de fondo, pero del que busca distanciarse con un estilo que contraste con los "arrebatos" presidenciales.
Ese objetivo no declarado lo sitúa a Lavagna como a mitad de camino entre el oficialismo y la oposición, pese a la catarata de cuestionamientos que recibió desde el kirchnerismo luego de que esbozara sus primeras (y aún tímidas) críticas a la gestión K.
Por eso es que Lavagna le vino como anillo al dedo al radicalismo, que está fragmentado y encima tentado desde la Casa Rosada para sumar a buena parte de sus dirigentes -nada menos que gobernadores e intendentes- al proyecto kirchnerista.
El claro ganador de esta jugada es Raúl Alfonsín: el viejo caudillo impulsó como nadie el acercamiento del radicalismo a Lavagna y prácticamente forzó a un sector partidario que lo viene cuestionando hace rato, a alinearse con esta alternativa.
También la aparición de Lavagna permitió recuperar el aire a un sector del peronismo -mayoritariamente bonaerense- que había quedado desamparado tras la victoria kirchnerista sobre el duhaldismo en las pasadas elecciones legislativas.
Entre los perjudicados por la irrupción de Lavagna, en tanto, aparecen en primera línea Elisa Carrió (ARI) y Mauricio Macri (PRO), quienes hasta el momento competían casi en soledad para ocupar espacios en el campo opositor.
Carrió ya admitió, incluso, que una eventual candidatura presidencial de Lavagna le restaría votos al ARI (es decir a ella misma) en 2007. A Macri se le acentuaron las dudas sobre si competir por la Presidencia o por el Gobierno porteño.
Lavagna, por su parte, está decidido a mantener el misterio. Le dio aire a quienes alientan su candidatura, pero todavía no se definió. Como economista que es, también es frío y calculador. Y finalmente su futuro volverá a estar en manos de los números, pero esta vez del que arrojen las encuestas.



