Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) - "Nadie tiene la llave de Lavagna", comentó un diputado que por estos días impulsa como pocos el naciente proyecto presidencial del ex ministro de Economía, cuya aparición terminó de coronar a 2006 como un año fuertemente electoral.
Los tiempos políticos se aceleraron también por los rumores sobre un posible adelantamiento de las elecciones presidenciales -a los que Lavagna dio crédito- y por la pretensión de varios gobernadores de ser reelectos el año que viene.
Pero el puntapié inicial lo había dado el propio Néstor Kirchner cuando convocó a una multitud a la Plaza de Mayo: allí sobrevoló como nunca la idea de su reelección, una idea que el Presidente sigue meneando pero que no comunicará hasta bien entrado 2007.
"Lavagna habla con todos", aseguran en su entorno, donde buscan dar la sensación de que el ex ministro no quiere quedar atrapado de ninguna estructura política, pese al esfuerzo que está haciendo especialmente en ese sentido el radicalismo.
De hecho, Raúl Alfonsín y sus principales colaboradores apuran un pronunciamiento orgánico de la UCR en favor de una eventual candidatura presidencial de Lavagna, que tendrá su primer paso la semana próxima en una reunión del Comité Federal partidario.
La jugada de Alfonsín y los suyos parece clara: forzar una definición de Lavagna lo antes posible para frenar la sangría de dirigentes radicales -gobernadores, intendentes y legisladores- hacia las filas del kirchnerismo.
También siguen de cerca los pasos de Lavagna los ex duhaldistas del grupo "El General", que aunque están entusiasmados tienen muchas más dudas que los radicales sobre la candidatura del ex ministro: "hoy diría que es un 60 por ciento por sí y un 40 por no", se sinceró un legislador peronista bonaerense.
Y juró que Eduardo Duhalde no tiene nada que ver con el proyecto lavagnista: "al negro lo ven mucho más seguido los que se pasaron con Kirchner que nosotros, sobre todo desde que se mudó a Guernica al mismo country en el que vive Mabel Muller".
Del grupo "El General", que comandan Eduardo Camaño, Juan José Alvarez, Jorge Sarghini y Francisco de Narváez, el nexo natural con Lavagna es el ex secretario de Hacienda, con quien el ex ministro de Economía dialoga casi cotidianamente.
Lavagna siempre supo que contaba con el apoyo de este grupo peronista no kircherista, a tal punto que el mismo día en que Kirchner le pidió la renuncia al Ministerio de Economía recibió varios llamados telefónicos de este sector a su domicilio.
"De ese Lavagna que echó Kirchner al que escuchamos el otro día en el Sheraton hay un salto cualitativo muy grande respecto de su proyección política", comentó el legislador, pero enseguida advirtió que el ex ministro "todavía no tomó una decisión final".
No obstante, en el Gobierno ya adaptaron el discurso ante el cimbronazo que provocó la irrupción de Lavagna. El propio Kirchner salió a ponderar con moderación el rumbo de la economía luego de que el ex ministro asegurara que el Gobierno dio "un giro a la izquierda".
Paralelamente, el jefe de Estado dio luz verde a varios gobernadores aliados para intentar la reelección. El tucumano José Alperovich, el jujeño Eduardo Fellner, el entrerriano Jorge Busti y en los últimos días el bonaerense Felipe Solá se sumaron a esta movida política.
Mauricio Macri y Elisa Carrió, por su lado, ya lanzaron sus candidaturas presidenciales, un año y medio antes de las elecciones previstas para el cuarto domingo de octubre de 2007. Los tiempos políticos se aceleraron, al amparo de la protección que brinda el "planeta fútbol".



